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“La política de austeridad se ha convertido en una política estructural”

DIRIGENTES habla con Juan Mendoza Castro, miembro del Comité Económico y Social Europeo (CESE)

09 DE octubre DE 2018. 17:13H Mario

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La Unión Europea se encuentra en momentos determinantes de su travesía. En el horizonte, la idea de que el futuro pasa por una unión más firme, mientras en el corto plazo se observa el auge de opciones de extrema derecha que amenazan con desmembrar el proyecto comunitario. Sobre esos y otros temas, DIRIGENTES conversa con Juan Mendoza Castro, miembro del Comité Económico y Social Europeo (CESE) desde hace veinte años, una institución consultiva que analiza los asuntos más importantes del continente europeo.

Se entiende que la forma de funcionar del CESE desaparecen los intereses nacionales que pueden existir en otro tipo de órganos.

El mérito de los acuerdos resultantes parte de una composición del comité muy peculiar. Hay tres grupos: empresarios, trabajadores y actividades diversas. Dentro de cada grupo hay representantes de cada uno de los países de la Unión Europea. Dentro de cada uno hay realidades nacionales y se hace el esfuerzo de llegar a posiciones comunes.

Es una entidad donde uno observa muy bien la responsabilidad de comprender a los demás, a 28, para llegar a posiciones comunes. Es una escuela de construcción europea. En el grupo de trabajadores hay temas que por la realidad histórica y circunstancial de las organizaciones sindicales de cada lugar hay en alguna discusión a la que se llega con posiciones distintas. Cuando sucede eso se discute con otros grupos que han tenido su propio debate. Es un valor en sí que se constata en los dictámenes del Comité a pesar de las diversas realidades que hay en Europa. Es posible llegar a acuerdos y, si no es posible, constatar que hay dos situaciones o realidades donde sí se puede llegar a un punto de encuentro. Todo eso sin abdicar de los intereses de cada miembro y de lo que representa.

Este Comité es un órgano consultivo pero, ¿en qué medida los dictámenes que se aprueban salen adelante y se ejecutan? ¿Qué impacto tienen?

Como usted dice, esto es un órgano consultivo. Tenemos vinculación porque nuestro presupuesto se discute desde la Comisión pero es un órgano autónomo.

Hay un seguimiento por parte de la Comisión que una vez que se aprueban los dictámenes y damos cuenta de esto, la Comisión emite una evaluación de seguimiento de las cuestiones tomadas en cuenta. Hay una apreciación importante por parte de la Comisión, el Parlamento y el Consejo. Salvando la distancia con el peso del Parlamento, tenemos una vinculación estrecha a la hora de discutir y aprobar temas.

En relación con la Comisión, en todo el proceso de aprobación de los dictámenes, hay colaboración y diálogo. Y del mismo modo nosotros hacemos indicaciones acerca de distintos temas.

Hay un trabajo muy en común preservando las decisiones del Comité aunque haya una guía y un seguimiento por parte de la Comisión. La Comisión no nos limita en ese sentido. Puede no tener en cuenta lo que nosotros exponemos, pero no puede decirnos lo que podemos y no podemos expresar. Nuestra propia esencia nos lleva a la cultura de tener fluidez con otras instituciones europeas en el acuerdo y también en el desacuerdo.

¿Hay algún ejemplo de un dictamen que haya tenido un impacto concreto?

En relación al dictamen que realicé acerca de las provisiones para préstamos dudosos, advertimos que hay que tener mucha cautela porque no solo hablamos de aspectos financieros o arbitrar que los bancos no se queden sin recursos para hacer frente a los préstamos impagados, sino que detrás de eso hay un problema social. Es una cuestión que ha generado la crisis y plantea situaciones de confrontación con la Comisión. Intentamos llevar una labor de convencimiento con la Comisión.

La cuestión es que tú no puedes imponer tu criterio y tienes que salvaguardar tus principios. No puedes obligar a otro interlocutor a que renuncie a lo suyo y acepte lo tuyo. Hoy se discute un dictamen de varias iniciativas de la comisión que es del marco macroeconómico y se va a llegar a un acuerdo porque se han tenido en cuenta preocupaciones sociales, económicas y financieras.

En cualquier caso todo esto va en línea con el enorme compromiso de avance de la construcción europea. De esa forma, la situación que vive la Unión Europea se ve muy bien dentro esta institución. Y vemos que no hay otra solución que avanzar en el proceso de construcción europea.

Teniendo en cuenta el panorama de países como España con Cataluña, Hungría, y tantos otros problemas internos, ¿cómo se puede conseguir que se pongan 28 estados distintos de acuerdo para avanzar en esa unión?

Lo primero, es que el proceso de integración europea se tiene que dar y se va a dar. Y cuanto antes se haga, mejor. Porque podemos encontrarnos en la contradicción de que por no hacerlo las estructuras e incluso las instituciones europeas como es el Parlamento que puede resultar de las elecciones del próximo año van a servir para que aquellos que quieren dividir y fragmentar la Unión Europea consigan su objetivo.

Y si finalmente se produce un auge de la ultraderecha que en lugar de dar pie a una mayor unión suceda lo contrario, como usted dice, ¿qué se puede hacer para contrarrestarlo?

