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El bajo rendimiento económico y fiscal de Italia pone en riesgo su rating

Dennis Shen y Giacomo Barisone, analistas de Scope Ratings

21 DE marzo DE 2019. 06:38H Dennis Shen

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Las perspectivas de sostenibilidad de la deuda italiana siguen siendo difíciles, dado el deterioro de la evolución fiscal, al mismo tiempo que el Gobierno se enfrenta a una economía en recesión técnica.

En la decisión sobre el rating de Italia que tomamos en diciembre, la asignación de una “Perspectiva Estable” vino a reconocer los signos de moderación en los objetivos políticos del gobierno, en vista de las negociaciones entre Italia y Europa que buscaban un compromiso sobre las desviaciones de Italia con respecto a las leyes presupuestarias de la UE. Esta negociación con la Comisión Europea condujo a evitar que el 19 de diciembre se recomendara el Procedimiento de Déficit Excesivo.

Tomamos en consideración la disminución temporal del desacuerdo presupuestario con Europa y la ligera reducción de los objetivos de déficit fiscal de 2019 al 2,04% del PIB, desde el 2,4%. Sin embargo, insistimos en nuestra idea de que cualquier falta de convergencia en torno a una reforma sostenible que equilibre el programa del Gobierno en favor del crecimiento con una mayor disciplina fiscal, o un debilitamiento pronunciado de la sostenibilidad de la deuda de Italia, podría ser motivo de una revisión a la baja de las perspectivas y/o las calificaciones.

El objetivo de déficit del 2,04% del PIB para 2019 no es creíble, ya que se basa en una hipótesis de crecimiento muy optimista del 1% este año. Si bien esto se revisó a la baja con respecto a las perspectivas anteriores del gobierno que contemplaban un crecimiento del 1,5% en 2019, prevemos un crecimiento este año en torno al 0%.

El crecimiento del PIB real fue de -0,2% en el cuarto trimestre de 2018, después del -0,1% del tercero. El indicador de crecimiento coincidente(Ita-coin) de Italia cayó al -0,25% en enero de este año, la lectura más débil desde noviembre de 2014. El PMI compuesto se situó en 48,8 en enero, después de un promedio de 49,5 en el cuarto trimestre de 2018, debido a la reducción en las manufacturas. La confianza de las empresas ha disminuido, a pesar de que la de los consumidores se ha mantenido relativamente bien.

Tuvimos en cuenta la recesión técnica en la segunda mitad de 2018, así como una superación del objetivo de déficit de las administraciones públicas en 2019, en la rebaja de rating a BBB+ llevada a cabo en diciembre.

Lo que es más significativo en esta etapa es la escala y la durabilidad estructural del bajo rendimiento económico y fiscal. Dada la desaceleración económica, es probable que los déficits más elevados se extiendan hasta 2020 y 2021, lo que hace que la aprobación de la próxima ley presupuestaria sea aún más complicada que en 2019.

El gobierno se encuentra en la necesidad de llevar a cabo estímulos fiscales este año sólo para mantener el crecimiento en torno a cero debido a la debilidad de la confianza de los inversores y las empresas en relación con las preocupaciones que rodean a las políticas de la coalición, la ampliación de los diferenciales del mercado de bonos y la ralentización generalizada en toda Europa. Si antes los ejes de la campaña, como la renta universal y el sistema de pensiones Quota 100, debían facilitar la convergencia de la tasa de crecimiento de Italia con la del resto de Europa, ahora son necesarios sólo para evitar una prolongación de la recesión.

La deuda de Italia con respecto al PIB aumentaría modestamente hasta el 134,6% en 2021, desde el 131,7% de finales de 2018, en un escenario en el que los déficits presupuestarios más amplios en 2019-21 se situarían en el 2,9% del PIB, con un menor crecimiento económico y unas tasas de financiación del mercado constantes (incluido el rendimiento del bono a diez años del 2,7 %).

Esto pone de relieve la magnitud de los retos que rodean a la sostenibilidad de la deuda italiana. Sin embargo, las múltiples fortalezas crediticias de Italia, incluida la pertenencia a la eurozona y la importancia sistémica del país como emisor soberano con el mayor volumen de deuda nominal de Europa, de 2,3 billones de euros, aumentan la probabilidad de apoyo multilateral en caso de una crisis severa. Además, destacamos un récord en el superávit primario desde 2010, una estructura de deuda favorable, con un vencimiento medio de la deuda pública de 6,8 años, una economía grande y diversificada y una deuda privada no financiera moderada del 155% del PIB.

Por último, la divergencia en la agenda económica y social entre la Liga y el M5S sigue siendo amplia, lo que pone en tela de juicio la longevidad del gobierno y su marco político asociado.

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