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La individualidad alimenta el ingenio, así que ¿por qué no ser uno mismo?

James Petter, vicepresidente Internacional de Pure Storage

13 DE abril DE 2021. 16:38H James Petter

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Cuando nos encontramos con circunstancias extremas, recurrimos a las hipérboles. Es difícil expresar lo distinto que ha sido el año 2020 para la mayoría de nosotros comparándolo con cualquier otro año de nuestras vidas. El teletrabajo, que para algunos es una utopía, ha obligado a otros a hacer un gran esfuerzo para adaptarse. Un informe reciente de Cisco ha puesto de relieve que en las organizaciones hay de media 4,7 veces más empleados teletrabajando que antes de la pandemia, lo que ha hecho que los jefes de equipo tengan que enfrentarse a un trabajo muy difícil: animar, tranquilizar, motivar... Pero sin ver ni relacionarse físicamente con las personas.

Esta experiencia remota ha traído consigo sus propias tensiones. La continuidad operativa o la falta de esta ha tenido unos efectos que se extienden como una oleada por las economías nacionales y regionales. Los líderes empresariales, que ahora actúan a distancia, tienen que encontrar formas de mantener la productividad fomentando un espíritu colectivo positivo. Cualquier bajada del estado de ánimo podría contagiar a un grupo, por lo que los responsables tienen que enfrentarse al reto de lograr que las actitudes sean positivas a diario. Para ello, es fundamental inculcar la importancia de tener una mentalidad enfocada al crecimiento personal — aceptar comentarios constructivos, probar cosas nuevas y aprender de los errores. Si trabajamos en ello como individuos, ayudaremos colectivamente a todo el equipo.

La versión profesional de nosotros mismos

Según un estudio de Robert Half, el 80% de los empleados de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) afirma que prefería trabajar desde casa una vez que haya pasado la pandemia de la COVID-19, citando el ahorro de tiempo y dinero y las ganancias de productividad. Esta esperada prevalencia del teletrabajo tiene consecuencias para unos equipos que están dispersos por todo el mundo. Es importante entender que el aislamiento inherente al teletrabajo puede cambiar las motivaciones de los empleados, su enfoque del trabajo y su entusiasmo. Algunos pueden sentirse más cómodos en un entorno de oficina tradicional; otros, en cambio, pueden preferir sus casas. La adaptación a estos cambios será fundamental para tratar de mantener la moral alta.

Aquí convendría recordar el consejo de Oscar Wilde de «Sé tú mismo, los demás puestos ya están ocupados». Pero para muchos de nosotros, en el lugar de trabajo, no es algo tan sencillo. Antes incluso de que nos afectara la pandemia, cada uno de nosotros ya tenía una versión profesional de sí mismo, que sacaba en la oficina y que guardaba de camino a casa.

De hecho, un psicólogo estadounidense indica que para nosotros es natural cambiar de personalidad en el entorno profesional, sobre todo para cumplir las expectativas de los demás. «Actuar» profesionalmente parece que es una práctica muy extendida, que se ha consolidado como la actitud lógica que hay que tener. Casi se ha convertido en una cultura con vida propia y sus beneficios son cuestionables. En primer lugar, exige un esfuerzo — lo que significa que, en sí mismo, es un factor activo de generación de estrés — y en segundo, impide el diálogo sincero, lo que puede conllevar una pérdida de oportunidades.

Servir para liderar

Responder a la naturaleza única del enfoque humano puede parecer agotador, pero para construir esa utopía de índices de retención de talento óptimos y trabajadores satisfechos y productivos hay que aceptar un hecho simple: cada persona es un individuo, salvo en su deseo de ser tratada como tal.

Los líderes deben entender este punto y esforzarse por incorporarlo a su estilo directivo. Escuchar y aprender. Interesarse por cada miembro del equipo. En el mundo del teletrabajo, las videoconferencias ofrecen una ventana más personal a las vidas domésticas de los participantes. Hay que hacer preguntas y tomar notas mentalmente. Dejar un tiempo para las sesiones regulares cara a cara y buscar ayuda externa y formación si es necesario, para saber mejor qué es lo que mueve a nuestra gente.

Manténgase flexible y esté preparado para dar ejemplo a su equipo. Nunca debe esperar que alguien haga algo que usted mismo no haría. Sea sincero sobre lo que defiende y actúe en consecuencia. Deje muy claro cuáles son sus expectativas, pero asegúrese de que los demás pueden elegir cómo alcanzar esos objetivos.

Para alcanzar estas metas, y mantener unos niveles competitivos de productividad, los líderes no deberían tener miedo de mostrar su propia humanidad. Los conflictos se afrontan y se superan más fácilmente si los equipos entienden que estos afectan a todos, si todo el mundo sabe lo que está en juego y si todos se ayudan mutuamente.

Muchos puntos de vista, muchas ideas

Wilde tenía razón en algo; si los responsables muestran su lado humano, animan a que otros (dentro de unos límites) dejen caer su fachada de «versión profesional». Esto reduce el estrés en los individuos y hace que el equipo se consolide y se una de una manera mucho más eficaz. Por ejemplo, en los países del Golfo, solemos ver equipos en los que no hay dos personas de un mismo país. Si los líderes de dichos equipos fueran capaces de sacar a la luz los puntos de vista únicos de cada miembro del equipo, imagine la innovación que podría conseguirse. Este ha sido desde hace mucho tiempo el secreto del éxito de países como los EAU — muchos puntos de vista, muchas ideas. El resultado es ingenio a gran escala.

Será muy importante entender estos conceptos a medida que sigamos teletrabajando. Es posible que algunos de nosotros ya hayamos visto los cambios en las dinámicas de los equipos causados por el modelo de teletrabajo. Los líderes que prestan atención deberían ser capaces de aprovechar estos cambios en beneficio del equipo, de la empresa y de la economía en general.


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