Creo que no hay que ponerse en la tesis de que puede pasar sino de cómo no puede pasar. La gente vota en función de referencias con las que se identifica por cuestiones ideológicas, proyectos personales, etc. En ese sentido tenemos que crear una referencia distinta a lo que en este momento se ha convertido la Unión Europea. La UE ha asumido como propia la idea de que la salida de la crisis del 2008 se tenía que hacer con la política de austeridad. Esa política de austeridad se ha convertido en una política estructural. Y la gente cuando piensa que lo que viene de Europa van a ser recortes, pesares y malas noticias, obviamente coge temor a lo que es la Unión Europea y cualquier parlanchín demagogo, xenófobo y fascista tiene el terreno abonado. Tenemos que trasladar otros mensajes a la ciudadanía.

Nadie ha hecho más por la Unión Europea que la política de cohesión. Ibas por una carretera en Andalucía, Castilla-La Mancha o Asturias y veías el cartel de “Hecho con fondos de la Unión Europea”. Y eso te hacía sentir próximo a la Unión. Igual pasa con la política transfronteriza. Las fronteras separan pero también unen si se hacen con una política adecuada. Las fuerzas progresistas en sintonía con las fuerzas democráticas tienen que hacer una alianza social.

¿Qué son las fuerzas progresistas?

Desde mi punto de vista debería construirse una alternativa socialdemócrata que no solo se pudiera percibir en Bruselas, sino también en Sevilla y en Dos Hermanas, en León, en Asturias... Que resulte familiar lo que se quiere conseguir. Que sea un ente que integra a los pueblos. Políticas de cohesión social, de equilibrio territorial, en definitiva un nuevo contrato social. En principios básicos como la defensa de la democracia o los derechos humanos se puede coincidir con otras fuerzas progresistas y demócratas. Tendremos que tener un mínimo de coincidencia con otras fuerzas para avanzar en eso.

Debe haber un espacio donde coincidir en una convivencia democrática. Tenemos que contraponer que haya varias opciones al mensaje de que Europa destruye y divide y es un enemigo. No hay opción, no hay alternativa. Se tendrá que empezar a construir más temprano que tarde. Nadie pensaba que después de Obama iba a venir el presidente Trump con todo lo que tenía a la espalda. Y fueron 24 horas de un mandato a otro. Nosotros tenemos que avanzar más allá del miedo con pasos firmes y con una referencia de ilusión en la construcción de la Unión Europea.

Cuando surgen esos movimientos no tienen razón ni fundamente pero se amparan en cuestiones que tenemos que plantearnos. Lo que tenemos que preguntarnos desde las fuerzas demócratas es que habremos hecho algo mal. Algo tenemos que corregir. Esa es la respuesta.

Esa respuesta no deja de ser una pregunta.

Pero abre un debate que te da la solución. La mejor manera de solucionar los errores en política es corregir.

Se observa mucha diversidad de opiniones en este comité. Quizá sería una solución que tuviera una posición distinta dentro del marco de las instituciones europeas y que la repercusión fuera mayor en el plano ejecutivo.

Eso se soluciona con que el Parlamento sea la verdadera cámara para representar a los ciudadanos europeos, con más capacidad legislativa y más competencias. Con ese contexto y una Comisión que fuera el verdadero gobierno de la Unión Europea, el Comité Económico y Social tendría que seguir cumpliendo su función. No queremos ni sustituir a la comisión ni al parlamento, sería absurdo.

No hablo de sustituir, sino de que se nota cierta lejanía. Quizás el parlamento no es suficiente para representar a los ciudadanos.

Hay un ejemplo muy claro de lo que sucede. Se hace un consejo europeo, una cumbre de jefes de estado. Cuando salen a dar ruedas de prensa cada uno habla de su país. Hay un problema de comunicación, de cercanía. Necesitamos que los estados sean partícipes y no vengan a ver qué es lo que saca cada uno. Algunas de las cuestiones que suceden son los propios estados los que las frenan, como sucede con la inmigración.

Europa tiene que ir hacia la confrontación de proyectos e ideologías. Todo el mundo no quiere hacer Europa de la misma manera, pero en un plano democrático todas las opciones políticas son respetables. La izquierda debe confrontar con la derecha y de ahí saldrá una opción para los ciudadanos.

¿Con qué margen de tiempo cuenta Europa para hacer eso antes de que China o Estados Unidos dejen estas opciones obsoletas?

Las alternativas políticas tienen que plantear un modelo de Europa. Que se defina qué quieren que sea Europa desde la Unión, cómo se articula con los estados y cómo llega a los pueblos. ¿Cómo articula un modelo coherente que sin ser uniforme se garantice una identidad europea y un modelo de convivencia? En eso tiene que trabajar una alternativa de izquierdas. También eso tiene que llevar a que otras fuerzas conservadoras o moderadas planteen lo mismo y que se confronte sobre eso. No se pueden plantear cuestiones monotemáticas que por culpa de los estados no se están cerrando adecuadamente.

Antes del 14 nadie pensaba lo que pasaría desde el 14 hasta el 18. Y tenemos que empezar a hablar del fascismo, no para decir que viene el lobo, sino para parar al lobo. Tenemos que plantear una alternativa ilusionante. Que los ciudadanos se ilusionen y tengamos claro dónde queremos poner Europa en el 2050. Y que la gente se aplique y trabaje por eso y que sepan conectar para eso con los ciudadanos. Esa es la alternativa.

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