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Europa enfrenta su enésima encrucijada ante el descrédito social

La crisis del COVID-19 pone a prueba una vez más los principios fundacionales de la Unión Europea

12 DE abril DE 2020. 08:00H Mario Talavera

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Si la Unión Europea no acaba de asentarse en los corazones de los ciudadanos europeos no es porque tenga poca acción. Desde diferentes ámbitos se incide en la dificultad de comunicar esa acción de la Unión Europea y su influencia en el día a día de la sociedad, sobre todo cuando alrededor del 9% de la regulación que existe en cada país procede de las instituciones europeas. Sobre eso y más cosas se debatió durante el último Seminario de los Medios de Comunicación de la Sociedad Civil en el que DIRIGENTES estuvo presente.

“No hay nada más racional que debatir sobre lo pasional”. Esta lúcida sentencia es de la estudiante de comunicación Stella Giménez, y puede servir para ilustrar lo que está ocurriendo en Europa en los últimos años. Unas instituciones que tratan de explicar desde la racionalidad y la serenidad su acción y sus principios, frente a una sociedad guiada por sus pasiones.

En torno a ese tópico giró el evento que organizó el Comité Económico y Social Europeo con la colaboración de la Universidad de Málaga, al que asistieron representantes de medios, instituciones europeas y la educación. Dado que el centro del seminario eran los medios, la comunicación alcanzó una gran relevancia en los distintos debates. Y la característica principal de todas las mesas redondas fue precisamente la pasión. Los ponentes acabaron enzarzados entre sí en una apasionada discusión, y también con los asistentes, acerca de la convulsa situación que vive la Unión Europea.

La decana de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga, Inma Postigo, dio una de las claves que explican la inestabilidad actual del proyecto europeo. “Estamos viviendo un momento de involución porque nos están ganando el relato los discursos de odio”, dijo Postigo a DIRIGENTES. Ese razonamiento abre distintos frentes. El primero tiene que ver con la propia comunicación por parte de Europa.

Inma Postigo, decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Málaga. Foto: CESE

“Nos falta construir un relato de qué es Europa”, reflexiona Postigo. Por ello una de las cosas que cambiaría esta decana es el foco de la Unión Europea en sus valores. “Quizás lo que ha fallado es que Europa es una unión monetaria y no se ha incidido en el resto de aspectos”, considera Postigo. Por ello, en su opinión se deben “fomentar esos valores comunes de respeto a los Derechos Humanos y de solidaridad: eso es lo que ayuda a construir y a vertebrar nuestra sociedad”.

En ello coincide la experta en comunicación Verónica Fumanal. Frente a unos países centrados en “debates del siglo pasado”, Europa tiene la oportunidad de abordar “de forma profunda debates del siglo XXI”. La apertura de estos debates “pueden servir para reconstruir el relato de porqué es necesaria”.

A la UE le falta su propio relato

Desde el punto de vista de Fumanal, es un error “utilizar la comunicación en términos de beneficio”, esto es, explicar a los ciudadanos los beneficios de estar en la Unión Europea. Al contrario, asegura que sería más útil acercar el proyecto europeo a través de la educación y también de los medios, y no tanto desde discursos institucionales “con lenguaje poco entendible”. No obstante, la comunicación aporta nuevas formas de transmitir un mensaje o un relato, como dice esta experta.

Verónica Fumanal, experta en comunicación política. Foto: CESE

“¿Por qué no tener una televisión a nivel europeo, o series que enseñen la historia de la Unión Europea”, propone Fumanal. “Si hay contenidos atractivos, por supuesto que los ciudadanos las verían”, avanza, “lo que seguramente no verían es un documental de cinco horas sobre cómo se construyó la UE con discursos, discursos y más discursos”, analiza. Así, Fumanal incide en la necesidad de convertir el proyecto comunitario en un ente cercano y fácil de entender desde el punto de vista emocional, como también lo es el miedo que utilizan los distintos partidos eurófobos del continente.

Otra de las cuestiones que centraron el debate refiere al funcionamiento de las instituciones europeas. La directora de la oficina del Parlamento Europeo en Madrid, María Andrés, afirma a este medio que la desventaja con la que cuenta es la complejidad de las propias instituciones. Utiliza el ejemplo del proceso conocido como 'Spitzenkandidaten', en el que cada familia política europea presenta su candidato a presidir la Comisión Europea y, en función de los resultados, se elige de forma automática al nuevo dirigente. 

