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Llueve sobre mojado para Latam

Aún sin recuperarse de los efectos de la recesión causada por la pandemia, para Latam el avance militar de Rusia en Ucrania tiene un impacto inicial inflacionario, tanto por el impacto en la producción de alimentos como en el precio de los combustibles, que postergará nuevamente el crecimiento de la región, indican analistas.

07 DE abril DE 2022. 06:15H Carlos Turdera (LATAM)

La invasión militar de Rusia en Ucrania cayó sobre las mesas de Latam con el peso de una gran caja de archivos, desordenando todos los papeles y obligando a los especialistas a descifrar rápidamente su contenido para compaginarlo con lo que se estaba tratando en ese momento: cómo erguir la economía después de dos años de efectos recesivos en la economía causados por la pandemia.

Para Brasil, la mayor población de la región sur y cuarto productor mundial de grano, el efecto inmediato se sintió en la base misma de la cadena alimentaria: el país de Bolsonaro compra más del 90% de los fertilizantes necesarios para su producción agrícola, según el Sindicato Nacional de las Industrias de Materias Primas para Fertilizantes (Sinprifert).

De ese total del complejo NPK (nitrógeno, fósforo y potasio), un 22% viene de Rusia y un 15% de China, mientras que el país de Putin sólo le compra a Brasil el 0,6% de lo que esas tierras producen, principalmente carne, soja, azúcar y café. Con ese contexto, el Gobierno lanzó, el 11 de marzo, el Plan Nacional de Fertilizantes, una iniciativa para reducir, justamente, la dependencia externa.

“No buscamos la autosuficiencia, pero sí mantener el agronegocio pujante y competitivo”, dijo en el lanzamiento la ministra de Agricultura, Tereza Cristina, que ya inició negociaciones con Canadá para diversificar la importación de tales insumos en pro de garantizar “la seguridad alimentaria de Brasil”.

Neutralidad y gasto público

Uno de los dos únicos países latinoamericanos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (el otro es México), Brasil se pronunció inicialmente por la neutralidad. “No vamos a tomar partido, vamos a ayudar en lo posible a la búsqueda de una solución”, dijo Bolsonaro a una semana de iniciarse los bombardeos.

A mediados de marzo, sin embargo, en medio de una inflación disparada, con el precio de los combustibles escalando marcas récord y con un presupuesto para 2022 de fines proselitistas (habrá elecciones en octubre), su ministro de Hacienda, Paulo Guedes, dijo, en tono de arenga: “Brasil es duro. Se cayó, se levantó y ya está de pie para otra pelea”.

El economista se refería a lo que llamó “déficit cero” después de que el gasto público llegara al 26,5% del PIB durante la pandemia y volviera al 18,7%, una “calamidad terrible, la peor crisis sanitaria de los últimos 100 años”. Ya "estamos listos, tenemos protocolo de guerra y todo preparado”, afirmó Guedes en relación con eventuales impactos de las acciones militares del Kremlin.

Sus declaraciones tenían como fondo el aumento de precios de los combustibles de mediados de marzo (un 18,8% para la gasolina y de 24,9% para el diesel), determinado por Petrobras tras la elevación del petróleo internacional. Ese encarecimiento también se refleja en el transporte, ya que el 60% de la logística brasileña se abastece de combustible fósil.

Combustibles e inflación

“Cuanto más petróleo usamos, más nos exponemos a los impactos económicos de este conflicto”, resumió el coordinador académico de relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, Eduardo Mello, indicó el portal UOL. En cuanto a los fertilizantes, la ministra Cristina dijo que el conflicto no impactará en la actual cosecha, pues el país ya tiene stock de fertilizantes suficientes. “Lo que preocupa es la cosecha de verano”, detalló la funcionaria.

Cuando aún no se han disipado los efectos de la pandemia, la inflación de Brasil terminó en el año 2021 en un 10,06%, casi tres veces el índice fijado como meta por el Consejo Monetario Nacional para 2021 (3,75%). Según el Instituto de Geografía y Estadísticas (IBGE, oficial), el resultado fue influenciado principalmente por el transporte (+21,03%), la vivienda (+13,05%) y los alimentos (+7,94%).

La previsión es que la guerra Rusia-Ucrania mantendrá esa dinámica, que ya venía desde la pandemia. Para marzo, en tanto, el IPC-10 (índice general que mide los precios de materias primas agrícolas, industriales y servicios) marcó una inflación de 1,18%, acumulando en lo que va de 2022 un aumento de 5,02% y de 14,63% en 12 meses.

Vacunas para Argentina

Con una quinta parte del tamaño de la población brasileña, Argentina acusa un impacto directo y de mayor cobertura, no sólo por la exposición del gobierno peronista -de alineación inicial directa con el Kremlin, que le suministró las vacunas Sputnik en la pandemia y prometió inversiones- sino por el volumen de negocios de empresas de este país.

De las 400 firmas argentinas que envían sus productos a Rusia, sólo 20 son grandes. “El resto son pymes o medianas empresas que hoy tienen graves problemas”, señala un documento de la Cámara de Comercio Argentino-Rusa de mediados de marzo. Devaluación del rublo, problemas de logística, pagos pendientes, bloqueo aéreo, presión fiscal y aranceles, apunta esa cámara como principales factores que afectan al comercio argentino.

“Hay pequeños productores al borde de la desaparición”, indica un reporte del diario Cronista Comercial, según el cual “hoy se desplomó todo”. En efecto, mientras que en 2020 Argentina exportó a Rusia -principalmente carnes (27%), frutas y cítricos (22%), lácteos (16%), pescados (10%)- por 455 millones de dólares, en 2021 ese volumen cayó a 414 millones. Hoy, puntualiza el informe, “una pyme que exportaba frutas y cítricos está a punto de quebrar porque no puede recibir de Rusia los 400.000 dólares que le deben”.

México entre USA y Rusia

Finalmente, para México, alineado con Rusia casi en los mismos términos políticos que Argentina, aunque de posición económica tradicionalmente más consistente debido a su relación con EEUU, la guerra Rusia-Ucrania “retrasará el crecimiento económico, acentuará la incertidumbre en los mercados, provocará aumentos en los precios de los commodities y generará una gran escalada inflacionaria”.

Así lo resume Antonio Castro, columnista, en un análisis que destaca que el Banco de México redujo de 3.2% a 2.4% su estimación de crecimiento para la economía mexicana en 2022 en un cálculo similar al de la OCDE, que rehizo sus números de 3,3% a 2,3% aún antes de tomar en cuenta los efectos del conflicto bélico.

México “enfrenta dos escenarios posibles: por una parte, el aumento de las exportaciones y de los ingresos públicos y un precio más alto de las gasolinas”, reseña el analista, puntualizando que la incertidumbre reside en la duración del conflicto y los efectos de las sanciones impuestas a los países protagonistas sobre los mercados energéticos, sobre los de bienes y servicios. La gran duda, en fin, que este nuevo cisne negro proyecta sobre los países de Latam en estos días de mediados de marzo en que fueron escritas estas líneas.


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