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La presión por el COVID-19 vuelve a China

China, en los próximos días, tiene previsto contabilizar a un número indeterminado de asintomáticos como infectados del nuevo coronavirus.

01 DE abril DE 2020. 06:23H Alberto J. Lebrón (Pekín)

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Las cifras oficiales, con alrededor de tres mil trescientos fallecidos, no son creíbles dado el impacto del virus en otros países como España e Italia. Para algunos medios independientes, como Caixin, solamente los fallecidos en Wuhan, primer epicentro del brote, podrían ascender a cuarenta mil. Se basan, sobre todo, en un número inusualmente elevado de urnas funerarias vendidas durante esas fechas. Si el virus estuvo circulando sin control desde diciembre, señalan los analistas consultados por DIRIGENTES, “habrán muerto muchas más personas”. Y esto, además de una prevención insuficiente, ha agravado la crisis sanitaria en EE.UU. o la UE.

Según Reino Unido, China habría subestimado sus cifras por un factor 80, lo cual podría terminar afectando a las relaciones bilaterales entre estos dos países. La china Huawei, conviene recordarlo, ha obtenido una concesión para el desarrollo de las redes 5G en suelo británico. Sin embargo, si Londres se considera defraudada con las cifras ofrecidas desde China, una variable esencial para haber valorado adecuadamente la amenaza del COVID-19, podría incluso cancelar estos contratos relativos al desarrollo futuro del 5G. Los británicos, por cierto, estiman que otro país, España, tiene siete millones de contagiados en este momento, los cuales no estarían diagnosticados.

Según la canciller alemana, Angela Merkel, el nuevo coronavirus COVID-19 “afectará al 70% de la población”. Para su asesor en esta crisis, el epidemiólogo Lothar Wieler, China tampoco lo podrá erradicar del todo pese a las medidas extremas decretadas hasta ahora. Es decir, el virus seguirá entre nosotros durante los próximos meses, también en China. La noticia menos mala, según los datos disponibles, es que cuatro de cada cinco casos podrían acabar siendo leves o asintomáticos. Muchos de estos últimos, al no existir recursos suficientes, nunca serán diagnosticados. Sin embargo, los demás casos van a necesitar atención médica, de una u otra forma. Y, por último, la mortalidad derivada de esta nueva enfermedad se calcula alrededor del 3%. El resultado final derivado de estos cálculos es, evidentemente, desolador. China, donde esta misma estimación situaría los infectados sobre unos mil millones, ha tomado medidas drásticas orientadas a no saturar su sistema sanitario (como sucedió en Wuhan). El objetivo de las mismas, básicamente, ha sido distribuir los casos a lo largo del tiempo mientras los científicos intentan desarrollar una nueva vacuna. Pero, en tan sólo unos meses, los costes económicos de esta contención han sido notables.

Las exportaciones chinas de enero-febrero se han hundido un 18%. Las ventas minoristas lo han hecho todavía más: un 20,5%. El paro ha repuntado más de dos puntos porcentuales en estas semanas (6,2%). Y el PIB del primer trimestre, a falta de los datos definitivos, podría desplomarse hasta niveles mínimos históricos. El crecimiento del consumo se va a reducir hasta casi la mitad este año (+3,4%). Y solamente una inversión masiva en infraestructuras, unos 250 mil millones de dólares este año, va a liderar la contribución al PIB. Sin embargo, lamentablemente, el COVID- 19 podría volver a atacar, también en China, durante lo que resta de 2020.

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