jueves, 18 octubre 2018
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¿Es la hiperconexión un problema?

La adicción a las redes sociales y la necesidad de estar permanentemente conectados está cambiando la psicología humana. Y no para mejor, según los expertos.

10 de agosto de 2018. 00:00h Nacho Bosque
  • Shutterstock

Internet y especialmente las redes sociales son ya una nueva forma de vida para millones de personas en todo el planeta. Un cambio social con vertientes positivas y negativas. En un entorno permanentemente conectado las posibilidades de interacción aumentan de forma exponencial pero también la sensación de irrealidad.

La hiperconexión como canon social predominante en las actuales sociedades occidentales está provocando un aumento del aislamiento. Diversos estudios señalan que entre un 20 y 30 por ciento de los ciudadanos de Europa y Norteamérica se sienten aisladas socialmente y más de un 10 por ciento presentan problemas psicológicos consecuencia de su actividad en la red.

A pesar de la creciente inmersión social en la tecnología desde los años 70, la última década ha supuesto un cambio drástico para la humanidad. Cientos de millones de personas viven pendientes de si otros han marcado me gusta en su foto de Instagram o Facebook o cuántas personas han compartido su último tuit. Una situación que, aun con las mayores cuotas de bienestar de la historia, ha disparado la ansiedad y la insatisfacción social.

Aunque el multimillonario negocio impide a las compañías reconocerlo, numerosos exdirectivos han explicado, al salir de estos los gigantes de Internet, que el problema es grave y va a ir a peor. Los mejores cerebros del planeta no están en la NASA diseñando cohetes espaciales ni en Oxford desentrañando los límites de física;están en Silicon Valley investigando cómo hacer que pasesmás tiempo en su sitio web: cómo convencerte de forma subliminal para que veas más vídeos, para que compartas su contenido, para que hagas clic el botón de like.

Sean Parker, fundador de Napster y primer presidente de Facebook [el personaje interpretado por Justin Timberlake en ‘La Red Social’ si han visto la película], ha admitido, arrepentido, que las redes sociales tratan de lavar el cerebro a quienes las usan con el único fin de ganar más dinero.

“Esta es la clase de cosas que se le ocurriría a un hacker como yo, porque estás explotando las vulnerabilidades de la psiquis humana. Los creadores de redes sociales como yo, Mark (Zuckerberg) o Kevin Systrom (Instagram) entendimos muy bien que esto iba a suceder, y aun así lo hicimos”, ha asegurado. Y a su juicio, la perspectiva de futuro no es alentadora: “Solo Dios sabe lo que estarán haciendo al cerebro de nuestros hijos”.

Las redes sociales ofrecen unamanera artificial de interactuar con la sociedad, filtrando los mensajes y guiando a los usuarios a ofrecer una versión alterada de su propia vida. Una de las mayores estudiosas de este campo es la profesora del MIT Sherry Turkle, quien define con clarividencia este nuevo paradigma analizando por qué cada vez las personas hablan menos entre sí: “una conversación sucede en tiempo real y no puedes controlar lo que vas a decir. Enviar mensajes, correos, publicar, todas estas cosas nos permiten presentarnos como queremos ser. Podemos editarnos la cara, la voz, la piel, el cuerpo; ni poco, ni mucho, sino lo justo”.

Estar conectado implica esencialmente estar visible para los demás. Y esta exposición, si se vuelve abusiva, puede ser un problema. Quizá uno de los mayores que nos ha traído este siglo XXI.

NOMOFOBIA, EL SÍNDROME DEL SIGLO XXI

La nomofobia (no-mobile-phone-phobia) es un estado de ansiedad provocado por no tener acceso inmediata al teléfono móvil. Ya sea por haberlo olvidado en algún sitio o por quedarse sin batería, gran parte de la población mundial siente que algo le falta si no tiene a mano, y operativo, su smartphone.

Y el problema crece cada día: mientras las personas de mayor edad, y que han vivido gran parte de sus vidas sin estos dispositivos, pueden asumir con naturalidad no tener en el bolsillo su teléfono, las nuevas generaciones lo aceptan cada vez peor. Aunque no hay cifras globales, diversos estudios en Estados Unidos y Gran Bretaña señalan que cerca del 70% de la población podría padecer este nuevo síndrome. España no es una excepción, piénselo, quizá usted también lo padezca.