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La RSC en el mundo de la COVID-19

Presidente de la fundación Ayuda Efectiva, Pablo Melchor

18 DE mayo DE 2020. 10:57H Pablo Melchor

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Parón de actividad. Una doble crisis de oferta y demanda. Despidos, ERTEs, cierres de empresas. Es comprensible que la Responsabilidad Social Corporativa quede relegada a un segundo plano mientras las empresas se centran en mantenerse a flote o se replantean su modelo de negocio para un mundo diferente. Sin embargo, hay una alternativa al todo o nada en la RSC: esta crisis puede ser una ocasión para ir hacia una RSC más efectiva, en la que las organizaciones busquen maximizar el retorno social de cada euro invertido.

Si orientamos nuestra RSC hacia la ayuda efectiva, es posible hacer más con menos. En un mundo globalizado, tenemos la oportunidad de hacer llegar nuestra ayuda a las personas que más lo necesitan. Sin embargo, si aspiramos a maximizar nuestros resultados, igual que haríamos en cualquier otra actividad, es imprescindible seleccionar cuidadosamente el destino de los recursos. En primer lugar, es muy importante elegir en qué problemas trabajar. En general, nuestro impacto será mayor en problemas grandes, que tengan fácil solución con más recursos y que estén relativamente desatendidos. En segundo lugar, debemos evaluar qué proyectos consiguen más resultados con un determinado coste. La elección de problemas prioritarios y de soluciones con buena relación coste-efectividad nos lleva a poner el foco en los países más pobres. Es allí donde podemos salvar más vidas o mejorar notoriamente la vida de más personas con unos mismos recursos.

Si la pandemia de COVID-19 ha provocado la saturación de un sistema sanitario tan eficiente como el español, acompañada por una reducción del PIB que el Fondo Monetario Internacional (FMI) estima en un 8%, ¿cuál puede ser el efecto en países más pobres? La previsión es que el efecto será devastador. Desde el punto de vista sanitario, una de las consecuencias más graves de la pandemia es la amenaza de que otros programas de salud esenciales dejen de recibir los medios necesarios. A pesar de los grandes progresos de las últimas décadas, la malaria, por ejemplo, sigue matando a más de 400.000 personas al año. Más de la mitad son niños menores de 5 años. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que es esencial mantener los programas de prevención de la malaria para no retroceder y para no saturar aún más los frágiles sistemas sanitarios de los países más pobres.

Desde el punto de vista económico, el número de personas viviendo en pobreza extrema podría incrementarse por primera vez desde hace tres décadas. Sin el efecto de esta crisis, más de 700 millones de personas vivían ya con menos de 53 euros al mes. Si utilizamos nuestros recursos para ayudar a estas personas, nuestro impacto puede ser transformador. Con solo 1.000 euros podemos comprar mosquiteras tratadas con insecticida que protejan a 430 personas de la malaria. Esos mismos 1.000 euros podrían duplicar durante tres meses los ingresos de cinco personas. Aunque en una coyuntura difícil no podamos destinar tantos recursos a la RSC, nuestro impacto puede seguir siendo muy significativo.

Este replanteamiento de la RSC ofrece múltiples ventajas. Por un lado, demuestra un compromiso no solo con la acción social, sino con la obtención de resultados. La empresa que adopta un enfoque de ayuda efectiva busca que sus recursos ayuden lo máximo posible al máximo número de personas. Por otro, en momentos difíciles como el actual, la ayuda efectiva permite continuar teniendo un impacto importante al concentrar los recursos allí donde obtienen un mayor rendimiento. Por último, de cara a la involucración de los empleados, este modelo hace muy patente que, a pesar de las dificultades actuales, seguimos teniendo a nuestro alcance la oportunidad de ayudar a quienes más lo necesitan. No es el momento de relegar la RSC, sino el momento de enfocarla hacia la ayuda efectiva.

“En BME Growth se puede ganar mucho más del 100% con una empresa, pero también perder todo en otra"