lunes, 22 julio 2019
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Opinión

Cuando las recomendaciones acechan

Jesús Alcoba es Director de La Salle International Graduate School of Business

04 de julio de 2019. 10:12h Jesús Alcoba

El debate más importante sobre la era de la digitalización ubicua no es sobre la interacción hombre-máquina, ni sobre la creación o destrucción de puestos de trabajo como consecuencia del auge de los robots. Ni siquiera es sobre la brecha digital. El debate más importante de nuestra era es sobre la libertad.

Vayamos donde vayamos, ya se trate de opciones de ocio y entretenimiento, de cultura y por supuesto de compra, nos topamos con las ubicuas recomendaciones, acechando como buitres, luchando por ganar el lienzo de nuestra conciencia para provocar una conducta que no habíamos planeado y tal vez ni siquiera imaginado.

Hoy día es casi imposible ver una película que un algoritmo no haya recomendado, comprar un electrodoméstico o unas vacaciones sin dejarse influir por valoraciones previas, o pasar más de un día sin atender a los contactos sugeridos en las redes sociales. Todo es recomendación.

En el debate más importante de nuestra era la cuestión central no es si somos libres, porque es obvio que no. La cuestión más relevante es si seguimos queriendo ser libres. En otro tiempo se invirtieron ingentes recursos y esfuerzos para conquistar espacios de libertad. No solo de determinados colectivos y grupos sociales, sino de la humanidad entera. Vivir sin ataduras se consideraba un valor. Quizá el más importante de todos.

Tal vez nunca hemos podido ser tan libres como ahora y, paradójicamente, más hemos mirado hacia otro lado para disimular el hecho evidente de que no lo somos y de que posiblemente hayamos dejado de querer serlo.

La publicidad siempre ha existido. Pero jamás los mecanismos para influir en la conducta y en el pensamiento del ser humano habían alcanzado cotas tan excesivas. Porque no se trata de la insistencia de uno solo de esos influjos, sino de la suma acumulativa de todos ellos: constantes recomendaciones de productos, servicios, amistades, de opciones ideológicas y políticas. Una atmósfera sofocante y absoluta de la que no hay donde esconderse.

Hoy, que el pensamiento crítico ha sido declarado la segunda habilidad más importante en la cuarta revolución industrial por el World Economic Forum, convendría volver a pensar sobre la libertad. Sin apenas darnos cuenta, cada vez que hemos proclamado el credo de la sociedad del bienestar, de la vida fácil, del obtener lo que sea sin apenas invertir tiempo o esfuerzo, hemos ido avanzando por una senda inquietantemente peligrosa. La que deja en manos de otros nuestra conducta y, lo que es más inquietante, nuestro pensamiento. Una senda en la que aceptamos sin apenas valorar o cuestionar.

La visión más distópica hoy día no es ya la de un mundo de robots que aniquilan o someten a los seres humanos. Es la de una humanidad con el pensamiento secuestrado, la de un mundo sin libre albedrío. La de una sociedad que sigue pulsando el botón de lo recomendado arrojando por la borda décadas, siglos de conquista del bien más preciado que teníamos y que no sabemos si hemos dejado de apreciar: la libertad.