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La profecía incumplida del colapso económico en China

Pese al exceso de inversión sobre algunas industrias, o la denominada “represión financiera”, solamente el gigante asiático ha conseguido seguir creciendo a pesar del COVID-19

04 DE julio DE 2022. 08:27H Alberto J. Lebrón (Pekín)

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Gordon Chang publicó un libro, en 2001, que tenía por título El inminente colapso de China. Chang, en esta obra, venía a decir que el sector estatal chino estaba sobredimensionado. Y que el sistema bancario colapsaría como consecuencia del endeudamiento de estas empresas públicas ineficientes. Un endeudamiento infravalorado, además, como consecuencia del shadow-banking, o banca opaca, con enormes deudas escondidas fuera de los balances contables. Todo esto, según Chang, iba a estallar antes de 2011.

La falacia del "omnipresente" sector estaval chino

El sector estatal chino, en términos relativos, ha ido reduciendo su tamaño gradualmente. En 2010, las empresas estatales eran un 8% del total, descendiendo durante toda esa década hasta el 3%. Las empresas privadas chinas son, actualmente, 9 de cada 10. Las firmas privadas con capital extranjero, además, crecieron un 13% en ese periodo. Y dos terceras partes del empleo se corresponde con el sector privado de la economía.

Por tanto, el sector público chino no puede ser considerado “omnipresente”, como pretenden hacer ver los profetas del colapso económico en China. Las empresas estatales chinas, sin embargo, sí han gozado tradicionalmente de un acceso preferente al crédito. En 2007, pese a aportar solamente un 34% del valor añadido, o un 26% del empleo total, su capitalización era equivalente a la del sector privado. Pero, al contrario de lo afirmado por Chang, el sector privado ha incrementado significativamente su acceso a la financiación desde 1998, del 20,7% al 50,5% en 2007. Es decir, lejos de tener un sector estatal omnipresente, el gobierno jamás ha descuidado su apuesta por la industria privada en China.

La falacia del colaps obancario chino

Los bancos son el principal pilar del sistema financiero en China. De toda la financiación canalizada hacia los agentes económicos, desde 2002 hasta 2018, un 81% del dinero fue prestado por bancos chinos. El peso de otros mercados financieros, como bonos o acciones, es todavía relativamente menor en comparación con Estados Unidos. Por tanto, gran parte del riesgo asumido por el tejido empresarial chino lo corren los bancos, muchas veces mediante créditos de dudoso cobro o “non-performing loans” (NPL). Pero, a diferencia de lo pronosticado por Chang, tampoco ha habido en estas dos últimas décadas un nivel excesivo de estos créditos dudosos en China.

En 2011, cuando se suponía que la economía china debía colapsar, apenas sumaban el 1% del total. Otro error recurrente de las teorías del colapso económico del país fue, básicamente, que la inversión canalizada desde los bancos durante todos estos años ha sido, por lo general, rentable. Y que la banca estatal, además, ha estado respaldada en todo momento por un país netamente acreedor con el resto del mundo como es China.

La falacia del Shadow Banking 

Los jinetes del apocalipsis económico chino, señalado todo lo anterior, no tuvieron otro remedio que recurrir a un último mantra: la aparente salud de los bancos chinos no sería real, más al contrario, todas sus deudas estarían escondidas u ocultas en otros balances paralelos, opacos e invisibles para el regulador. Esta actividad, bastante común entre la banca internacional, recibe el nombre de shadow banking. Y consiste, básicamente, en anotar algunos créditos de alto riesgo fuera del balance oficial de los bancos para ensanchar el negocio bancario sin cortapisa ninguna por parte de las autoridades reguladoras. Sin embargo, según datos del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), China tenía un “shadow banking” infinitamente menor que otros países como EE.UU. nada más estallar la crisis financiera internacional de 2008.

La teoría hoy

Nunca hubo un omnipresente sector estatal ineficiente fuertemente endeudado con la banca china que, además, ocultaba montañas de créditos impagables a través del “shadow- banking”. La teoría del colapso económico en China es una falacia. Sin embargo, algunos han seguido dando pábulo a estos disparates económicos o similares hasta la actualidad. Que si economía zombie, por un lado, debido a la elevada deuda corporativa acumulada en China. Se olvida, sin embargo que, además de estar menguando en proporción al PIB, las empresas estatales chinas siguen siendo rentables. Han multiplicado cuarenta veces sus beneficios desde 1998.

Y las empresas privadas, partiendo de una posición relativamente inferior, han acumulado incluso más ganancias durante estas últimas dos décadas. Los préstamos dudosos del sector bancario, que financia cuatro quintas partes de toda la economía, apenas superan el 2%. Y si el “shadow-banking” pudiera generar alguna duda, como manifestó la teoría fallida del colapso económico en China, los activos chinos fuera de balance siguen sin superar a EE.UU. cuando se miden sobre su PIB.

China tiene muchos retos por delante, como sostener una población que envejece rápidamente, o acumular capital para no fiar casi todo su crecimiento a la mano de obra barata. Pero tanto antes, como ahora, la probabilidad de un colapso económico en China es aproximadamente igual a 0.

El colapso del sector inmobiliario 

La inmobiliaria más grande de China, Evergrande, está en default restringido. Es decir, sigue operando, pero no puede hacer frente a sus obligaciones de deuda. Evergrande tiene una deuda total cercana a los 400 mil millones de dólares. La mitad son viviendas sin entregar. Y un tercio de todo lo adeudado son pagos pendientes a proveedores. Ahora bien ¿Es Evergrande un nuevo “Momento Lehman” (como han publicado numerosos medios de comunicación internacionales)? Una posible quiebra de Evergrande solamente causaría 50 mil millones de dólares en pérdidas para el sector bancario. Esto es solamente un 1,3% del crédito total.

En EE.UU., sin embargo, las pérdidas del sector bancario fueron nueve veces superiores. Además, todas las pérdidas potenciales, o la deuda total del sector inmobiliario chino, son conocidas: un 19% del PIB. En EE.UU., sin embargo, había 14 billones de dólares en subprimes repartidas por todo el sistema financiero estadounidense e internacional. Y la pregunta, durante todo 2008, era: ¿Cuánto dinero, de esos 14 billones de dólares, acabarían convirtiéndose finalmente en pérdidas? Esa desconfianza congeló el crédito en EE.UU., causando enormes daños colaterales sobre la economía. Pero la deuda del sector inmobiliario chino, como Evergrande, no afecta al sector financiero. Y esto, a diferencia del “Momento Lehman”, no representa un riesgo sistémico para la economía.

En 2008, además, EE.UU. acumulaba una deuda neta con el resto del mundo equivalente al 27,1% del PIB. China, sin embargo, cerró 2021 siendo un país acreedor neto con el resto del mundo. Es decir, si el “Momento Lehman” fue una crisis de deuda, en naciones ahorradoras como China no puede tener lugar. Y, por último, Evergrande apenas debe 6.000 millones de dólares a cuatro grandes bancos extranjeros. Las pérdidas globales derivadas del “Momento Lehman”, en la banca internacional, sumaron 475.000 millones de dólares. Evergrande, por tanto, es bastante posible que desaparezca, pero será una desaparición con sordina. Y, ni mucho menos, es razonable referirse a esto como un nuevo “Momento Lehman”.

Noticia actualizada: 04-07-2022 08:27

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