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Repensamiento y reinicio de la RSE tras la pandemia

Por Javier Benavente Barrón, presidente de Alares

16 DE abril DE 2021. 11:41H Javier Benavente Barrón

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Tras la Covid-19, las marcas han aprendido el enorme poder que tienen para influir en la sociedad y cambiar el mundo. Los nuevos hábitos de un consumidor cada vez más concienciado de la RSE y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) están forzando a las empresas a ser más responsables, participativas y activas con el mundo que les rodea, social y medioambientalmente. Los clientes, cada vez más críticos, nos piden pasar de contar historias a hacerlas realidad de forma creíble y coherente. Si hace unos años yo decía “hacer negocios y contribuir a mejorar a la sociedad pueden ir de la mano”, hoy afirmo: “hacer negocios y contribuir a mejorar la sociedad deben irremediablemente ir juntos”

Si queremos sobrevivir como profesionales y empresas en este nuevo reinicio que nos abre una realidad más inmunizada, tendremos que reconciliar la emoción y la razón y hacer las cosas con corazón. Siempre he tenido la firme confianza de que cuando das te vuelve centuplicado. 

El primer escenario “más social y humano” de Alares se manifiesta a través de los servicios que prestamos a las empresas (planes de conciliación para empleados, fidelización de clientes, contact center de personas con discapacidad…) y la forma en la que los prestamos. A través de nuestro Centro Especial de Empleo, ofrecemos a las compañías la posibilidad de impulsar su compromiso social contratando servicios “a medida” gestionados en Alares por personas con discapacidad. Además, estas compras denominadas “responsables”, a las empresas les pueden computar como “medida alternativa” para cumplir con la Ley General de Discapacidad.

Por otro lado, la RSC de Alares también se ejecuta a través de dos Fundaciones y entidades sin ánimo de lucro, ONGs. En primer lugar, desde Fundación Alares ponemos el foco en la integración laboral de las personas con discapacidad, en la igualdad de oportunidades y, muy especialmente en estos momentos, en la atención a las personas mayores que viven en soledad gracias al programa “Ilumina vida”. Lo peor del mundo es la soledad, sentir que no tienes con quién compartir tus inquietudes y problemas. Por eso, gracias a esta iniciativa acompañamos las 24 horas a nuestros mayores y les proporcionamos escucha activa a través de un teléfono totalmente gratuito, para hacerles sentir que no están solos, que están acompañados y que han sido y son realmente importantes para la sociedad. De esta forma, nos unimos a los objetivos de la Organización Mundial de la Salud, que ha declarado la década del Envejecimiento Saludable 2021-2030. En este sentido, vinculamos parte de nuestra línea de negocio con nuestra “marca con propósito” devolviendo a la sociedad lo que esta nos da.

Asimismo, desde Fundación Diversidad también retornamos a las empresas parte de lo que nos proporcionan. En este caso, el fomento de la inclusión laboral de personas diversas, de la gestión de dicha diversidad y el fomento de la cultura inclusiva. A través del Charter Europeo de la Diversidad, que promovemos a petición de la Comisión Europea, ayudamos de forma altruista a las empresas para que sean competitivas, generando innovación a través de la inclusión de personas diversas en sus plantillas, por sexo, edad, cultura, origen, orientación sexual o discapacidad, entre otros. 

Por supuesto, si solo se aplica la RSC de forma externa y no tiene un desarrollo a nivel interno puede parecer simplemente imagen y publicidad. Por eso, desde Alares creemos que es fundamental involucrar a la plantilla con el propósito de la marca, y para ello, uno de los factores fundamentales es facilitarles la conciliación de la vida personal y laboral. Y esto tiene que formar parte del ADN de nuestra organización. ¿Cómo? Diseñando planes de flexibilidad horaria acordes a nuestro sector y empresa en particular, fomentando el teletrabajo, facilitándoles servicios reales, tangibles y concretos de asistencia personal y familiar, creando zonas seguras y de confianza entre los managers y empleados, y tratando individualmente a cada una de las personas que componen nuestra plantilla, por grande que esta sea.

Y, por último, de la misma manera que reivindicamos la integración laboral de las personas con discapacidad, nosotros también lo hacemos intentando ser ejemplo para otros. De las más de 540 personas que componen nuestra plantilla interna, en torno al 50% son personas con diversidad funcional reconocida oficialmente. Discriminamos siempre a favor de las personas con discapacidad a la hora de plantearnos cualquier incorporación, pues este colectivo tiene una tasa de paro en España superior al 60%. Son grandes profesionales que, cuando hacemos bien la selección y encajan en el puesto, aman su trabajo, lo adoran, y trasmiten a nuestros clientes su alegría y satisfacción, lo que contribuye a un mayor liderazgo en el mercado. 

En resumen, el nuevo consumidor-ciudadano no pide, sino que “exige” que las empresas y sus ejecutivos se impliquen y sean parte de la construcción de la sociedad. Luchar por un mundo mejor es rentable en todos los sentidos. No es una utopía. Tenemos la oportunidad y la obligación de mejorar nuestro mundo. Si no lo hacemos, el riesgo de desaparecer es muy alto. Yo siempre digo: no hay países prósperos sin empresas prósperas, ni empresas prósperas sin países prósperos.

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