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Latam busca un lugar entre las guerras de Trump

Petróleo y agro aparecen en primer plano como áreas en que las economías de América Latina y EEUU podrían beneficiarse o perjudicarse, al tiempo que las inversiones chinas serían el efecto colateral benéfico para un desarrollo de medio y largo plazo.

31 DE agosto DE 2020. 08:18H Carlos Turdera (LATAM)

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Antes de que Trump firmase la llamada Fase 1 del acuerdo con China para finalizar la “guerra comercial” entre ambos, los países latinoamericanos vivieron cerca de un año en la incertidumbre de cuál papel jugar inmersos en la volatilidad que aquel enfrentamiento significó para la región. La expectativa de beneficiarse de ese conflicto (por la posibilidad de aumentar y diversificar sus ventas a ambos contendientes) se fue diluyendo con el gradual encarecimiento del dólar y el abaratamiento de las materias primas que derivó de la desaceleración de la economía china.

Posteriormente, tras el ataque norteamericano que eliminó al iraní Qasem Soleimani, aquellos mismos países se encuentran en una posición en que tanto podrían beneficiarse como resultar perjudicados si la tensión se convierte en una guerra militar, sea tradicional o no convencional. El hecho de que China pudiera resultar el principal beneficiado de esa nueva embestida de Donald Trump, como sostienen algunos analistas (Ver CUADRO “La franja y la ruta”), hace necesario mirar también qué pasos está dando Beijing en la amplia región que va de México hasta Argentina, incluyendo notoriamente a Brasil.

Oro negro

El primer factor hacia el que los gobiernos latinoamericanos dirigieron sus miradas ante la perspectiva de una escalada bélica EEUU-Irán fue, como es habitual cuando hay conflicto en Medio Oriente, el petróleo; concretamente el precio del barril. A pesar de no haberse disparado como en otras ocasiones (tras el ataque a la refinería Aramco en Arabia Saudí saltó 14 %, por ejemplo, mientras que tras la eliminación de Soleimani aumentó sólo un 4 %), los países productores quedaron en alerta.

Brasil tomó como primera medida suspender el tránsito de barcos de su compañía Petrobras por el estrecho de Ormuz, pero no aumentó los precios y dijo que no planeaba un ajuste en lo inmediato a raíz del conflicto. La compañía brasileña podría beneficiarse vendiendo petróleo más caro y aumentando sus ingresos en lo inmediato, pero enfrenta el riesgo de que un eventual encarecimiento de los combustibles le genere una crisis interna como la huelga de camioneros que, en mayo de 2018, le significó un daño de 3.900 millones de dólares a su economía, según cálculos del Gobierno.

El hecho es que por tener el 83 % de su matriz energética de fuente hidroeléctrica, la dependencia de Brasil de un suministro externo de petróleo no es relevante, más aún si se considera que en los últimos años creció su perfil de exportador y que, tras el hallazgo de reservas presal, ese país apunta a duplicar su producción y ser el quinto exportador mundial hacia el fin de la década. Es decir, este país se beneficiaría de un alza en los precios del barril.

Agro e industria

Brasil es el principal socio comercial de Irán en Latam. El país de Bolsonaro, mandatario que tiene un fuerte apoyo del agronegocio, le vende a la República Islámica granos y proteína animal, lo mismo que otros países latinoamericanos que tienen balanzas comerciales favorables con el país persa, como Uruguay y Argentina, república esta última que, no obstante declarar “terrorista” a Hezbolá, mantiene su intercambio bilateral con Teherán. Así, tan solo impactaría negativamente a Brasil si este país adhiriese a la declaración de “terrorista” promovida por EEUU. Pero, incluso declarándose admirador de Trump y alineándose automáticamente con Washington, el presidente Bolsonaro dijo que mantendrá el comercio con Irán, que en 2019 le rindió un superávit de 2000 millones de dólares.

México, en tanto, se encontraba en enero en plena euforia por la firma del T-MEC (Tratado comercial México, Canadá, Estados Unidos), por lo que la escalada en Medio Oriente no formaba parte del repertorio de pronunciamientos públicos de las autoridades. “Esto es algo muy significativo, porque este tratado va a significar más confianza en México para la llegada de inversiones, para que se instalen empresas, para que haya trabajo con buenos salarios y para que haya bienestar para nuestro país”, dijo el presidente Andrés Obrador después que el Congreso de EEUU aprobó el T-MEC.

Ideología e inversiones

Venezuela, a pesar de su reacción altisonante (el segundo de Maduro, Diosdado Cabello, visitó la embajada iraní con un diputado que dijo que “vengará“ la muerte de Soleimani), tiene un intercambio comercial mínimo con el régimen iraní (menos de un millón de dólares en 2016, según un informe del Center for International Development, de Harvard, citado por el periodista uruguayo Gerardo Lissardy en su reporte “La gran paradoja de las relaciones de Irán con América Latina” para la BBC).

Colombia descartó un impacto negativo dado que el aumento del precio del crudo no encarecerá los combustibles, gatillo de la inflación, pues estos se rigen por una fórmula basada en el dólar y la moneda norteamericana viene cayendo allí desde noviembre. Así, el efecto sería benéfico, pues el país obtendría más ingresos por exportaciones de Ecopetrol -por tanto, más dividendos en 2021- mientras que el aumento de ventas de las demás petroleras generaría más impuestos, según analistas del diario local El Tiempo.

Energía limpia

Con todo, expertos observan también que, en la incipiente transición de modelo energético en que están embarcados los países en sintonía con los acuerdos por el clima, una nueva “guerra del petróleo” tendría como efecto probable la aceleración de los procesos de substitución de recursos fósiles por fuentes renovables. Pero, claro, tal es una perspectiva de medio y largo plazo, de 2030 en adelante.

En suma, hoy, como ante cualquier deflagración bélica, los escenarios inmediatos son imprevisibles. Lo concreto es que los países latinoamericanos, por su propio grado de desarrollo actual, pasarían a ser o bien espectadores o bien proveedores de suministros, la función subalterna de las potencias que han venido manteniendo en las últimas décadas.

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