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COVID-19, digitalizarse para no echar el cierre

Upta aboga por aprovechar esta situación para digitalizar el comercio de proximidad

29 DE mayo DE 2020. 08:30H Carmen Muñoz

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El confinamiento en los hogares ha servido como termómetro para medir el grado de digitalización de las empresas españolas. Toda una prueba de fuego que ha dejado en la intemperie al grueso del tejido patrio, compuesto por pymes y autónomos. Las previsiones de las principales asociaciones que representan a los trabajadores por cuenta propia prevén que más del 10% de los negocios echen el cierre definitivamente y cerca de 1,3 millones de emprendedores se verán obligados a cambiar la manera en la que llevan a cabo su actividad. “Los ciudadanos han modificado sus hábitos de consumo, sus preferencias a la hora de comprar, también en la forma de comunicarse y entender la vida”, comentan desde la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA) y remarcan que esta tendencia podría continuar ante la incertidumbre derivada de la amenaza de nuevas crisis climáticas o sanitarias que puedan producirse.  

En este contexto, desde UPTA señalan varias consecuencias derivadas de esta situación, como son el predominio del teletrabajo en aquellas tareas en las que sea posible, la puesta en valor de aquellas actividades profesionales relacionadas con la asistencia de personas y la apuesta masiva de la compra a través de Internet, lo que obligará al comercio y a la hostelería a recurrir a soluciones digitales si quieren sobrevivir. Pese a ello, un informe elaborado por el sindicato UGT en base a datos del INE arroja que, en los últimos doce meses, el 30% de los autónomos no realizaron tareas relacionadas con la informática. 

Así, desde la organización ven necesaria la puesta en marcha de líneas específicas de ayuda para que este tipo de empresas se sume a la ola de la digitalización. En el informe Los autónomos y la reconstrucción económica, UPTA resume las soluciones para afrontar este desafío en tres: la regulación del trabajo en remoto, la estructuración sectorial de la economía digital y la digitalización del comercio de proximidad. “La transformación de nuestros negocios es el antídoto para paliar esta situación. De nada servirá volver a la normalidad si antes no hemos tomado decisiones transcendentales a la hora de gestionar la actividad económica que desarrollamos”, subrayan. Ponen como ejemplo el cambio producido en la adquisición de billetes de avión, entradas para eventos culturales, libros o moda. 

El primer paso que establece para ello es acabar con la brecha tecnológica, sobre todo, en los pequeños negocios. “Saltarse este paso es como si se hubiera intentado hacer la primera revolución industrial sin haber inventado antes la rueda”. En concreto, alude a cuestiones básicas de comunicación y relacionadas con la gestión del negocio como la facturación y los asuntos fiscales. Algo que, a juicio de UPTA, no será posible sin la formación y la eliminación de barreras psicológicas, es decir, “pensar que no serán capaces de aprender a usarlas”. Una vez superado este hándicap, la estrategia pasa por enfocarse en el servicio de las ventas. “No existen barreras de localización, podemos crecer en clientes; no influyen los horarios de apertura y todas las acciones que se implementan son mucho más medibles y cuando podemos medir, podemos mejorar”, remarcan desde UPTA. 

No obstante, alerta de obstáculos como el tamaño de la oferta, la captación de clientes, el posicionamiento en redes y la gestión de la logística. Impedimentos ante los que sugieren la creación de plataformas de comercio conjuntas entre empresas con intereses comunes. “El colectivo necesita una verdadera reconversión. Si damos la espalda a esta realidad, el trabajo autónomo tal y como lo conocemos, desaparecerá”, concluye el presidente de UPTA, Eduardo Abad. 

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