martes, 23 julio 2019
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Europa

Trump azuza la guerra de divisas con la zona euro

La defensa de nuevos estímulos en la eurozona por parte del presidentel del BCE, Mario Draghi, que provoca repuntes en las bolsas europeas y retrocesos en el euro, solivianta al presidente estadounidense, que considera "injusta" la competitividad del euro frente al dólar.

18 de junio de 2019. 16:30h Xandre Mato (Bruselas)
  • Trump azuza la guerra de divisas con la zona euro

Europa y Estados Unidos estarían en una guerra de divisas encubierta. Al menos así lo ve el presidente estadounidense, Donald Trump, aunque los bancos centrales de ambas regiones mantengan la independencia monetaria contra todas las presiones políticas que reciben, especialmente al otro lado del Atlántico. Porque en Bruselas y en el resto de capitales del euro, el BCE y Frankfurt son torres de marfil inexpugnables y ningún político se atreve a intentar coaccionar a Mario Draghi y su Consejo de Gobierno.

Draghi no descartó bajadas de tipos de interés en la zona euro, lo que generó una subida de las bolsa en Europa y una bajada del euro, lo que a su vez suscitó la reacción en contra del presidente estadounidense, que calificó los comentarios de Draghi como "injustos para Estados Unidos" debido a que la depreciación de la moneda europea facilita las exportaciones desde el bloque.

"Mario Draghi acaba de anunciar que podrían llegar más estímulos, lo que hizo bajar inmediatamente al euro frente al dólar, haciendo injustamente más fácil para ellos competir con Estados Unidos. Se han estado saliendo con la suya durante años, junto con China y otros", dijo Trump en un tuit.

Lo que no parecen tan dispuestos a hacer los dirigentes comunitarios es a callar ante las crecientes críticas de Trump si prosiguen los ataques contra la moneda única, un pilar que resistió la Gran Recesión y los tres rescates de Grecia, y que es una de las joyas de la corona del proyecto europeo.

“Tenemos una alta consideración por nuestros socios estadounidenses, nuestros aliados y amigos, pero también deberían contenerse de cualquier acción unilateral porque el amor es, sin duda, una calle en ambas direcciones”, dijo el comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, en una crítica directa a las palabras de Trump en los últimos días, en las que denunciaba un euro “devaluado frente al dólar”.

El francés adornaba sus palabras con un “se necesitan dos para un tango” en inglés, expresión con la que se suele interpelar a la otra parte en favor de la colaboración y no del conflicto.

El inquilino de la Casa Blanca parece haber encontrado un nuevo frente de disputa con la UE y sus críticas a la política monetaria de la Reserva Federal se orientan ahora hacia una supuesta guerra de divisas. “La senda de tipos de la FED es demasiado elevada... no tienen ni idea”, ha llegado a soltar Trump en uno de sus polémicos tuits matutinos. En un medio económico del país que también denunció que en la Reserva Federal “no me están escuchando y están cometiendo un gran error” sobre los actuales tipos de interés en Estados Unidos.

Aunque en el BCE prefieren guardar silencio, en Bruselas esta vez sí están respondiendo con rapidez a las críticas de Trump para evitar que domine la agenda, como hizo antes con el gasto militar en la OTAN o las tarifas arancelarias y las relaciones comerciales. “En general, no es apropiado usar el término devaluación ya que el Banco Central Europeo no tiene como objetivo los tipos de cambio del euro”, replicó el vicepresidente de la Comisión, Valdis Dombrovkis, al norteamericano.

Dombrovskis, jefe de la supervisión de la eurozona, insistió en la independencia desde hace décadas de los bancos centrales en las democracias occidentales, una política que ha permitido esquivar errores monetarios como los cometidos durante los años 20 y 30 del siglo pasado. “Como sabemos, el mandato del BCE es la estabilidad de precios y permite que el euro cotice libremente en el mercado”, enfatiza el letón.

Según Trump, la FED “subió los tipos demasiado rápido y ha endurecido su alivio cuantitativo, están retirando 50.000 millones de dólares al año”. En la Comisión Europea, el gobierno de la UE, no tienen pensado marcar ninguna orientación similar al BCE sobre su política monetaria, menos ahora que Draghi terminará su mandato en otoño y la carrera para sucederle ya ha comenzado en silencio.

Jens Weidmann, gobernador del Bundesbank, Villeroy de Galhau, jefe de la Banque de France, y el gobernador finlandés, Olli Rehn, serían los mejor posicionados. Ninguno ha abierto la boca sobre sus aspiraciones y sus opiniones de política monetaria se dirimen en el interior de la torre del BCE en Frankfurt. Hace tiempo que Weidmann no se muestra abiertamente crítico con los alivios cuantitativos de Draghi para evitar quemar sus cartas.

¿Un euro más competitivo que el dólar?

Decir que la moneda única europea está devaluada, como hace Trump, es acusar al BCE de jugar con los tipos de cambio para favorecer la competitividad o reducción de deuda en la eurozona. Y eso iría en contra de sus propias normas, lo que podría acarrear denuncias ante la justicia europa. Ni Draghi ni sus antecesores o sucesores lo han hecho ni lo harán.

Una situación diferente es que el euro cotice bajo frente al dólar. Para la OCDE sí, hasta un 22%, pero sería una depreciación causada por los diferentes rumbos de la política monetaria. Según la teoría de paridad de poder adquisitivo que emplea la organización con sede en París, el tipo de cambio del euro está un 22% por debajo de lo que debería frente al dólar. Esto es, comparando divisas sin las distorsiones de los diferentes niveles de precios existentes.

Los economistas lo ejemplifican con el precio de un Bic Mac. Con un dólar debería poder comprarse la misma cantidad, sin embargo, en Estados Unidos cuesta 5,58 dólares y de media en la eurozona apenas 4,05 euros. Hay una diferencia de 0,725%, los euros que nos deberían dar por cada dólar, según la OCDE. Pero la moneda única cotiza a 0,88 por cada una de la americana, de ahí esa infravaloración del 22%.

Estados Unidos salió antes de la crisis y la Reserva Federal se vio obligada a subir tipos e iniciar antes el drenaje cuantitativo para evitar el sobrecalentamiento de la economía y la aparición de burbujas. En la eurozona, el BCE no pudo constatar el fin de la crisis hasta 2016, superado el tercer rescate griego, pero desde entonces las turbulencias geopolíticas y comerciales han impedido el despegue. El PIB de la eurozona ha escalado durante todo el último año a ritmos intertrimestrales del 0,4%, 0,2% y hasta 0,1%, mientras que Estados Unidos crecía al 1%.

La inflación de la eurozona lleva más de un año oscilando en torno al punto y medio de crecimiento interanual pero se enfría. La estimación de mayo muestra una caída preocupante hasta el 1,2%. Al otro lado del Atlántico, la FED observa una coyuntura similar pero allí su inflación tocó en marzo del año pasado el objetivo del 2% (durante 2018 la FED subió tipos cuatro veces) y sólo ahora las menores presiones inflacionistas han bajado la subyacente al 1%.

Los economistas de ING creen que esta semana la FED cambiará su tono y pasará de ser ‘paciente’ a usar la frase “vigilancia estrecha” sobre la evolución de los precios. Y esperan que reduzca sus previsiones de inflación al 1,8% para este año, dos décimas menos que en marzo. Palabras y expectativas que aliviarían la presión de la moneda americana frente a la eurozona. El Bic Mac se equipararía a ambos lados del Atlántico, un alivio para Donald Trump, aficionado a las hamburguesas. Porque quizás la guerra de divisas iba sólo de eso.