Sin embargo, las últimas elecciones han puesto en evidencia que dicho proceso no se ha cumplido, a pesar de que la persona elegida, Úrsula von der Leyen, es del mismo partido y del mismo país que el candidato electo, Manfred Weber. “Hay un cambio de cara y eso no nos gusta, francamente”, comenta Andrés y continúa: “Es una decepción ver que no conseguíamos que se respetara ese compromiso porque creo que los símbolos cuentan y mucho”. Y concluye que “los ciudadanos necesitan ganar confianza en la clase política y las instituciones”.

En último término, el hecho de que Europa aparezca hoy más fragmentada que hace diez años se debe, según la directora del Parlamento en España, a que “los gobiernos nacionales, ante la crisis de inmigración y económica, se han mirado demasiado el ombligo”. La consecuencia es que se ha dejado de lado una de las ideas básicas de lo que significa la comunidad europea y es que “es un proyecto de solidaridad”.

La colaboración aparece como una de las ideas principales en la discusión. La periodista española Mar Cabra, del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, explicó que el trabajo conjunto de 400 periodistas ayudó a sacar a la luz las artimañas fiscales de numerosas empresas y grandes fortunas, en una investigación que se conoció como “Los Papeles de Panamá”. En ese sentido, Cabra asegura que la Unión Europea debería tomar ejemplo y que los países que la conforman deben compartir su información con toda la transparencia posible, lo que repercutiría en su propio beneficio.

María Andrés, responsable de la Oficina del Parlamento Europeo en Madrid. Foto: CESE

La responsabilidad de los medios

No obstante, no es un asunto en el que los gobiernos tengan responsabilidad exclusiva, también los medios han jugado un papel en ese proceso. Para la periodista griega Elina Makri, existe un problema sistémico en el periodismo europeo, y es que los medios tienen un foco exclusivamente local.

“No hay medios transnacionales, no han tratado de contextualizar la situación del resto de países”, dice con respecto a la incertidumbre vivida por Europa en los peores años de la crisis. “No existe una vocación internacionalista”, dice Fumanal, y de hecho la sección internacional “suele ser de las últimas” en los diarios.

Esa perspectiva local provoca que no se profundice en la información que llega del exterior, y se hace un análisis mínimo o se alude a lo superficial de los asuntos. “No hay que convertirlo todo en un escándalo”, defiende Makri. Así, acusó a los medios alemanes de simplificar los problemas económicos griegos en el momento del rescate.

El periodista polaco Maciej Zakrocki señaló que la rapidez que se exige a los periodistas a la hora de publicar noticias no es compatible con la comprobación y con el contraste de los datos. Esa misma visión la comparten tanto Fumanal como Postigo, que creen que resulta fundamental que los profesionales cuenten con unas condiciones dignas lo que, a su vez, repercuta en que la información publicada sea de calidad.

En ese sentido, Fumanal comenta que los medios deben recuperar un papel editorializante, que consista en destapar las mentiras de los políticos. Zakrocki razonó que, sin ese contraste de los datos, repetir unas declaraciones políticas falsas también significa mentir. “Los políticos a veces olvidan que forman parte del gobierno”, explicó el periodista polaco, acerca de las quejas que dirigen al exterior.

Según Postigo, un claro ejemplo de esa tendencia es el argumento recurrente de que los recortes y los problemas no son responsabilidad de estos políticos populistas, sino que son los de fuera quienes han creado ese problema. En ese sentido, afirma que el papel de los reporteros es retratar a dichos representantes políticos, poniendo en evidencia que las soluciones a los problemas que señalan están en sus propias manos. 

En una línea similar, la reportera griega Makri señala a los medios como responsables de difundir informaciones incorrectas o que no intentaban aportar luz sobre la verdad. Al contrario, afirma que en muchos casos “tuvieron la iniciativa” al crear noticias negativas falsas y al malinterpretar intencionadamente las palabras de los políticos.

Esa falta de celo de los medios, así como los ataques del populismo han desembocado en una “crisis de credibilidad”, tal como la define Verónica Fumanal. La solución pasa, según Inma Postigo, por ofrecer calidad, que “es lo que la gente va a premiar y demandar”, a pesar de que se busque el tránsito del click con noticias o titulares que en ocasiones “no se corresponden con la verdad”.

Para Fumanal la calidad también es la respuesta. Apuesta por “una tarea de fact-checking, editorializante, de saber qué es verdad y qué no”. Sin embargo, lamenta que la velocidad para buscar las visitas sitúa en la disyuntiva de buscar “calidad y contraste de fuentes, o tener rapidez”. En ese sentido, cree que los medios “se asentarán en un modelo más sosegado que prime la calidad sobre la rapidez”.

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