martes, 15 octubre 2019
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¿Conservador? Pocos perfiles para tantos tipos de inversor

Jorge Del Canto, Fundador de Merisa Patrimonios.

20 de septiembre de 2019. 08:00h Jorge del Canto

Las etiquetas no suelen ser buenas, menos aún cuando se limitan incluir en unas pocas clases a una gran diversidad de circunstancias personales, familiares y económicas, en las que no solo se deben contemplar los números.

La capacidad de ahorro, la cantidad de dinero ahorrado y las necesidades a distintos plazos son números que influyen en las posibilidades de diversificación. Pero otros datos no numéricos como la seguridad en los ingresos, estilo de vida, la edad o el grado de conocimiento de los distintos instrumentos de inversión, obligan a adaptar la propuesta de inversión a todo el conjunto de condiciones. Es difícil atender dos situaciones idénticas.

Los perfiles de inversor clásicos son tan escasos que dejan demasiados huecos sin cubrir. La Comisión Nacional del Mercado de Valores los divide en solo tres: Conservador, medio y agresivo. El grueso de entidades añade dos intermedias y algunas llegan hasta siete. Pero en todas ellas solo hay preguntas sobre números a futuro, objetivos de rendimiento y grado de conocimiento de los instrumentos financieros. Faltan datos y faltan clases.

Al menos la web de la CNMV menciona que el hecho de ser catalogado como “Conservador”, un término difuso y poco definido, no impide que se pueda invertir parte de los ahorros en productos más “arriesgados”. Sin embargo, en mi experiencia como asesor y gestor de patrimonios, cada vez que quiero incluir uno de esos instrumentos en carteras asesoradas o gestionadas, me encuentro con alguna traba, porque la norma mide el riesgo producto a producto y no integrado en un conjunto.

En la mayoría de los casos, salvo en situaciones en las que no hay capacidad de ahorro suficiente ni patrimonio que lo permita, siempre hay una cantidad que se puede llevar a plazos amplios y someterla a la volatilidad de la renta variable. Conservar no solo debe ser asegurar el valor a corto plazo, también evitar costes de oportunidad y mejorar la rentabilidad a largo plazo.