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Del colapso a la recuperación

Ignacio Muñoz-Alonso, Estratega Macroeconómico, Inversis

27 DE enero DE 2021. 14:30H Ignacio Muñoz-Alonso

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La economía global está saliendo de las profundidades en las que se había hundido durante el confinamiento de la primavera, pero la pandemia causad por la COVID-19 continúa extendiéndose, forzando una reapertura lenta y cierres parciales.

El tortuoso ascenso de la economía mundial a los niveles pre-pandemia continúa siendo propenso a retrocesos puntuales. Se estima un crecimiento global del 5,2% en 2021, inferior a las estimaciones de junio, pero en línea con la mejora registrada a lo largo del tercer trimestre. Aun así, hasta finales del 2021 las tasas de desempleo se mantendrán elevadas tanto en las economías avanzadas como las emergentes.

A esto hay que añadir una serie de factores de riesgos que podrían frenar el crecimiento. En primer lugar, la evolución de la pandemia y la capacidad de respuesta de los sistemas de salud pública. En según lugar, las interrupciones de actividad asociada a algunos sectores. En tercer lugar, el alcance de los efectos indirectos: débil demanda, endurecimiento crediticio y menor inversión. Por último, el deterioro de la confianza financiera generando dificultades de financiación y renovación de préstamos a sectores y economías vulnerables.

Por otro lado, estos riesgos nos abren la puerta a varias oportunidades, como la acumulación de un ahorro sin precedente de los hogares de Europa y Estados Unidos, ahorro que terminará entrando en circulación en el mercado a sostengo de la demanda de bienes y servicios y de las inversiones en el sistema económico.

Se acumulan datos que confirman la secuencia de la recuperación, con fuerte rebote de la producción industrial y del comercio internacional al restablecerse las cadenas de suministro global, también el control efectivo de la epidemia en China hace pensar en una efectiva resolución de la pandemia. 

Estados Unidos

Según el consenso, el PIB crecerá hasta el 34,6% (inter trimestral, anualizado) en el tercer trimestre del año tras la fuerte contracción en el segundo trimestre, para cerrar el año en -3,5% (FMI -4,3%, FED -3,7%). Esta mejora se debe al fuerte impulso durante el verano, con varios indicadores mejorando a un ritmo superior al esperado en julio y agosto, a pesar del repunte en los nuevos casos de COVID-19. No obstante, en las últimas semanas se observa una desaceleración del ritmo de recuperación.

Las tensiones financieras han sido aliviadas tras intervención masiva de la Fed en marzo y de las medidas posteriores de respaldo para garantizar el funcionamiento de los principales mercados de crédito.

La volatilidad del mercado ha disminuido significativamente con el repunte de los precios de la renta variable acompañada por un aumento de los flujos de entrada en fondos del mercado monetario confirmando una propensión al riesgo al alza en línea con una menor incertidumbre. 

Los tipos del mercado monetario y la operativa bancaria se han normalizado con el respaldo de la Fed, los ajustes a las reservas y los requisitos de capital. Los tipos de largo plazo también se han estabilizado, a pesar de las ligeras disminuciones en la prima a plazo, y con repuntes en línea con la mejora de expectativas.

Europa

Hay un amplio consenso sobre las perspectivas generales y sobre que la recuperación seguirá siendo incompleta en 2021 con fuertes asimetrías en cuanto al impacto entre los estados miembros de la UE, que en conjunto podría experimentar una contracción del PIB del 8,0% en 2020 seguido de un crecimiento del 5,0% en 2021.

La pérdida de producción proyectada durante los dos primeros trimestres de 2020 en comparación con el último trimestre de 2019 varía desde menos del 10% en Finlandia, Suecia y Polonia a más del 20% en Italia, Francia y España. Estas diferencias en el impacto inicial reflejan la gravedad del brote de COVID-19, la severidad de las medidas de contención y las diferentes estructuras económicas. En particular, una parte importante de los servicios personales como los servicios de alimentación y una gran dependencia del turismo aumentaron el impacto negativo.

Delante esta una mayor incertidumbre, es probable que las empresas pospongan la inversión. Se espera que la inversión empresarial colapse en 2020 y se recupere gradualmente a los niveles previos ya en 2022.

Esperamos un posible repunte muy limitado en la segunda mitad de 2020, con una velocidad de recuperación que divergirá sustancialmente entre países. El endeudamiento bruto de las sociedades no financieras aumentará de forma significativa en 2020 antes de descender moderadamente para alcanzar su nivel anterior a la crisis al final de 2022. No obstante, el servicio de la deuda de las no financieras ha disminuido a niveles récord bajos en los últimos años y se espera que aumente gradualmente en los próximos años, disipando las posibles preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda a medio plazo.

La política económica está de camino a la normalización a medida que se alivian las restricciones de COVID-19. El apoyo fiscal ha sido abundante hasta ahora y seguirá apoyando la recuperación durante algún tiempo. El BCE ha aumentado su programa de compra de bonos, permitiéndole continuar comprando bonos hasta mediados de 2021 y seguramente no dudará en intervenir si las perspectivas se deterioran.

China

China sigue siendo la única economía del mundo que mostrará crecimiento positivo en 2020, con el PIB expandiéndose un 2,0% (BM, octubre) frente al 1% estimado en junio (BM).

Su recuperación será más rápida de lo esperado, con un crecimiento cercano al 8% en 2021. La actividad productiva mantuvo su impulso tras la fase más aguda de la epidemia, de hecho, los nuevos pedidos crecieron más que desde principios de 2011. Las ordenes de exportación siguen creciendo al ritmo más rápido desde agosto de 2017 y el índice de compras avanzó al ritmo más rápido desde enero de 2011. Con el empleo estabilizándose, poniendo fin a un período de ocho meses de despidos.

En su 14º Plan Quinquenal detalla el impulso económico a través de la demanda interna, la autosuficiencia tecnológica, una urbanización sostenible, un proceso de transición energética y una mayor apertura económica y financiera. Bajo estos pilares, la contribución de China al crecimiento mundial podría rondar el 26,8% en 2021 y el 27,7% en 2025.

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