viernes, 19 abril 2019
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Opinión

El arte de conducir en los negocios

Por Jesús V. Izquierdo, Chief Leader Officer en The Worldgate Group

20 de marzo de 2019. 11:10h Jesús Izquierdo

Las similitudes entre el mundo de los negocios y el arte de conducir han sido expuestas en numerosas ocasiones por gurús del management, basta recordar la famosa máxima de Mario Andretti que nos recuerda algo a tomar en cuenta a distintos niveles de la estrategia empresarial: “Si todo parece estar bajo control, significa que no vas lo suficientemente rápido”.

En la actualidad, existen semejanzas entre las competencias que ha de poseer un buen piloto y las destrezas de un excelente directivo. Hoy, los pilotos de carreras tienen que enfrentarse a la complejidad de la tecnología, han de potenciar su agilidad visual y deben ser capaces de gestionar más de veinte botones a 300 km/h. Sin embargo, quizá lo más retador de la nueva Fórmula 1 es la importancia que ha adquirido la inteligencia real. Los pilotos han de manejar una alta cantidad de datos, en milésimas de segundo ya que el volante de un Formula 1 es un ordenador central capaz de controlar todos los parámetros del coche.

En el mundo de la empresa, la gestión de las organizaciones se ha convertido en algo similar a pilotar en un circuito de carreras, una velocidad vertiginosa, una ingente cantidad de datos que interpretar y un cada vez más pequeño tiempo de reacción. En estos dos últimos elementos y en cómo se conjugan, reside la clave de una buena gestión empresarial en los entornos actuales.

La enorme capacidad de producir información que las organizaciones tienen en la actualidad es un hecho que se está intentando orientar hacia la toma de decisiones de negocio, pues se ha demostrado que los datos ayudan a realizar mejores predicciones y decisiones más inteligentes. Las tres características que describen lo que es big data, gran volumen de información, producciones de datos a alta velocidad y procedentes de diversas fuentes, requieren de una figura empresaria con destrezas específicas para aprovechar el conocimiento creado.

Como ocurre en la Formula 1, al final alguien tiene que tomar la decisión, y esa persona es el piloto que va al volante o el directivo que está a los mandos de un proyecto u organización. En cualquier caso, esa figura ha de tener una capacidad analítica para entender la información que recibe, pero también ha de ser capaz de dejar atrás una confianza extrema en su experiencia o en su intuición.

La otra gran competencia en este imperio de los datos es la habilidad resolutiva. Aunque la finalidad de la información sea tomar las mejores decisiones posibles, lo importante, en última instancia, es que las decisiones se asuman, por ejemplo, se habrá de resolver cuándo es preciso dar un acelerón en el negocio o cuando es más pertinente contenerse.

¿Y cómo se adquieren estas habilidades para lidiar con el big data? La respuesta es sencilla en su enunciación, pero compleja en su desarrollo, y es que la única opción factible son las horas de entrenamiento en el estudio y en el análisis de los datos. Y si se hace correctamente, podrá suceder como a Fernando Alonso, que, en un simulador, con los ojos cerrados, es capaz de identificar en qué circuito se encuentra, teniendo en cuenta solamente el movimiento del volante.