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Europa se desliza por una peligrosa ralentización

Los últimos datos de inflación apuntalan la necesidad de esta intervención del Banco Central Europeo sobre los tipos de interés

06 DE octubre DE 2019. 00:00H Xandre Mato (Bruselas)

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“Las probabilidades de una recesión económica en la eurozona están aumentando rápidamente”. Los economistas de Oxford Economics lanzan la alerta que evitan desde hace meses los políticos europeos mientras hablan de una ralentización superior a lo esperado o de crecientes riesgos bajistas.

El BCE viene de rebajar sus previsiones de crecimiento para la eurozona. En una décima hasta el 1,1% la de este año y en dos décimas la del próximo año, situando la expansión sólo en el 1,2%. Su todavía presidente, el italiano Mario Draghi, justifica ante el Parlamento Europeo el nuevo QE lanzado por la institución monetaria precisamente debido a este preocupante entorno económico.

Era “esencial una respuesta fuerte en nuestra política monetaria”, explicó Draghi a los eurodiputados porque “cuando el Consejo de Gobierno se reunió se enfrentó con una ralentización más rápida y larga, riesgos bajos persistentes y predominantes en las previsiones de crecimiento y un retraso aún mayor de la inflación hacia nuestro objetivo”.

Los últimos datos de inflación apuntalan la necesidad de esta intervención. Los precios cayeron al 0,9% interanual en septiembre, principalmente por una aportación negativa de casi dos puntos de la energía. Hay problemas de fondo: la inflación subyacente está en valores similares, países como Chipre o Portugal ya experimentan un retroceso interanual de precios mientras que Italia, Grecia o España coquetean también con esa deflación, según los datos de Eurostat.

“Seguro que los precios de la energía posiblemente impulsarán la inflación en los próximos meses, pero eso no resultará en un movimiento sostenible hacia el objetivo del 2%”, analiza Bert Colijn, economista senior de ING para la eurozona. Esta fotografía “debería preocupar al BCE ya que podría persistir por los miedos a la recesión”, cree Colijn.

Draghi y sus colegas se encontraron ante esta encrucijada en septiembre. En el mercado, la curva de tipos descontaba su nueva intervención monetaria. Si no actuaban, las perspectivas de inflación se les hundían todavía más, lo que invalidaría a su vez sus previsiones de crecimiento. Ahora, el BCE espera que la inflación cierre el año en el 1,2% y también ha rebajado en cuatro décimas, hasta el 1%, la de 2020.

“El arsenal monetario desplegado por el BCE podría ayudar a contener los riesgos de recesión”, reconocen desde Oxford Economics. Sin embargo, la probabilidad de que ocurra en este segundo semestre se ha disparado hasta el 14% en el índice con el que miden este riesgo. Hace apenas dos meses era del 2%.

¿Por qué está ocurriendo este rápido deterioro de la actividad del continente y de las previsiones? Sus economistas tienen claro que el virus manufacturero se extiende en medio de una inflación hundida.

El motor alemán está gripado

Alemania y su industria viven una prolongada contracción de la que el sector automovilístico es sólo la punta del iceberg. En la principal locomotora europea confluyen los riesgos geopolíticos globales, desde la indefinición del brexit hasta las guerras comerciales emprendidas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que frenan las inversiones en la industria germana y sus potentes ventas internacionales.

El índice IFO sobre las expectativas exportadoras manufactureras del país no cesa en su desplome. Estaba en el -2,3% en agosto, ahora ya toca el -5,2% y, como reconoce Clemens Fuest, presidente del Instituto IFO, “en estos momentos, apenas hay algún signo positivo en la economía global para los exportadores alemanes”.

Fuest cita a una industria química “ahora en un modo más lúgubre, difícilmente con alguna expectativa de crecimiento en las exportaciones”. La de bienes plásticos y de caucho estaría en una situación similar mientras que las expectativas de venta para la ingeniería eléctrica están cayendo. Una reacción en cadena ante “la posibilidad de un brexit duro” y la “tensa situación”, por ejemplo, en Oriente Medio.

Contagio por el continente

“El ’virus alemán’ ha empezado a extenderse también a otros países”, analizan desde Oxford Economics. Entre las principales economías del continente sólo se salva la industria francesa. El PMI manufacturero de toda la eurozona está en terreno negativo desde inicios de año y junto a él los de Alemania, Italia o España. Los nuevos pedidos de las fábricas viven su mayor contracción en siete años.

La eurozona parece descender lenta pero inexorablemente por una pendiente de desaceleración. Lo advirtió Draghi ante la Eurocámara. Desde su anterior audiencia parlamentaria en primavera, el crecimiento “se ha desacelerado notablemente y más de lo que habíamos previsto”. El italiano reconoce que la debilidad del comercio internacional en un entorno de incertidumbre y el proteccionismo comercial son las principales causas para la revisión a la baja del crecimiento de la Eurozona.

Tres importantes institutos económicos europeos comparten este pesimismo. El Ifo y el KOF de Munich y el Istat de Rome “prevén un crecimiento de sólo el 0,2% en el tercer trimestre y que alcance sólo el 0,3% en cada uno de los dos próximos trimestres”. 2020 comenzaría con la misma atonía económica de este segundo semestre del año.

De momento, el consumo privado se mantiene como el principal sostenedor de la economía, gracias a la buena situación del mercado laboral y a que las mejoras salariales no se trasladan a los precios. El economista Colijn reconoce que “interesantemente, este contexto de modesta inflación podría en sí mismo ser útil para mantener a raya una recesión ya que aumenta los ingresos de los hogares”. Pero la pregunta es, ¿hasta cuándo con la locomotora germana y toda la industria europea gripadas?

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