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Cuidar los bosques es un buen negocio

La madera como bien sostenible gana importancia en la lucha contra el cambio climático. En este contexto la agricultura y la construcción tienen que cambiar radicalmente.

11 DE mayo DE 2021. 08:11H Stefanie Claudia Müller

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El ingeniero francés Benoît Jobbé-Duval ha sido empresario y ejecutivo durante muchos años. Ahora lucha contra el uso ilegal de la madera en el marco de la "Association Technique Internationale des Bois Tropicaux" (ATIBT) la cual preside. ATIBT denuncia, sobre todo, las talas ilegales y promociona sellos de calidad que garantizan la compra de madera sostenible: “Para evitar el negocio ilegal hay que darle un valor real a la madera y a los bosques.” Boston Consulting Group (BCG) lo ha hecho. Según ellos el valor actual de los bosques mundiales oscila entre los 50 y los 150 billones de dólares. Para BCG son principalmente cinco amenazas las causantes de la destrucción del valor de los bosques y con ello también el de la madera: el cambio en el uso de la tierra, incluida su conversión para usos agrícolas, el aumento de las temperaturas globales, la tala no sostenible de árboles, perturbaciones abióticas tales como incendios forestales y alteraciones bióticas tales como la propagación de plagas y enfermedades. “Los bosques tropicales en América Latina no se destrozan para usar la tierra para cultivar otra cosa más rentable como hemos visto en el caso de Brasil”, dice Jobbé-Duval.

La masa forestal en Europa crece

Sin embargo, es muy buena noticia que la masa forestal en Europa esté en crecimiento actualmente porque la gestión es ya sostenible. “Hay que volver a lo que era habitual hace 50 años o más cuando España era un productor de madera importante”, recuerda el economista Javier Morillas. Estamos ante el logro de que las talas en Europa son en gran medida ya sostenibles, lo que quiere decir que se plantan dos árboles nuevos por un árbol talado. “Tenemos el conocimiento para enseñar a otros cómo hacerlo pero para ello hay que fomentar de nuevo una economía sostenible alrededor de los bosques”, dice Jobbé-Duval. También entre algunos activistas ecologistas se promociona ya el regreso al uso de la madera. El estudiante de ingeniería forestal, Álvaro Alexander Bernat Müller, forma parte de un grupo creciente de ingenieros de montes que está a favor de promocionar la construcción de viviendas con madera: “Si se observa todo el ciclo de construcción y su consumo energético, la madera es mucho mejor material que el cemento y el ladrillo”.

Para salvar los bosques el hispano-alemán de 22 años está también a favor de una agricultura vegana para no “robar tierras al bosque y malgastar energía”. Además, él cree que es triste que la carpintería en España ya no sea tan artesanal como antes. Mientras, en España hay 18 millones de hectáreas arboladas, dejando a la nación en el tercer puesto en toda Europa, estando Suecia y Finlandia por delante. De los bosques españoles solo se extraen 17 millones de metros cúbicos de madera. “Una cantidad 3 veces menor que en Alemania”, dice Jubbé-Duval. Para él, una manera económicamente interesante de cuidar el bosque español es volver a la industria del corcho para promocionar el alcornoque: “El vino está mejor con un corcho de verdad que con uno de plástico. El negocio del corcho ha perdido valor en los últimos años pero es, sin duda, una manera muy buena para dar valor a los árboles y al alcornoque en concreto que, por cierto, es mi árbol favorito”, dice el francés.

La madera sirve para construir

Para usar la madera para la construcción hay ya múltiples tratamientos a los que se puede someter el material para circunstancias poco favorables, siendo el más popular el termotratado, cuenta Bernat Müller: “Es un proceso relativamente simple y no requiere la utilización de componentes químicos nocivos. En esencia consiste en elevar la temperatura de la madera hasta el punto en el que se producen cambios en la estructura interna de la misma para que se consiga mayor rigidez, mejor protección térmica, y para que se alargue la vida útil del material.” Para la monja española Regina, que trabaja en un proyecto solidario en Senegal, la madera también es un bien valioso para frenar la fuga de jóvenes de los países africanos a Europa: “En mi barrio cerca de Dakar estamos ahora construyendo un taller para que los hombres jóvenes aprendan otra vez trabajar la madera y así tener una fuente de ingresos.” Etelvina Casado, como se llama en su pasaporte español, está buscando actualmente a empresas que la apoyen en su proyecto de un centro de formación profesional.

La mujer de 80 años, que vive desde hace más de 20 años en Senegal, quiere ayudar a un país que ahora mismo es, después de Marruecos, el que más migración clandestina hacia España registra en África: “Esto es malo para todo el mundo, sobre todo porque en Europa a estos jóvenes les espera a veces lejos de su familia una situación peor que en su propio país arriesgando su vida en el trayecto”.

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