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La guerra y nuestros frentes

Por Ignacio Babé, director General y CEO del Club Excelencia en Gestión

16 DE junio DE 2022. 11:42H Ignacio Babé

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En un periodo tan convulso como el que estamos viviendo en el mundo, y en España, solo nos faltaba una guerra. En realidad, lo de Rusia y Ucrania es una invasión territorial que, como todas ellas a lo largo de la historia, ha generado una guerra. 

Pero no es esta guerra, de momento distante (3.300 kilómetros), la única que debe preocuparnos a los españoles. Nosotros tenemos nuestra propia guerra, por no perder nuestro papel en el mundo. Aunque con una diferencia fundamental: en aquella, se siegan vidas a diario; en las nuestras, se empeoran las vidas, pero no desaparecen. Nosotros tenemos frentes abiertos en, al menos, lo político, económico, educativo, social, laboral, medioambiental/rural y ético. 

En general, seguimos sin creer en nuestras propias capacidades y en la utilización de nuestros recursos más valiosos. En concreto, al ingente talento disponible, en numerosos campos y actividades (deportes, ciencia, …), y a los formidables recursos naturales de que disponemos (sol, dieta mediterránea,). Nuestras pacíficas armas.

Decía W. Churchill, que “el que se arrodilla para conseguir la paz, se queda con la humillación y con la guerra”. Y en lo político, me temo que llevamos muchos años arrodillados, en España, ante temas como el aborregamiento de la sociedad civil, procurado por los políticos de todo signo, para que no cuestionemos su “status quo”, saber cuántos son y con cuántos asesores cuentan, conocer sus condiciones al abandonar el servicio público de la política, etc. Y sobre todo, de si representan a los ciudadanos o solo a los partidos por los que han sido elegidos.

Nuestro sistema económico tiene problemas estructurales desde hace muchos años y nos hemos acostumbrado a vivir con ellos: déficit en las cuentas del estado, deuda pública, falta de inversión en I+D+i, legislación poco propicia para emprender, reforma de las pensiones, rigidez regulatoria, empleo precario, tamaño pequeño de nuestras empresas (salvo honrosas excepciones) para la competencia global y un Ibex 35 dominado  por la banca y las empresas de energía (>50%), frente a las empresas de tecnología y telecomunicaciones, que suponen un 18%, o las de alimentación y bebidas, que no tienen representación.

La educación es el futuro de los pueblos. Y Goya, un visionario, retrató la situación de esta España en sus pinturas negras hace 200 años. Esta es la descripción de una de ellas: “enterrados hasta las rodillas, dos españoles arreglan sus asuntos a garrotazo limpio en un paraje desolado. Uno a la izquierda, otro a la derecha”. ¿Resulta familiar? Pues así, seguimos. Uno atiza con la LOMCE. El otro, golpea con la LOMLOE. No quieren llegar a un pacto de estado por encima de sus partidos, de su ideología, de su sectarismo. No se plantean que tipo de educación se debería impartir en España, no para subir en el ranking de PISA, sino para dotar a nuestros jóvenes de las capacidades para desarrollar su talento en las empresas y organizaciones del futuro. Y el “paraje desolado”, es el enorme y estructural desempleo juvenil (entre el 20 y el 40% en lo que llevamos de siglo), que arrastramos desde hace décadas.

Nos preocupa el medioambiente y el coste de la energía. España, junto con Portugal, son los países europeos con más horas de luz solar. Entre 2.500 y 3.000 horas al año para producir electricidad.  Y en España sólo es la tercera fuente de energía renovable, muy por detrás de la eólica y la hidráulica. Pero no se han hecho bien los cálculos del coste de la transición energética, ni en 2012, ni en 2022. 

Y a la vez, nos olvidamos del mundo rural, el despoblado, el abandonado por casi todos. Tenemos un sistema de alimentación basado en la dieta mediterránea, que hace que España esté entre los cinco primeros del mundo, en esperanza de vida. No hemos colocado nuestra excelente cocina fuera de nuestras fronteras, ni tenemos el reconocimiento internacional que nos merecemos. ¿Cómo es posible que habiendo tenido el mejor restaurante del mundo durante años y con más de 10 restaurantes con tres estrellas Michelín no tengamos más presencia culinaria en los principales países, como los franceses o los italianos? 

¿Y el frente de la ética? No podemos darnos por derrotados. Hace un tiempo circuló una viñeta, por muchos móviles, en la que un niño le dice a su padre: “Papá he decidido hacer carrera en el crimen organizado” y su padre levanta la vista del periódico para preguntarle: “Gobierno o sector privado”.  Hay que dar la batalla activa contra la corrupción, venga de donde venga y sea del color que sea. Y aquí es donde más habría que reforzar el pacto entre políticos y la sociedad civil, sin contemplaciones.

Estas son algunas de nuestras batallas más acuciantes, y tenemos que darlas combatiendo la mediocridad (X. Marcet dixit) que se va extendiendo en muchas áreas y sectores en España. Es necesario hacer una apuesta seria por una gestión excelente, para generar confianza en la sociedad, o no daremos el salto cualitativo que nos hace falta.
 

Noticia actualizada: 16-06-2022 11:42

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