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Tres premisas para la inversión a largo

Paras Anand, Director de inversiones en Asia-Pacífico en Fidelity International

19 DE mayo DE 2020. 08:00H Paras Anand

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¿Cómo deberían posicionarse los inversores a largo plazo ante la volatilidad actual? He aquí tres grandes temáticas que probablemente perduren a lo largo de la rotación que vamos a vivir durante bastante tiempo en el liderazgo del mercado.  

En periodos de extrema volatilidad en los mercados como el actual, especialmente tras una prolongada racha alcista, es normal que los inversores acorten sus horizontes temporales. La preservación del capital se convierte en la consideración primordial. Sin embargo, parafraseando a Warren Buffett, cuando el miedo se convierte en la sensación dominante, los inversores a largo plazo necesitan pensar dónde ser ambiciosos.

Existe un riesgo claro en proseguir con una simple búsqueda de rendimientos o centrarse en valores “de baja volatilidad”. Aunque han sido la tónica dominante en los mercados durante una década, con el tiempo estos valores “defensivos caros” pueden terminar siendo más vulnerables de lo que se piensa actualmente, especialmente si se percibe que la intervención de los bancos centrales tiene poco efecto sobre la demanda en la economía real, lo que pondría de relieve un exiguo margen de seguridad.

Así que en un entorno volátil como este, ¿cómo deberían posicionarse los inversores? He aquí tres planteamientos para el largo plazo:

1. Ser activos 

Hemos asistido a un auge de las estrategias pasivas durante la última década y estas ostentan ahora un porcentaje importante de la titularidad de los mercados.

Sin embargo, ahora merece la pena considerar si las estrategias activas deberían tener más peso en las carteras de los inversores. Existen tres razones de fondo para ello. En primer lugar, los periodos de mayor volatilidad en los mercados siempre mermarán la capacidad de los productos indexados para replicar las rentabilidades de mercado, por lo que existe una mayor probabilidad de que aquéllos renten menos que los índices que replican. En segundo lugar, el periodo prolongado de auge de las estrategias pasivas ha llevado a los gestores activos a mejorar la propuesta de valor. Por último, tras un largo periodo de disociación entre los precios de los activos y las valoraciones subyacentes, las perspectivas de las rentabilidades activas nunca antes habían pintado mejor.

2.Fijarse en Asia

Asia es una exposición innegablemente atractiva para la próxima década por varias razones. Empezando en el nivel más sencillo, representa hoy en día una proporción de la producción económica mundial mucho mayor de lo que se refleja en la mayoría de los índices mundiales, pero su influencia expresada en términos de PIB y peso en las asignaciones de inversión aumentará a un ritmo considerablemente más alto que la media mundial. 

Pese a este contexto, existen varios factores positivos a corto plazo que están haciéndose más evidentes. El más obvio es que un periodo de petróleo barato será beneficioso para la industria y los consumidores de la región, especialmente para los importadores netos como China. En segundo lugar, una década de revalorización del dólar estadounidense también ha generado tensiones de financiación en muchas economías asiáticas. Esta situación parece estar invirtiéndose y la aplicación de nuevos estímulos monetarios y presupuestarios por parte de EE.UU. debería acelerar el cambio de este viento en contra a uno favorable para la región. Por último, el reciente temor en torno al estado de la economía china, el impacto del brote de covid-19 y las guerras comerciales han reducido las valoraciones de forma generalizada.

3.Redefinir la clasificación del mercado

Parece que ha llegado el momento de cambiar la forma en que los inversores identifican y asignan capital a las diferentes oportunidades, pues las clasificaciones tradicionales de mercados y sectores cada vez parecen más toscas como forma de intentar determinar las exposiciones preferidas.

Así ocurre especialmente con los mercados desarrollados. Lo que observamos es que el país donde cotiza un valor nos cuenta cada vez menos sobre el ámbito de sus operaciones, sus fuentes de ingresos o su moneda de funcionamiento principal. En el Reino Unido, cerca de dos tercios de los resultados que consiguen las empresas del FTSE 100 proceden del extranjero. Del mismo modo, la cambiante naturaleza del sector empresarial dificulta el uso de clasificaciones sectoriales. 

Algunas de las mejores oportunidades se encuentran en temáticas de largo recorrido que van más allá de las clasificaciones sectoriales o bursátiles, ya sean en torno a los mercados emergentes, el consumo en China, las tecnologías innovadoras o el empuje de la inversión sostenible. En muchos casos, invertir con un enfoque temático ha sido objeto de muchas críticas, y con razón, ya que algunas de las ideas más relevantes pueden ser muy específicas (p. ej., “robótica” o “petróleo de esquisto”). Pensemos mejor en el enfoque temático como una forma interesante de redefinir el conjunto de oportunidades, en lugar de como una forma de explotar una veta estrecha.


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