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¿Qué valor aporta la ESG?

No hay duda de la inversión con criterios medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG) se ha convertido en una tendencia en auge. El debate está en si aporta o no mayor retorno que la inversión que no tiene en cuenta estos aspectos. Los números concretos no están claros, pero sí que no resta rentabilidad y que evita riesgos.

04 DE noviembre DE 2019. 07:31H Rocío Arviza

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Es una tendencia imparable. Es posible cerrar los ojos y mirar hacia otro lado pero la realidad es que la inversión con criterios medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (EGS, por sus siglas en inglés) está ahí y ha llegado para quedarse. Hay muchas razones que explican el creciente interés de la industria de la gestión de activos por este tema pero la principal, según explica Beatriz Barros de Lis, directora general de AXA IM para España y Portugal, está en que la inversión no es más que un fiel reflejo de la sociedad en general. “En los últimos años, ha habido una conciencia social cada vez mayor sobre temas ESG, como el cambio climático, los plásticos en los océanos, la pérdida de biodiversidad, la gobernanza empresarial o la desigualdad de género. Estas preocupaciones se han extendido también a la industria de gestión de activos y los inversores han comenzado a comprometerse con estas prácticas”, subraya. “Ahora, el mercado está en plena transición hacia una integración de los criterios ESG en las inversiones, aunque aún queda mucho camino por andar”, continúa.

Un cambio del que son muy conscientes en Pimco, la mayor gestora de bonos del mundo. De ahí el lanzamiento en 2017 de una plataforma global ESG que, para el responsable de la firma para Iberia, Juan Manuel Jiménez, busca “satisfacer la demanda de los inversores y anticipar un panorama de inversión en evolución en el que, tanto el sector público como el privado, se han comprometido a perseguir activamente los objetivos de la ONU”.

La sociedad, por tanto, se ha vuelto más exigente, los inversores más comprometidos y “quieren que las empresas en las que invierten ofrezcan un historial consistente en términos medioambientales, sociales y de gobernanza”, insiste Sophie del Campo, directora general de Natixis IM para Iberia, Latam y US Offshore. Y aporta datos: “según nuestra Encuesta ESG 2019, más del 80% de los inversores particulares quieren que sus inversiones estén alineadas con sus valores personales”, asegura.

El valor de la ESG

No existe una evidencia indiscutible a la hora de concretar si realmente la inversión con criterios ESG sale más rentable que la que ignora estos criterios. Paula Mercado, directora de análisis de VDOS, asegura que “no hay una demostración clara y rotunda de la superioridad de los retornos de los fondos ESG, ni tampoco de que su comportamiento sea menos volátil”. Destaca que tanto los estudios de su compañía como los de su socio en este segmento de mercado, MSCI, concluyen que “no pueden apreciarse diferencias entre fondos gestionados de forma tradicional y fondos ESG”. Pero sí subraya que existen otros estudios globales que comienzan a apuntar a una rentabilidad algo superior de los fondos que tienen en cuenta estos factores.

Uno de esos estudios, el realizado por Dynamic Solutions (de Natixis IM) y referido a España, el ESG Fund Universe in Spain, pone en evidencia que las carteras nacionales que han incorporado los criterios ESG “logran, en promedio, una mayor rentabilidad que las carteras equivalentes que no tienen esos sesgos”, explican desde la gestora. Además, destacan que “las carteras ESG tienen un grado de correlación menor con el mercado, lo que le permite al inversor obtener un mayor grado de diversificación, y exhiben un ratio de Sharpe mejor que el de las carteras no ESG, es decir, ofrecen una relación rentabilidad/riesgo más óptima”. 

Sea como sea, lo que parece claro es que “no detraen rentabilidad”, asegura Fernando Luque, de Morningstar España. Y en esa línea se mueve Sol Hurtado de Mendoza, directora general de BNP Paribas AM para España. “No es cierta la idea de que por el hecho de ser sostenible te estás dejando rentabilidad encima de la mesa. No digo que vayas a ganar más pero, por lo menos, lo mismo. Al final vas a ganar más si tienes un buen gestor, como en todo. Es sentido común”, apunta. 

