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Un nuevo paradigma económico enfocado en la sostenibilidad

Por Daniel Morán Rodríguez, Project Manager en Euro-Funding

04 DE julio DE 2022. 11:33H Daniel Morán Rodríguez

Bioeconomía circular dirigentes digital

El aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y la excesiva generación de residuos son algunos de los grandes problemas a los que se enfrenta nuestro planeta en la actualidad, y que además de perjudicar al medio ambiente y a los seres humanos, afectan a la economía en su totalidad. En este contexto, la bioeconomía y la economía circular juegan un papel decisivo.

En febrero de 2012, la Comisión Europea (CE) lanzaba una comunicación bajo el título: “Innovar para un crecimiento sostenible: una bioeconomía para Europa”. Esta estrategia proporcionaba un primer marco para estimular el desarrollo del conocimiento, la investigación y la innovación en este campo. El documento define la bioeconomía como la producción de recursos biológicos renovables y su conversión en alimentos, piensos, bioproductos y bioenergía.

Según la Estrategia de Bioeconomía actualizada que fue publicada en 2018 por la CE, la bioeconomía abarca y une los ecosistemas terrestres y marinos y los servicios que ofrecen; todos los sectores de producción primaria que utilizan y producen recursos biológicos (agricultura, silvicultura, pesca y acuicultura); y todos los sectores económicos e industriales que utilizan recursos y procesos biológicos para producir alimentos, piensos, bioproductos, energía y servicios (excepto biomedicina y biotecnología de la salud).

Por otro lado, la CE dio a conocer su primer plan de acción en economía circular en 2015. La economía circular se definió como aquella en la que el valor de los productos, materiales y recursos se conserva durante el mayor tiempo posible y donde se minimiza la generación de residuos. Bajo este concepto, el modelo de producción lineal (tomar, hacer, usar y desechar) se sustituye por un modelo circular en el que los residuos permanecen en el ciclo del sistema el mayor tiempo posible. Este tipo de economía busca aumentar la proporción de recursos renovables o reciclables y reducir el consumo de materias primas y energía y, al mismo tiempo, proteger el medio ambiente mediante la minimización de emisiones y corrientes secundarias. 

En 2020, la CE daba un nuevo paso adelante y adoptaba un nuevo plan de acción en economía circular como uno de los principales pilares del Pacto Verde Europeo. El nuevo plan de acción tiene en cuenta todo el ciclo de vida de los productos y se centra en los sectores que utilizan más recursos y donde el potencial de circularidad es mayor: electrónica y TIC, baterías y vehículos, embalaje, plásticos, textiles, construcción y edificios, alimentos, agua y nutrientes.

Está claro, por tanto, que tanto la bioeconomía como la economía circular han generado atención creciente durante la década pasada. A finales de esta, un concepto que combinaba aspectos importantes de ambas realidades empezaba también a sonar con fuerza: la bioeconomía circular. Esta surge como consecuencia de la integración de ambas con la intención de crear un nuevo modelo sostenible para las esferas económica, social y medioambiental.

Pero, ¿sabemos en qué consiste este nuevo concepto? La bioeconomía circular se centra en la valorización sostenible y eficiente de biomasa a través de cadenas de producción integradas y multiproducto (por ejemplo, biorrefinerías) al mismo tiempo que se hace uso de residuos y se optimiza el valor de la biomasa a lo largo del tiempo a través de cascadas. El uso de la biomasa como recurso es el punto de intersección clave entre la bioeconomía y la economía circular. 

La preocupación por la alteración de las cadenas alimentarias y otras cuestiones relacionadas con la sostenibilidad ha propiciado un giro hacia el uso de biomasas categorizadas como coproductos, subproductos y residuos. La utilización de corrientes de biomasa residual como materia prima para la generación de bioproductos puede suponer una reducción drástica de los residuos a escala global. Y, presenta claras coincidencias con el modelo de economía circular: mitigar la dependencia de materiales vírgenes, mantener los materiales en el sistema por más tiempo, cerrar bucles e incrementar la productividad de los recursos. Al mismo tiempo, se busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a través del uso de materias primas renovables en lugar de fósiles.

A nivel europeo, se están poniendo en marcha programas de financiación exclusivamente relacionados con la bioeconomía circular como la primera convocatoria de  la “Circular Bio-based Europe Joint Undertaking” (CBE JU).  También existen otros programas como “Horizonte Europa – Clúster 6” o “LIFE – Subprograma de Economía Circular y Calidad de Vida”, que contribuyen a una mejor gestión de los recursos naturales mediante cambios transformadores de la economía y la sociedad tanto en las zonas urbanas como rurales.

Por su parte, las Comunidades Autónomas están lanzando convocatorias de ayudas en las que se contemplan actuaciones de recogida separadas de residuos y construcción de instalaciones para el tratamiento de biorresiduos y de preparación para la reutilización y el reciclado de otro tipo de residuos. Y también a nivel nacional existen programas más focalizados en I+D+I y Sostenibilidad donde la economía circular está muy presente como prioridad temática esencial en actuaciones industriales.

La bioeconomía circular se plantea como la alternativa del futuro y las empresas que deseen mantener su posición en el mercado deberán adaptarse y adoptar un nuevo modelo productivo basado en la optimización del uso de recursos y materias primas. La bioeconomía circular es, por tanto, un nuevo paradigma económico, enfocado en la sostenibilidad, que intenta sincronizar la economía con el medioambiente y los objetivos sociales. Y, por tanto, su despliegue derivará en una mejora del bienestar del conjunto de la ciudadanía.
 

Noticia actualizada: 04-07-2022 11:34

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