martes, 20 agosto 2019
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«... Un gran salto para la humanidad»: ¿cómo impulsa la tecnología la exploración espacial 50 años después de la llegada del hombre a la Luna?

James Petter es Vicepresidente de EMEA de Pure Storage

23 de julio de 2019. 12:55h James Petter

«Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad». Han pasado 50 años desde que Neil Armstrong pronunció estas famosas palabras, pero hoy en día siguen siendo igual de icónicas e impactantes. Medio siglo después, el aterrizaje del hombre en la Luna es sin duda uno de los acontecimientos más importantes de nuestra historia colectiva.

Desde 1969 los modernos viajes espaciales han avanzado mucho. Por ejemplo, el Telescopio Hubble de la NASA se envió al espacio en 1990 para que hiciera fotografías y nos permitiera comprender un universo inimaginable, en 2012 se descubrió la existencia de agua en Marte y el año pasado se lanzó la primera misión al Sol.

La industria espacial está en plena expansión y no muestra señales de desaceleración. Gracias a los enormes avances tecnológicos, ahora podemos adentrarnos más en la galaxia para explorar territorios desconocidos y posiblemente descubrir nuevos fenómenos. Con las nuevas inversiones en los programas espaciales gubernamentales y la expansión de los viajes espaciales privados, que ahora son viables, nuestras aspiraciones y logros están empezando a superar lo que solía ser pura ficción en las películas.

Pero ¿qué es lo que permite estos nuevos éxitos y descubrimientos?

En el corazón mismo de los viajes espaciales están los datos, que se usan para todo, desde ayudar en la investigación y los proyectos de desarrollo hasta predecir cuándo entrarán de nuevo en órbita las naves. Las ingentes cantidades de datos son cruciales para las tareas críticas de control de las misiones, así que los sistemas de soporte que se encargan de ello y que procesan esta información tienen que estar siempre en funcionamiento.

El ordenador central 7090 de IBM fue el gran avance tecnológico que ayudó a llevar al primer estadounidense al espacio hace décadas, pero los superordenadores actuales son aún más cruciales para procesar la información e impulsar aún más la exploración espacial. De la NASA a la ESA (pasando por todas las empresas privadas), los superordenadores son una parte fundamental de los sistemas informáticos que permiten que las modernas iniciativas espaciales lleguen cada vez más lejos.

Los sistemas de supercomputación, que ocupan kilómetros de espacio físico, son capaces de procesar enormes cantidades de datos en nanosegundos, lo que garantiza que los científicos dispongan de la información que necesitan en el momento en que la necesitan. Muchas veces esta información tiene una importancia temporal crítica y debe recibirse casi en tiempo real en los cohetes y las estaciones espaciales situados a miles de kilómetros de los científicos, los ingenieros y los matemáticos y también tiene que viajar con la misma rapidez en sentido contrario. En última instancia, la seguridad y la protección de los vehículos espaciales y de sus pasajeros están garantizadas gracias a estas máquinas increíblemente potentes, que disponen de la tecnología de almacenamiento más avanzada. A medida que aumenta la demanda de tecnologías que soportan los progresos en la exploración espacial, se hace más necesario priorizar los datos y situarlos en el centro del diseño y el desarrollo.

Quienes están a la vanguardia de la ciencia y la tecnología en numerosas organizaciones espaciales ya utilizan ampliamente la inteligencia artificial (IA). Un programa de IA de la NASA descubrió hace poco un nuevo planeta situado a 2545 años luz de la Tierra utilizando tan solo los datos existentes recogidos por el telescopio espacial Kepler.

Este planeta caliente y rocoso fue bautizado con el nombre de Kepler-90i y fue descubierto por herramientas de aprendizaje automático, que aprendieron a identificar planetas examinando las señales registradas de los exoplanetas, o planetas situados fuera de nuestro sistema solar. Una de las mayores ventajas del aprendizaje automático, por lo que se refiere a la exploración espacial, es que los programas pueden cribar los datos existentes más fácilmente que los humanos, lo que aumenta las posibilidades de encontrar planetas con solo mirar los conjuntos de datos.

Se piensa incluso que la IA podría ser decisiva para encontrar vida extraterrestre. Los vehículos espaciales pueden soportar las condiciones hostiles del sistema solar - gracias al uso de la IA estos vehículos serán capaces de explorar ríos helados y cuevas abrasadoras, en unas condiciones mucho más adversas de las que los humanos posiblemente podrían soportar.

La misión Mars 2020 también estará impulsada por la IA: los vehículos espaciales que explorarán el planeta podrán desplazarse de manera autónoma e incluso serán capaces de priorizar por sí mismos las listas de tareas para asegurarse de que maximizan su nivel de eficiencia. Los sistemas utilizados por los vehículos espaciales también utilizarán plenamente la IA para realizar experimentos y garantizar que no se pierde ningún dato al analizar y explorar el planeta rojo. Los científicos tienen que dirigir los vehículos espaciales, pero la IA permite que los ingenieros se mantengan alejados de las máquinas y que estas recojan y analicen la información por sí solas, sin mucha intervención humana.

A medida que crece la inversión en nuevas tecnologías y en IA, también lo hacen nuestras posibilidades de explorar más nuestro sistema solar. La propia adopción de la tecnología también ha cambiado a pasos agigantados. Antes solía haber etapas, con pioneros y usuarios rezagados, pero esos términos ya no existen de la misma manera. Ahora, la tecnología no solo se adopta a un ritmo más rápido, sino que de manera general esta adopción es más temprana. A raíz de ello, el tiempo entre cada hito espacial importante - como la llegada a la Luna, la primera estación espacial o la misión de las sondas Voyager - será cada vez menor gracias al rápido desarrollo y adopción de la tecnología. Si la innovación tecnológica continúa a este ritmo rápido, no es descabellado pensar que pronto estaremos viviendo entre las estrellas, en lugar de alzar la vista al cielo para contemplarlas.