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Bruselas dispara pragmatismo contra la hidra extremista

El enemigo está dentro de la UE y se llama populismo de extrema derecha

13 DE septiembre DE 2018. 09:57H Xandre Mato (Bruselas)

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Diez años después de la quiebra de Lehman Brothers es la hora de la soberanía. La economía queda en un segundo plano como eje político en la UE porque el desafío no llega desde los mercados en forma de prima de riesgo o de debilidades bancarias. El enemigo está dentro de la UE y se llama populismo de extrema derecha.

Hubo unos meses, hace un año, que pareció derrotado. Pincharon los globos del xenófobo Geert Wilders y de la euroescéptica Marine Le Pen en las elecciones neerlandesas y francesas. Europa encontró en Emmanuel Macron a su caballero blanco, un nuevo presidente galo capaz de derrotar al Frente Nacional con la bandera de la UE a su espalda y bajo el ‘Himno de la Alegría’.

La hidra perdió dos cabezas y surgieron cuatro, tres nuevas y una latente. En Austria hubo un vuelco al imponerse el joven Sebastián Kurz, abanderado del ala conservadora del Partido Popular Austríaco, quien escogió como socio de gobierno a la extrema derecha. En Italia, el euroescéptico Movimiento 5 Estrellas y la derechista Liga [Norte] obtuvieron el 50% de los votos y formaron coalición. Los Demócratas Suecos, un partido xenófobo que consiguió sus primeros escaños en 2010, han escalado a la tercera posición en las recientes elecciones de ese país. Y el virus latente que acaba de mostrar todo su peligro es Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, a punto de ser suspendido del PP Europeo junto a su partido Fidesz por convertir al país “en una amenaza sistémica a los valores fundacionales de la UE”. El Consejo Europeo discutirá si sancionar a Hungría tras la petición del Europarlamento para activar el artículo 7 del Tratado de Lisboa.

Fin de la tecnocracia económica, vuelve la política

Las cuatro cabezas de esta hidra extremista cuentan con las dos derrotadas, porque siguen vivas, y con otras que surgen por todo el continente: las últimas encuestas sitúan a los neonazis de AfD como segunda fuerza en Alemania y en Polonia los conservadores del PIS han casi intervenido el poder judicial. Durante la crisis económica realizaron un trabajo de base entre desempleados, pensionistas con menor poder adquisitivo, trabajadores afectados por los cierres industriales o familias sin prestaciones sociales. Ahora preparan su asalto conjunto en las elecciones europeas del próximo mayo. Su palanca es el discurso antimigratorio.

Bruselas ya no puede jugar a ser un tecnócrata, la amenaza es existencial. El propio líder del PP europeo, Manfred Weber, tras romper con Orbán este miércoles, explicó que “nuestros valores no son negociables” en referencia a la separación de poderes o la libertad de expresión, amenazadas en Hungría. Lo reconoce en privado un alto diplomático europeo, “las cosas están muy mal, peor que en la crisis del euro”.

Así que la Comisión Europea ha lanzado su última batería de medidas y de retórica para restar argumentos a los críticos con la UE y ofrecer respuestas concretas a la ciudadanía. Si Hungría, Polonia o Austria rechazan aceptar migrantes llegados a las costas mediterráneas, Europa debe dotarse de una guardia costera con 10.000 efectivos que protejan las fronteras exteriores. Si Le Pen desde Francia intenta recuperar la grandeur gala, la UE “debe actuar con unidad para imponerse a los demás”, como un solo bloque capaz de contrarrestar a los Estados Unidos de Donald Trump. Para romper con el bloqueo político en el Consejo, donde están encalladas importantes medidas como la equiparación del IVA para publicaciones online e impresas o la Garantía Común de Depósitos Bancarios, Bruselas pide eliminar el principio de aprobación por unanimidad entre los gobiernos. Y frente a los brexiters que buscan atraer a polacos y húngaros apelando a su soberanía atacada por Bruselas, Jean Claude Juncker, presidente de la Comisión, apela a “la soberanía europea, procedente de la soberanía nacional de los Estados miembros, que no sustituye lo que hacen las capitales”.

Un continente magullado

La UE encadena 21 trimestres consecutivos de crecimiento y en los últimos 4 años ha creado doce millones de puestos de trabajo, tantos como la población de Bélgica, pero las heridas de la crisis son profundas y están en todos los rincones del continente. En países como Grecia el desempleo afecta casi a un 40% de los trabajadores entre 15 y 24 años pese a la fuga de casi 400.000 jóvenes cerebros. En toda la UE más de 100 millones de personas viven en la pobreza o bajo riesgo de exclusión social.

A nivel macro el optimismo de la Comisión muestra importantes claroscuros. Tras aplicar ingentes dosis de austeridad y reformas, las finanzas públicas siguen sin ser tan robustas. Italia superará el 2% de déficit este año, el de Francia se disparará por encima del 2,5% y casi rozará en 2019 el límite del 3% del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Ambos países no cumplirán sus promesas con Bruselas y se unen a España, con el mayor déficit de la eurozona. El margen de maniobra es escaso si empeora la desaceleración económica del continente o surgen nuevas tensiones en países emergentes.

Lo perciben los ciudadanos. En el último barómetro europeo, una encuesta entre casi 28.000 ciudadanos, apareció la realidad con toda su crudeza. Un 42% de los encuestados cree que “las cosas van en la dirección incorrecta” en la UE frente a un 32% que opina lo contrario. Es el caldo de cultivo perfecto para que la hidra extremista escupa su veneno de aquí a mayo.

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