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Trump arriesga 300.000 millones de dólares si golpea al motor europeo

03 DE julio DE 2018. 09:19H Xandre Mato (Bruselas)

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La paciencia de Europa con el presidente de Estados Unidos hace meses que se ha agotado. Bruselas no golpeará primero, pero cada nueva decisión del estadounidense contra los intereses europeos, sean comerciales o geopolíticos, será respondida en términos similares. La UE está decidida a cobrarse hasta el último céntimo, o centavo, que imponga Donald Trump con sus medidas arbitrarias a la economía comunitaria.

“Por desgracia, las divisiones van más allá del comercio, debemos estar preparados para el peor de los escenarios”, reconoció Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo, a todos los líderes del continente en la reciente Cumbre celebrada en Bruselas. Primero fueron el acero y el aluminio, luego las empresas que invierten en Irán, ahora Trump tiene en su objetivo al automóvil europeo.

Las amenazas del mandatario estadounidense vía twitter de aplicar un arancel del 20% a la importación de coches son ya una realidad, convertidas en una investigación sobre las compras al exterior de estos bienes similar a la sufrida por la industria metalúrgica. Bajo la sección 232, el gobierno de Estados Unidos estudia si marcas como Renault, Peugeot o Citroen, Fiat o Volkswagen suponen una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.

La respuesta europea no se ha hecho esperar. Bruselas reprocha a Washington que “la actual investigación carece de legitimidad, de hechos probados y viola las normas sobre el comercio internacional”. Además de “dañar el comercio, el crecimiento y empleos en Estados Unidos”, las intenciones de la Administración Trump “debilitan los lazos con amigos y aliados”, según el escrito enviado por la Comisión Europea al Departamento de Comercio de Estados Unidos. Las palabras, sin embargo, dejan paso a los hechos y si la advertencia es con números puede ser más clara.

Céntimo por céntimo, o centavo por centavo

Estados Unidos compra globalmente coches, furgonetas, todoterrenos y componentes de automoción por 294.000 millones de dólares, el equivalente al 19% de su volumen total de exportaciones. Washington se arriesga perder ese importante volumen de negocio. ¿Cómo? Siguiendo el modelo de contramedidas comerciales puesto en marcha con la disputa del acero y el aluminio. Entonces, Trump decretó una subida hasta el 25% en la tarifa a la importación de estos productos europeos, también para los canadienses y mexicanos.

La UE calculó que el pellizco para su economía era 6.400 millones de euros y preparó una subida arancelaria similar. Cuando el 1 de junio entró en vigor la estadounidense, la Comisión Europea activó su incremento de las tasas contra decenas de productos llegados del otro lado del Atlántico. De momento, han entrado en vigor aranceles por un valor de 2.800 millones de euros y en la reserva, preparados para su detonación, están los restantes 3.600 millones mientras se dirime la disputa comercial en la OMC.

La Comisión Europea ha analizado ahora todas las compras automovilísticas de Estados Unidos en el exterior, y le ha enseñado la cifra para que Washington sea cuánto arriesga perder y, al mismo tiempo, para que otros actores internacionales tengan claro cómo presionar a Trump y a su equipo comercial. “El impacto en la economía estadounidense se agravará significativamente por las posibles contramedidas de los socios comerciales de Estados Unidos”, detalla la respuesta escrita de la Comisión. La advertencia es seria y amenaza con replicar la estrategia del acero y aluminio

Estados Unidos importa coches y componentes automovilísticos desde la UE por 58.000 millones de dólares. Sería la cantidad que el ejecutivo comunitario impondría una eventual subida de tasas arancelarias, aunque como reconocen fuentes comunitarias a Dirigentes, “esto no adelanta ni prejuzga la posible respuesta de la UE” pero “si Estados Unidos impone una tarifa global a estas importaciones [de automóviles y componentes del sector], abre la puerta para que estos socios comerciales respondan con contramedidas por una cantidad similar”, reconocen las mismas fuentes.

La amenaza va más allá y la Comisión Europea explica que “imponer medidas restrictivas comprometería la tendencia actual positiva del sector estadounidense del automóvil y sus componentes”. El impacto negativo en el PIB de Estados Unidos puede alcanzar hasta los 14.000 millones de dólares.

La industria del motor europeo en Estados Unidos

Trump basa su persecución al motor europeo por las mayores tasas arancelarias que sufren los coches estadounidenses en la UE que la inversa. Tiene razón porque se les aplica una tasa del 10% a la importación de coches estadounidenses mientras que Estados Unidos sólo impone un 2,5%. Pero según los datos de la Comisión Europea, sólo un 15% de los coches estadounidenses exportados a la UE están sujetos a esa tarifa mayor porque la gran mayoría son fabricados por marcas europeas o llevan componentes europeos.

BMW, Volkswagen o Mercedes, propietaria de Daimler, tienen grandes plantas manufactureras en suelo norteamericano, en estados como Carolina del Sur, Tennessee o Alabama. Las automovilísticas europeas exportan a terceros países, incluida la UE, el 60% de los vehículos que fabrican en suelo estadounidense, por eso no “hay una amenaza económica a la industria del motor de Estados Unidos”.

“Las automovilísticas de la UE contribuyen significativamente al bienestar y empleo de Estados Unidos. Están bien integradas en la cadena de valor” del país, argumenta Bruselas que reprocha a Washington la contribución económica e industrial que ofrecen. Según el Departamento de Comercio de la Comisión, crean 120.000 empleos directos en plantas industriales y otros 420.000 indirectos por sus negocios con proveedores y plantas auxiliares.

Todo esto se juega Estados Unidos, su economía y trabajadores pero también las empresas europeas y el comercio global. La próxima semana Trump acudirá a Bruselas para la Cumbre de la OTAN, con todo los gobiernos de la UE delante y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, al que llamó “muy deshonesto y débil”. Hace un año, en su primera visita como mandatario a la capital comunitaria, empujó al primer ministro de Montenegro, reprochó que los europeos no gastasen más en defensa y cruzó fuertes apretones de manos con Emmanuel Macron, presidente de Francia, en un auténtico pulso político.

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