jueves, 17 enero 2019
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Por qué no debes preocuparte si no encuentras tu porqué

Jesús Alcoba es Director de La Salle International Graduate School of Business

08 de enero de 2019. 13:09h Jesús Alcoba

Quizá fue Simon Sinek, con su persuasiva charla, el primero que quiso enseñarnos que lo que debemos pensar para tener éxito es en el porqué, luego en el cómo, y luego en el qué. Y desde entonces andamos todos a vueltas para encontrar nuestro propósito, lo que realmente nos mueve. La pregunta es si esto es imprescindible a nivel personal, es decir, más allá del mundo de las organizaciones, donde verdaderamente es vital no solo saber por qué se hacen las cosas, sino también que todo el mundo conozca y comparta ese propósito.

Es muy probable que las grandes personas que han hecho grandes cosas, tanto como las personas que no se consideran tan grandes, ni consideran que lo es lo que hacen, no puedan explicar del todo ese porqué. Es decir, no puedan expresarlo con palabras. Simplemente sienten algo que no pueden desatender y caminan hacia ese lugar, aunque no puedan definirlo con exactitud.

¿Quería cambiar el mundo Edison con su bombilla? ¿Quería Beethoven pasar a la historia de la música? ¿Sabía Einstein lo que buscaba con su teoría de la relatividad? Lo que sí sabemos es que, en un momento de su vida, hablando del camino que le llevó a uno de los más grandes descubrimientos de todos los tiempos, escribió: “los años buscando en la oscuridad una verdad que uno siente, pero que no puede expresar”. Es muy probable que, como él, muchas personas no puedan poner palabras al motivo último por el cual hacen lo que hacen.

Si se le pregunta a una recién estrenada madre por qué cuida a su bebé, lo más probable es que diga que porque le quiere. Sin embargo, esa afirmación remite a una abstracción tan elevada como incapaz de explicar el fenómeno de una manera específica. La prueba es que, si se le pregunta que por qué le quiere, diga que porque es su hijo, cosa obvia, o simplemente que, en el fondo, no lo sabe. Simplemente (nada menos) lo siente así. Y se comporta de manera acorde a ese sentimiento.

¿Por qué una persona se enamora de otra? ¿Por qué un maestro entrega su vida a sus alumnos a cambio de poco dinero y menos reconocimiento? ¿Por qué hacemos las cosas que hacemos?

La pasión y la pulsión de muchas personas nos dejan sin palabras, porque no se puede poner palabras a algo que habita en lo profundo que somos. Decía William Hazlitt que “aquellos que han producido conocimiento inmortal lo han hecho sin saber cómo ni por qué.” Suena muy bien establecer un camino que va del porqué al cómo y al qué. Tanto como frustrante puede ser no poder expresar qué es lo que, en el fondo, buscamos en la vida con nuestras acciones.

El auténtico valor de un propósito no está tanto en verbalizarlo como en sentirlo y vivir de acuerdo con él. Por eso, quizá deberíamos dedicar menos tiempo a formular nuestro propósito y más a intentar llevarlo a la práctica. Así que, si no puedes formular tu porqué, pero sientes que en esta vida estás llamado a hacer algo, no te preocupes. Simplemente hazlo: el mundo lo está esperando.