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Vivimos tiempos inciertos

Alfredo Álvarez-Pickman, gestor del fondo Key Capital OCHO

25 DE marzo DE 2020. 11:12H Alfredo Álvarez-Pickman

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Estos son días en los que uno no necesita asesoramiento financiero, necesita un psicólogo. Por eso, cuando trabajas en el sector financiero, la gestión de personas es siempre más importante que la gestión de las inversiones.

Días como estos son la demostración de que, incluso un elevado coeficiente intelectual, tiene sus limitaciones en los mercados. No importa lo inteligente que seas si no tienes el temperamento adecuado para mantener la cordura cuando todo parece enloquecer. Nadie aprende qué tipo de inversor es cuando los mercados suben. Todos aprendemos qué tipo de inversor somos realmente cuando los mercados están cayendo.

Ahora, lo único que le importa a la mayoría de los inversores, es cuánto peor podrían ir las cosas de ahora en adelante. Es una pregunta imposible de responder porque no sólo no tenemos ni idea de cómo se desarrollarán los próximos meses, sino que nadie puede adivinar cómo reaccionarán los inversores y el público en general ante la pandemia a medida que vayamos conociendo más datos.

En el mundo de las inversiones, el espejo retrovisor es más transparente que el parabrisas. Sin duda, los eventos de las últimas semanas son preocupantes y están poniendo a prueba el temple de hasta el más desapasionado de los inversores. Ciertamente, nosotros tampoco somos inmunes al viaje de emociones en ascensor desde finales de la semana pasada, y no hemos dormido bien en los últimos días.

Pero no se asusten. Uno de los peores perjuicios para la generación de riqueza a largo plazo es la venta en pánico. Los inversores suelen correr a comprar en los picos de mercado por miedo a perderse las subidas, y venden en pánico en los suelos porque temen perder toda su inversión. Ninguna de las dos es una estrategia prudente. 

Visión a largo plazo

Como inversores de valor tenemos una visión a largo plazo. Nuestro horizonte de inversión es de más de 5 años. A pesar del creciente número de personas infectadas y el preocupante número de muertes, creemos que el impacto del coronavirus disminuirá con el tiempo y que el virus será finalmente contenido. 

Como inversores de valor, sin importarnos el nudo en el estómago y esa sensación de querer salir corriendo en vez de luchar, vivimos para momentos como este. Estos son los días que ponen a prueba la capacidad de un inversor para vivir según el credo basado en el valor: comprar barato, vender caro, buscar calidad y valor con un descuento sobre su valor intrínseco estimado, ser paciente y mantener sus emociones bajo control.

¿Cuántos inversores desearían poder mantener sus emociones a un lado, seguir unos cuantos gráficos y comprar en el mercado a precios bajos? Incluso si tuvieras un indicador mágico, es muy poco probable que seas capaz de mantener tus emociones a raya para apretar el gatillo. Los humanos son primates de manada social, una especie que evolucionó a lo largo del tiempo con la cooperación del grupo como estrategia de supervivencia. Estamos programados para no luchar contra la multitud, y es increíblemente incómodo hacerlo. Cuando llega el momento de comprar no querrás hacerlo.

Estos son tiempos inciertos e incómodos para todos los inversores. Encontramos reconfortante centrarnos en el valor de las empresas que poseemos en contraposición al precio actual. Las grandes distorsiones en los mercados financieros traen extraordinarias oportunidades de inversión, lo que significa que, en lugar de temer, tal vez deberíamos celebrar el doloroso proceso del auge y la caída. 

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