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Pazo de Vilane: volver a las raíces y conseguir un imperio avícola

La compañía de carácter familiar facturó siete millones en 2019. Con una plantilla de 40 trabajadores, también forman a otros agricultores de la zona bajo su misma filosofía

28 DE septiembre DE 2020. 08:29H Carmen Muñoz

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De la ciudad al campo para emprender desde la raíz. En el caso de la familia Varela-Portas la duda no radica en qué fue primero: si el huevo o la gallina, ya que la visión y las ganas de montar un negocio con identidad propia estaban desde el principio. Así comienza la historia de Pazo de Vilane, empresa familiar dedicada a la producción de huevos camperos que, tras casi un cuarto de siglo operativa, mantiene intacta su esencia.

El punto de partida se sitúa en el año 1996, cuando Juan Varela-Portas y Pardo, decide recuperar un pazo propiedad de la familia desde el siglo XVIII convencido de que el “futuro residía en el campo”. Lo hace junto a su hija, Nuria Varela-Portas, la gerente de esta iniciativa, quien tras un periodo en Londres se da cuenta de que lo que verdaderamente le motiva es emprender. Seducidos por las gallinas de oro, posteriormente también se sumarían al proyecto los otros dos hermanos: Juan Varela-Portas como presidente del Consejo de Familia y Piedad Varela-Portas, directora del departamento de Marketing y Comunicación. DIRIGENTES charla con esta última para conocer los entresijos de la compañía lucense que produce huevos de oro.

Tras ejercer quince años como abogada mercantilista decide dejarlo todo y sumarse al negocio familiar. ¿Qué le llevó a hacerlo?

La motivación. Primero porque allí hacía falta un empuje y también apoyo. Formaba parte del consejo de administración, por lo que ayudaba en la toma de decisiones y ejercía como abogada de la empresa. Llega un momento en el que decido entrar a nivel más ejecutivo. 

¿Cómo fueron los inicios?

Nos dimos cuenta de que el huevo campero era un producto demandado por el consumidor pero que no existía en el año 1996. En las tiendas solamente había huevos provenientes de producciones en jaula. Aunque no teníamos experiencia en este ámbito, decidimos comenzar a desarrollar este tipo de producto y a distribuirlo muy poco a poco en las ciudades gallegas de los alrededores. El punto más importante fue cuando diseñamos la caja de huevos y accedimos a El Corte Inglés de Vigo y La Coruña en 1997. A partir de ahí comenzamos a crecer y a tener más visibilidad. 

En el momento actual, contamos con más de 800 puntos de distribución repartidos por toda España, principalmente, en Comunidad de Madrid y Galicia. Pero Cataluña y la zona de Levante también son relevantes. 

¿Qué hay detrás de Pazo de Vilane? ¿Cuál es su filosofía?

La idea inicial era volver a las raíces para recuperar un patrimonio familiar de carácter histórico. Por otro lado, también se pone en valor el medio rural, la vida y el trabajo. Pazo de Vilane se asienta sobre el regreso y la generación de empleo.

"Hay mucho margen para el consumo de huevo campero en el mercado nacional"

Las gallinas son el principal activo de la compañía. ¿Qué valor añadido generan?

Todos son activos: las fincas, el knowhow de producción de la cría en libertad que implica un valor añadido en lo que a bienestar animal se refiere o los equipos de trabajo. También hemos sido pioneros en la cría en libertad y en haber creado una marca premium para un bien básico como es el huevo. En el momento actual, el fondo de comercio, (posicionamiento en los lineales) también es muy importante. Todos unidos aportan a este negocio diferenciación y ser únicos en el mercado. 

La compañía ha impulsado un programa de formación para granjeros. ¿En qué consiste?

Les enseñamos a producir huevos camperos de gallinas en libertad con todo lo que conlleva: protocolos de cuidado y manejo de las gallinas, asistencia técnica-veterinaria, atención permanente, así como consultoría en la construcción de las instalaciones. Hasta la fecha contamos con siete granjas adheridas a nosotros. 

Pazo de Vilane celebra su cuarto de siglo el año que viene. ¿Qué consejo le daría a alguien que quiere dedicarse al emprendimiento rural?

Lo primero, estar formado. Hay que reflexionar mucho sobre lo que uno quiere y los sueños que quiere cumplir. Eso es algo importante para mí y hace falta mucha capacidad de esfuerzo y de trabajo, además de mucho entusiasmo. Ser consciente de que, si te caes, te vuelves a levantar. En conclusión, constancia y tenacidad. Más allá de los resultados está el propio camino de emprender. Eso es lo bonito, ya que no es solamente el tema laboral o económico, hay algo más.

Para emprender también hay que tener un sueño que cumplir. No hay que centrarse solamente en lo que se hace, sino en lo que se quiere alcanzar, pero sin fijarnos tanto en el resultado o estar tan condicionados por este. Por ello, hay que buscar cosas motivadoras que nos gusten. 

¿Se ha incrementado la demanda de huevos durante los meses de confinamiento?

Aproximadamente en un 30% o 40%. En nuestro caso hemos tenido bastante presión porque la cantidad de huevos que ponen las gallinas no depende de nosotros. Por tanto, nos hemos tenido que ir adaptando a ese aumento de la demanda. Por otro lado, actuamos muy rápidamente en el establecimiento de protocolos de seguridad de los trabajadores y las instalaciones. 

Pazo de Vilane

¿Hay planes de exportación?

Todavía hay mucho margen para el consumo de huevo campero en el mercado nacional. También hay que tener en cuenta que las exportaciones requieren mayoristas de huevos y nosotros no lo somos.

Con una plantilla de 40 empleados y una facturación en 2019 de siete millones de euros, ¿cómo ve Pazo de Vilane en diez años?

Con un crecimiento sostenido y contenido. Aunque es complicado de estimar por la pandemia, para este año esperamos un incremento de entre un 10% y un 12%, con un volumen de negocio cercano a los ocho millones.

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