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El origen de la excelencia es el propósito

Ignacio Babé es el CEO del Club Excelencia en Gestión, entidad a la que lleva vinculado más de 5 años. Es un experto en transformación organizacional, mejora de la gestión y estrategia empresarial. Ha trabajado durante más de 25 años en consultoría estratégica y operativa, ayudando a empresas y organizaciones a mejorar su estrategia, procesos y resultados.

17 DE febrero DE 2020. 11:09H Ignacio Babé

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Claro, lo primero para ser bueno es proponérselo. Pero para ser excelente además hay que esforzarse todos los días, sin desfallecer, porque la excelencia, la calidad, el éxito y la felicidad no se justifican por su existencia sino por su búsqueda permanente. Hay que generar un círculo virtuoso.

El propósito alinea a todos los miembros de una organización en una aspiración común para generar un impacto positivo a sus grupos de interés y contribuir al desarrollo sostenible dando sentido a la transformación.

Como dice Álvaro Lleó, Profesor de la Universidad de Navarra, “el propósito resalta la razón de ser de la organización, es la estrella que guía el camino y que es capaz de dar sentido al día a día. El propósito refleja la contribución que una organización hace a la sociedad, más allá de hacer dinero. Un buen propósito, y ahí reside su potencial, tiene la capacidad de atraer y comprometer talento, aumentar la unidad entre los miembros de la organización y potenciar el desempeño organizativo. Por eso, no nos llama la atención que se haya denominado el 2020 como el año del propósito.”

Por esto, en un Modelo como el de EFQM, hay que empezar por lo verdaderamente importante, definir el propósito. A partir de aquí, definir una buena estrategia alineada pero, sobre todo, organizar a las personas con valores y comportamientos que permitan alcanzar los objetivos fijados. Y entonces con un buen análisis del ecosistema seleccionar y focalizar los grupos de interés para orquestar los procesos de generación de valor para cada uno de ellos, incluyendo como innovar y cambiar, transformarse, continuamente. Pero como el propósito es algo más duradero que la estrategia es necesario estar preparándose para el futuro con objeto de seguir siendo bueno, excelente.

Tener un buen propósito no es suficiente, porque los resultados no llegan solos, pero ayuda a dar forma a la propuesta de valor y la experiencia integral del cliente generando fidelidad. En el caso de las personas que trabajan en la organización el propósito ayuda al desarrollo de nuevos líderes, refleja el valor social que se ofrece a las personas, asegura su compromiso formal e inspira y atrae el mejor talento. En los líderes, el propósito genera motivación, sentido de pertenencia, compromiso e inspiración; actúan y toman decisiones congruentes con el propósito; orientan la innovación inspirados por el propósito. En cuanto a los partners y aliados, el propósito alinea y asegura el compromiso formal y compartido en redes de colaboración. Finalmente, para la sociedad, esta recibe el beneficio que se ha propuesto entregar la organización contribuyendo habitualmente a los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS).

Y cuando se es capaz de entregar valor a los clientes generando experiencias que les vinculen empiezan a llegar los resultados de forma sostenible. Si, además, el propósito hace que los líderes tomen sus decisiones considerándolo siempre, es más fácil atraer al talento e inspirar a las personas para conseguir los resultados deseados. El propósito debe empujar a una organización a intentar ser líder en su ecosistema de partners y aliados no para conseguir un mayor beneficio sino para trabajar de una manera colaborativa y eficiente, poniendo las bases para contribuir a Objetivos de Desarrollo Sostenible propios del sector. Esto es lo que dará resultados medibles de mejora de la sociedad.

Pero este círculo virtuoso de la excelencia queda incompleto si nos conformamos con que el propósito se vaya convirtiendo en resultados satisfactorios para todos los grupos de interés y una vez logrados repitamos indefinidamente el ciclo. Esto solo nos hará caer en la autocomplacencia, en una falsa sostenibilidad. Vivimos en un mundo cambiante y con numerosas incertidumbres por eso es necesario anticiparse al cambio, innovar continuamente, prepararse para el futuro. Parafraseando a Heráclito: “Es al cambiar que encontramos un propósito”. Y cuando esa preparación para el futuro nos lleva a cambiar para adaptarnos mejor al entorno, entonces sí que podemos afirmar que se ha completado el círculo virtuoso de la excelencia porque habremos cambiado e innovado en todo lo necesario para volver a ser excelentes de acuerdo al propósito original.

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