domingo, 19 mayo 2019
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El coste del populismo

Bert Flossbach, cofundador de Flosshbach von Storch AG

08 de marzo de 2019. 11:40h Bert Flossbach
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La globalización ha sacado a más de mil millones de personas de la pobreza extrema en los últimos 30 años y les ha dado un nivel modesto de prosperidad. China es el ganador indiscutible de la globalización. El producto interior bruto (PIB) chino se ha multiplicado por once desde el año 2000, pasando de 1,2 billones de dólares a alrededor de 13,5 billones de dólares, lo que representa una importante contribución al crecimiento de la economía mundial. Esto también ha beneficiado a muchas empresas y a sus empleados en los países industrializados tradicionales. China incluso se ha convertido en el mayor mercado para algunas empresas europeas.

Pero en este proceso también hay perdedores, y muestra de ello son las regiones desindustrializadas y despobladas en Estados Unidos y Europa. A pesar de la reducción general del desempleo, la clase media tradicional está luchando con la pérdida de estatus social y de empleos bien remunerados y la inmigración les hace sentir aún más como los perdedores de la globalización. El Brexit, la victoria electoral de Donald Trump, el gobierno de coalición italiano del populista Movimiento 5 Estrellas y el partido de derecha Liga Norte, y el movimiento de protesta de los chalecos amarillos en Francia también deben considerarse como resultados de esta tendencia. El sentimiento de no ser tomado más en serio por los políticos establecidos ha desdibujado la línea tradicional entre la izquierda y la derecha. Ambas partes están unidas por el escepticismo de la globalización y la inmigración, una baja opinión del “establishment” y la creencia en una nación fuerte que pueda proteger completamente a sus ciudadanos contra los intrusos y los riesgos sociales.

Las promesas electorales del gobierno italiano, las concesiones del presidente francés Emmanuel Macron a los chalecos amarillos y las políticas de Donald Trump (reforma fiscal, muro de Estados Unidos y México) muestran que el populismo tiene altos costes. Conduce a un aumento de los déficits presupuestarios y de la deuda nacional. Esto es particularmente problemático en la zona euro, ya que el incumplimiento a largo plazo de los criterios de estabilidad de Maastricht pondría en riesgo la divisa. Francia, por ejemplo, podría tener un déficit presupuestario de más del 3% en 2019 debido a las medidas conseguidas por los chalecos amarillos, ya que los recortes en otras áreas, como el aparato estatal sobredimensionado, serían casi imposibles de lograr políticamente. Lógicamente, esto provoca envidia en los italianos. ¿Por qué deberían cumplir los objetivos de déficit que los franceses pueden superar sin penalización, especialmente teniendo en cuenta que Italia ha tenido déficits más bajos que Francia durante años? El presidente de la Comisión de la UE, Jean-Claude Juncker, respondería "porque es Francia". Pero esto probablemente no contentaría a Italia por mucho tiempo.

La disciplina presupuestaria se está consumiendo gradualmente en la UE. El ahorro por unos tipos de interés más bajos no se utiliza para la consolidación del presupuesto, sino para financiar promesas electorales caras o defender el poder propio. Dado que los beneficios prometidos son de naturaleza permanente, es casi imposible revertirlos.

El populismo conduce a una política fiscal más expansiva que puede generar estímulos económicos a corto plazo, siempre que no paralice la economía, como en Francia. Sin embargo, a largo plazo, el populismo eleva la deuda nacional, ya sea debido a costosos programas gubernamentales o a medidas especiales para calmar las protestas. Esto también se aplica no solo a la eurozona, sino también a EE. UU., que aumentará su déficit a casi el 5% en el año presupuestario actual.

Bert Flossbach, cofundador de Flosshbach von Storch AG