Un sentido común que lleva a Javier Benito Olalla, banquero de A&G Banca Privada, al convencimiento de que invertir en compañías que utilizan criterios medioambientales, éticos o de gobernanza empresarial aporta valor. “Una empresa que cuide a sus empleados tendrá trabajadores contentos y alineados con los objetivos empresariales redundando en una mayor productividad. Una empresa que proteja el medio tiene una menor probabilidad de que le afecten negativamente regulaciones medioambientales...”, destaca. En definitiva, tiene claro que “las empresas que utilizan criterios ESG generan retornos más sostenibles en el largo plazo convirtiéndose en más atractivas para el inversor”.

Mayor control del riesgo

“Estamos convencidos que analizar las variables social, medioambiental y gobernanza refuerza nuestro control de riesgos”, señalan desde NAO Sustainable AM, gestora especializada en inversión sostenible. “El valor que aporta este tipo de análisis es más completo y, por tanto, se pueden tomar mejores decisiones en favor de los inversores”, señala Luis Hernández Guijarro, gestor del fondo Esfera II Sostenibilidad ESG Focus FI. Es decir, existe una mejora de la rentabilidad ajustada al riesgo por cuanto se pueden conocer mejor estos últimos. Además, no hay que perder de vista un aspecto que pone sobre la mesa Hurtado de Mendoza: la importancia de saber por dónde camina en todo momento la regulación. “Hay que tener en cuenta todos los planes de la UE en materia sostenible porque las empresas que no cumplan una serie de criterios se van a ver penalizadas”, señala.

Un ejemplo tiene que ver con la prohibición de los plásticos de un solo uso a partir de 2021, algo que va a tener un impacto importante en las cuentas de resultados de muchas empresas. “Las que lo hagan bien ser verán mejor posicionadas y serán líderes en sus sectores”, asegura la responsable en España de BNP Paribas AM. De ahí la importancia de tener muy claro qué hace cada cuál en términos medioambientales, sociales y de gobierno corporativo. Y no solo para la inversión en renta variable, también para la inversión en renta fija. “Nuestras más de tres décadas de experiencia invirtiendo en deuda de compañías nos demuestra que, como inversores, debemos ver una gobernanza débil como una ´bandera roja´ y una señal de potencial riesgo. En consecuencia, buscamos no invertir en empresas donde detectamos prácticas deficientes de gobierno”, constata Rafael Ximénez de Embún, responsable para Iberia y Latam de Muzinich & Co.

De ahí que en Allianz GI tener en cuenta la ESG sea una parte integral de la gestión de bonos corporativos. “Nos puede proporcionar una señal temprana de incremento del riesgo antes de que las agencias de calificación revisen su calificación crediticia. (...) El compromiso activo juega un papel crucial en la comprensión del riesgo de los emisores”, destacan.

El valor de lo intangible

Más allá de lo que añada o no la inversión ESG en términos de rendimiento a las carteras, hay otros aspectos extrafinancieros que también son determinantes. El peldaño más alto en esta escalera sería la inversión de impacto, que busca combinar retornos atractivos con un efecto positivo medible en términos ESG, de modo que las inversiones ayuden de forma significativa y demostrable a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. 

Pero el peso que van cobrando los criterios ESG al seleccionar inversiones permite muchos otros cambios. Como destaca la directora general de AXA IM para España y Portugal, “la participación activa en empresas en las que invertimos nos permite utilizar nuestra influencia para impulsar un cambio más amplio en beneficio de la sociedad y el planeta. Nos relacionamos principalmente con empresas sobre temas como el cambio climático, el capital humano, la salud pública y su ética empresarial”. De este modo, se van dando pasos hacia un mayor respeto al medioambiente, a lo social y a las buenas prácticas corporativas. Es la fuerza de los inversores agrupados en un fondo.

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