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La duda de von der Leyen, ¿préstamos o transferencias?

La Comisión Europea presenta su plan ante la expectación de España, que tiene una necesidad de financiación de 100.000 millones de euros

27 DE mayo DE 2020. 08:30H Mario Talavera

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La cifra que ha desvelado la Comisión Europea para hacer frente a la crisis económica, como mínimo, iguala las exigencias de gran parte de los gobiernos europeos. Úrsula von der Leyen ha hecho público en el Parlamento Europeo que la Comisión que preside propone un plan de 750.000 millones de euros, de los cuales 500.000 se transferirán en forma de subvenciones, como sugirieron Francia y Alemania, mientras que el resto se distribuirán como préstamos.

De ese modo, los presupuestos europeos, que alcanzaban en torno al 1,1% del PIB del conjunto de la UE, ascienden ahora al 2% para un esfuerzo fiscal que se prolongará hasta 2028. El Gobierno español ha acogido positivamente el paquete financiero anunciado por von der Leyen que, además, "recoge muchas de las demandas que se han planteado desde España", según fuentes del Ejecutivo. Entre ellas, se encuentra la mutualización de la deuda, que servirá para financiar el programa de ayudas, es decir, los 750.000 millones de euros.

Tal y como adelanta la prensa digital, España recibiría 77.000 millones de euros del medio billón que se proporcionará a fondo perdido, mientras que le corresponderían otros 63.000 millones de euros de los préstamos. Sin embargo, el plan aún no es firme. Requiere de la aprobación del Consejo Europeo, compuesto por los primeros ministros de la Unión, por lo que España espera que se produzca un acuerdo lo antes posible.

España solicita solidaridad a sus socios

Cabe pensar que si el Gobierno de España agitó las negociaciones sobre la recuperación europea es porque necesita acudir a los fondos que dispongan los organismos comunitarios. Después de eso, la voz del ejecutivo español se ha escuchado menos en el Viejo Continente en las últimas semanas. Sin embargo, se puede anotar un tanto, a pesar de que la propuesta de la Comisión Europea aún es desconocida.

“Hace unos meses el debate sobre transferencias no existía”, afirman a DIRIGENTES fuentes gubernamentales. Lo mismo sucede con los llamados “coronabonos” que, aunque partían con un respaldo destacable, recibieron el rechazo de los países del norte. La situación actual es que la Comisión Europea recibió con buenos ojos la idea franco-alemana de crear un fondo de transferencias dotado de 500.000 millones de euros. Para financiarlo, la Comisión Europea emitiría deuda en nombre de todos los países de la Unión. En esencia, la propuesta se parece mucho a la que realizaron España, Italia y Francia, entre otros.

Desde el Gobierno se explica que tanto los países que formulan este planteamiento como la cantidad del fondo son muy relevantes. No obstante, España no prestaría tanto apoyo a este tipo de proposiciones si no fuera porque la situación de sus arcas públicas es precaria. La propia vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, expresó hace unos días que las necesidades de financiación adicionales de la administración española ascienden a 100.000 millones de euros.

Desde Moncloa se ha exigido una respuesta muy ambiciosa, dado que es una “crisis que va alcanzando a todos los países”. Calviño afirma que la propuesta anunciada por Angela Merkel y Emmanuel Macron es “un paso adelante muy importante”. Aun así, la vicepresidenta la califica como “un primer paso” para el plan de reconstrucción que anunciará la presidenta de la Comisión, Úrsula von der Leyen, en las próximas horas.

Ya se ha anunciado que España acudirá al SURE, un mecanismo ideado para hacer frente al desempleo, y del que solicitará 15.000 millones de euros. También se espera una respuesta ambiciosa del Banco Europeo de Inversiones (BEI), que condiciona la utilización de sus préstamos para medidas concretas. En total, el BEI pondría a disposición de empresas 25.000 millones de euros a través de avales públicos, al estilo de los puestos en marcha en España. Por otro lado, el recurso a la línea precautoria del MEDE está ligado a las necesidades de cada país en materia sanitaria, tal y como expuso recientemente el Ejecutivo comunitario. En todo caso, acudir o no a cada uno de los mecanismos dependerá de las condiciones finales que anuncie la Comisión y aprueben los líderes europeos.


Von der Leyen ha optado por tomar en cuenta las consideraciones de los países más afectados. El Comité Económico y Social Europeo (CESE) ha reiterado en varias ocasiones que la hoja de ruta debe incluir “un aumento significativo del presupuesto para hacer frente a la crisis, la emisión de bonos europeos, una relajación de la austeridad presupuestaria y medidas de acompañamiento para evitar mayores desigualdades o un retroceso en temas medioambientales o sociales”, según explican a este medio.

Sin embargo, el Banco de España, en una publicación en la que reflexiona sobre el diseño del Fondo de Recuperación Europeo, estima que la dotación del mismo debería oscilar entre 1 y 1,5 billones de euros, entre el doble y el triple de las propuestas actuales. Asimismo, el organismo supervisor español detalla que la probabilidad de enfrentar una nueva crisis de deuda se debe a la pandemia y no a “malas políticas” y a “comportamientos estratégicos adversos”.

La polémica con los frugales

La dificultad para von der Leyen reside en presentar unas herramientas que alcancen el mayor consenso posible. Mientras que Alemania ha cedido en sus pretensiones iniciales de no mutualizar deuda, Austria, Países Bajos, Suecia y Dinamarca se mantienen y rechazan las condiciones de Macron y Merkel. Estos países, autodenominados “frugales”, también proponen fondos europeos que lleguen a los países más afectados. La diferencia está en la forma: prefieren préstamos en lugar de transferencias o subvenciones.

Defienden la concesión de “préstamos por préstamos”, en la medida en que la crisis ha tenido un importante impacto en la economía europea. “Con lo que no podemos estar de acuerdo es con cualquier instrumento o medida que lleve a una mutualización de la deuda ni a incrementos significativos del presupuesto de la Unión Europea”, recoge el documento oficioso de los cuatro países europeos.

Alemania y Francia establecieron que para acceder a las transferencias es necesario establecer un “claro compromiso” para realizar “políticas económicas sólidas y una ambiciosa agenda de reformas”. Enfrente, los frugales hablan de que “un compromiso fuerte con las reformas y el marco presupuestario es esencial para promover el crecimiento potencial”.

Desde las instituciones europeas se ha mostrado desde el principio un mayor apoyo a las manifestaciones franco-alemanas que a las de Austria, Dinamarca, Suecia y Países Bajos. El presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, cree que “la propuesta franco-alemana sería un gran paso hacia una unión fiscal y hacia una unión monetaria”. Mientras, David Sassoli, presidente del Parlamento Europeo, ha afeado las declaraciones de los frugales. Además, en una entrevista en El Periódico, explicaba que espera algo más que los 500.000 millones de euros propuestos. De ese modo, Sassoli centra el debate en la concesión de préstamos o transferencias. Desde su punto de vista, la financiación por medio de créditos agudizaría los problemas de deuda de países como España.

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