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“Es importante que haya una ley que reconozca la singularidad de la start-up”

Entrevista a Agustín Baeza, director de Asuntos Públicos de la Asociación Española de Startups

17 DE septiembre DE 2021. 08:30H Isabel Garrido

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Inmerso en su participación en la séptima edición de Startup OLÉ, el evento de emprendimiento que se está celebrando esta semana en Salamanca, el director de Asuntos Públicos de la Asociación Española de Startups (AES), Agustín Baeza, reflexiona sobre el papel de las organizaciones dentro del ecosistema, así como sobre la importancia que puede representar la futura ley de empresas emergentes en el mercado laboral.

¿Cuál es el grado de maduración del emprendimiento en España? 

El ecosistema ha ido poco a poco madurando, pero todavía nos falta resolver algunos problemas como, por ejemplo, la escalabilidad de los proyectos, así como las dificultades para hacer crecer las start-ups a partir de determinado tamaño o las que encuentran muchas personas para lanzar sus primeros proyectos. Desde la AES siempre decimos que todavía necesitamos hacer un esfuerzo como país, quitando barreras y eliminando burocracias que todavía atenazan a los emprendedores. Por ello, pensamos que la nueva ley, cuyo anteproyecto fue aprobado el pasado mes de julio por el Gobierno, puede ser ese punto de inflexión que todavía necesitamos para hacer crecer este campo como se merece.

¿Qué papel tienen las asociaciones dentro del ecosistema? 

Las asociaciones cumplimos un papel que no puede representar nadie más y desarrollamos un trabajo que exige, por un lado, conocer, además de la cultura de las start-ups junto con sus necesidades, problemas y demandas, el lenguaje que se habla en este ámbito. Los emprendedores y los inversores están focalizados en el día a día de sus proyectos, por lo que tiene que haber algún agente del ecosistema que tome una imagen global para ver qué cosas se pueden hacer, cómo se puede mejorar y, sobre todo, trabajarlo con quien corresponda, ya sea el Gobierno, los grupos parlamentarios o la Unión Europea, por ejemplo. Por tanto, nuestro papel es fundamental para mejorar las condiciones en las que trabaja el conjunto de los actores. 

¿Cuáles son los principales logros que han conseguido en los seis años de vida de la AES?

Hay dos. El primero es haber conseguido trasladar al conjunto de instituciones, partidos políticos y dirigentes la cultura de la start-up y la forma en que trabaja, ya que hace cuatro o cinco años en algunos ámbitos no se sabía lo que era. Y, como segundo gran objetivo cumplido, o cumpliéndose porque está en un proceso continuo, es el de la aprobación de la ley de start-ups que, para nosotros, era nuestro leitmotiv y confiamos que el año que viene, cuando termine su tramitación parlamentaria, ya sea una realidad.

La asociación nació con el objetivo de representar al conjunto de las start-ups para hacer de España un país mejor para el emprendimiento. Primero hicimos un trabajo que consistió en recuperar las demandas relacionadas con las cosas que tenían que mejorar y lo transformamos en una petición basada en la necesidad de que existiera una ley para impulsar el ecosistema. Cuando hace años hablábamos de esto, sonaba a una especie de unicornio. Los ámbitos políticos nos decían que era muy complicado y cuatro años más tarde ya tenemos la ley de start-ups y, en su anteproyecto, el Gobierno reconoce la singularidad de su modelo empresarial. A pesar de esto, en nuestra opinión estas medidas todavía son poco ambiciosas y tenemos que seguir trabajando.

Agustín Baeza, director de Asuntos Públicos de la AES

¿Por qué es tan importante que exista una ley que contemple el propio modelo español?

La cultura de la start-up y su estructura de fundación y funcionamiento es un modelo que viene de otras coordenadas socioeconómicas. Surge en Silicon Valley y hay distintas partes del mundo como Israel o Reino Unido donde se ha desarrollado. ¿Qué ocurre? Que no todos los países son iguales y hay una serie de buenas prácticas que, en teoría, funcionan en cualquier sitio, pero después cada estado tiene sus propias singularidades. Por ejemplo, el modelo de Israel tiene una fuerte influencia en ese territorio porque allí se dedica muchísimo dinero, prácticamente una cuarta parte del presupuesto público, a las fuerzas armadas. Por eso, muchas de las personas que montan empresas pasan por el servicio militar, que allí es obligatorio durante tres años, como tecnólogos o ingenieros y, después, crean sus start-ups en base a un modelo que no es exportable ya no solo a España, sino prácticamente a ningún otro país porque casi ninguno tiene la realidad militar y de seguridad que tiene Israel. 

Por esto, cada estado tiene que hacer su propio DAFO y ver en qué cosas somos buenos, en cuáles tenemos déficits y tener en cuenta las grandes experiencias que ya conocemos para lanzar su propio modelo. Es importante que en España haya una ley que reconozca la singularidad de la start-up y que, a partir de ahí, se diseñen políticas públicas. 

¿Qué beneficios traería al emprendimiento español la creación de una alianza entre los países iberoamericanos?

Creo que la principal ventaja de crear un espacio iberoamericano sería compartir una serie de buenas prácticas y ver si podemos hacer que los distintos territorios que se quieren unir en esta línea de trabajo comparten también líneas regulatorias, lo que hará que sea más fácil emprender y, sobre todo, expandir los negocios de un estado hacia el resto de los que formarían parte de ese hipotético espacio. Los principales beneficiados, al final, serían los propios emprendedores y los inversores de los distintos ecosistemas nacionales iberoamericanos.

Es verdad que tenemos elementos comunes que no estamos aprovechando suficiente, como puede ser la cultura o la lengua y que son una facilidad a la hora de expandir tus negocios a nivel internacional, pero luego hay una realidad regulatoria compleja y muy diferente entre los distintos países iberoamericanos con España, que forma parte de la Unión Europea. 

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