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El sector funerario tiene su propio formato de redes sociales

La retransmisión de ceremonias fúnebres en 'streaming' o las plataformas ‘modo Facebook’ en las que publicar mensajes de despedida a un familiar o amigo fallecido se consolidan tras la COVID-19

15 DE diciembre DE 2020. 08:40H Carmen Muñoz

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Pocas cosas hay tan certeras en este mundo como la muerte. Tarde o temprano todos pasan por el aro, lo que hace de este sector uno de los más estables y, por supuesto, rentables. Su facturación no entiende de ciclos económicos y, por desgracia, en momentos como los actuales su volumen de actividad se dispara. Esto no quita que busquen adaptarse a los nuevos tiempos. 

La innovación ha llegado a las funerarias a través de cambios en los servicios prestados y el producto final, impulsados por la transformación cultural y religiosa de las nuevas generaciones. En un contexto en el que apenas la mitad de la población de entre 18 y 45 años se declara creyente, en su mayoría católicos, según datos de la Fundación Ferrer i Guàrdia, los velatorios laicos son cada vez más frecuentes. Esta situación ha dado lugar a un incremento de las incineraciones, sobre todo en ámbitos urbanos, y con ello de la proliferación de empresas dedicadas a diseñar joyas u objetos de decoración con las cenizas del difunto. 

Pese a ello, existen tendencias inherentes a las creencias de cada uno que han experimentado un gran crecimiento. Al igual que en otros mercados, el uso de dispositivos y herramientas digitales se ha incrementado de manera exponencial a raíz de la pandemia. La retransmisión de funerales en streaming, esquelas y pésames digitales, así como la proliferación de redes sociales de uso exclusivo para allegados de la persona fallecida son algunos de ellos. Aunque este tipo de posibilidades no son ninguna novedad, su uso se ha intensificado con la COVID-19. 

Alife es una de ellas. Esta plataforma dedicada a publicar mensajes personales para los que ya no están multiplicó por cinco su actividad durante el confinamiento domiciliario de primavera. “Las funerarias se encontraron con que no podían abrir sus instalaciones ni reunir a sus familias. El hecho de poder ofrecer entornos virtuales íntimos donde al menos expresar y compartir recuerdos o anécdotas ha sido una alternativa”, comenta a DIRIGENTES su fundador, Jordi Martínez, quien decidió ponerla en marcha en 2014 tras la muerte de su abuelo y abuela con poca diferencia de tiempo.

En un principio, Alife fue desarrollada como una aplicación, sin embargo, con el paso del tiempo ha emigrado hacia un formato B2B, enfocada directamente a los agentes que operan en el sector, para que sean ellos los que activan el espacio virtual a familiares y amigos. La compañía, valorada en 17 millones de euros, contabilizaba hasta mediados de 2020 un total de 1,2 millones de usuarios registrados. 

Con el mismo propósito de ayudar a pasar el proceso de duelo de una manera más llevadera, pero con un enfoque totalmente diferente, Charo Baeza impulsó junto a Raúl Moreno Vivo Recuerdo. Esta herramienta permite subir material audiovisual a una plataforma cuyo contenido es proyectado en las salas de los tanatorios. Ofrece la posibilidad de participar desde cualquier parte del mundo y estos son reproducidos en tiempo real. Con un modelo de negocio pensado también para prestar servicio a otras empresas, en tan solo dos años de andadura ya están presentes en gran parte de España y Portugal. “El hecho de poder participar y además escribir mensajes te permite acercarte sin necesidad de estar físicamente”, detalla Baeza a DIRIGENTES. La revolución tecnológica de este sector no ha hecho nada más que empezar. 

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