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Facebook naufraga entre escándalos y apagones

En un trimestre la empresa ha pasado de alcanzar su máximo valor histórico en bolsa a verse cuestionada por sus políticas de moderación y privacidad

06 DE octubre DE 2021. 09:55H Bernardo Álvarez-Villar

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Hasta antes del verano, este 2021 estaba siendo un año redondo para Facebook. En el mes de junio la empresa logró zafarse de una demanda antimonopolio interpuesta por la Comisión Federal del Comercio de Estados Unidos y, en la misma semana, otro juez desestimó una denuncia muy parecida presentada por los fiscales generales de 48 estados de dicho país. Ambas demandas, alertadas por el poder acumulado por Facebook, solicitaban reducir el tamaño de la compañía para garantizar la libre competencia en el sector. La empresa, hay que recordarlo, incluye a la red social homónima además de Instagram, WhatsApp, Messenger y el laboratorio de realidad aumentada Oculus. Mark Zuckerberg, finalmente, se libró de ver la obra de su vida despedazada y vendida al mejor postor.

Su victoria en los tribunales se dejó sentir de inmediato en el parqué de la bolsa. Al día siguiente de conocerse la noticia, la cotización en bolsa de Facebook superó por primera vez el umbral del billón de dólares. La empresa, que salió a bolsa en 2012 con un precio de 38 dólares por acción, alcanzó el 28 de junio su máximo valor histórico: 355,64 dólares. La opinión pública ya casi había olvidado el escándalo de Cambridge Analytica, la consultora que compró de forma indebida información de 50 millones de usuarios de la red social, y parecía que el porvenir de Facebook solo podía ir a mejor.

Pero, una vez más, Facebook se topó con una investigación periodística que echa a perder su reputación y cuestiona las prácticas de la empresa. Fueron unos periodistas del New York Times quienes revelaron que Facebook había vendido ilegalmente los datos privados de millones de usuarios a Cambridge Analytica, y que estos fueron luego usados para elaborar campañas de manipulación y propaganda de cara a las elecciones americanas de 2016. Y esta vez han sido unos reporteros del Wall Street Journal quienes le están sacando los colores a Zuckerberg.

Desde el pasado 15 de septiembre el citado periódico viene publicando una serie de informaciones, tituladas como “Facebook Files”, que revelan prácticas muy cuestionables en las políticas de moderación y privacidad de la empresa. La fuente de estas investigaciones proviene de unos documentos filtrados por Frances Haugen, una extrabajadora de Facebook descontenta con lo que veía en la empresa.

Los documentos publicados por el Wall Street Journal son ciertamente devastadores para la reputación de la empresa. Los periodistas han demostrado que Facebook disponía de detallados informes internos que aseguraban que el uso de Instagram era “tóxico” para la salud mental de niños y adolescentes. Según las encuestas internas que manejaba la empresa, un 32% de las adolescentes aseguraban sentirse mal con su cuerpo cuando entraban en la red social. Facebook ni hizo pública esta información ni tomó ninguna medida de calado para prevenir este daño psicológico.

Su reacción tampoco fue todo lo contundente que debiera para acabar con el tráfico de esclavos en Facebook e Instagram. Los papeles conseguidos por el Wall Street Journal muestran que la empresa tenía conocimiento de que estos delitos se llevaban a cabo en sus plataformas, y que solo se propuso erradicarlas cuando Apple amenazó a Facebook con retirar sus aplicaciones de App Store por este motivo.

También se ha sabido gracias a esta investigación que Facebook estableció unas normas de moderación especiales para usuarios VIP. Es decir, que a políticos, famosos, grandes empresarios y otras figuras públicas se les permitía saltarse las reglas de contenidos que el resto de usuarios están obligados a cumplir. El propio Consejo asesor de contenido de la empresa ha reconocido la falta de transparencia que supone adoptar esta medida y admite que Facebook está “excesivamente influido por consideraciones políticas y comerciales”.

Más allá de lo publicado por el periódico neoyorquino, se han sucedido en los últimos meses los informes e investigaciones sobre la responsabilidad de Facebook en la difusión de desinformación y mensajes de odio. El más reciente, hace apenas un mes, es un estudio elaborado por el Stern Center for Business and Human Rights, asociado a la Universidad de Nueva York. En él se sostiene que Facebook ha tenido “un papel protagonista en exacerbar la polarización política y la violencia extremista”. Eso mismo ha corroborado esta semana Haugen en una entrevista televisiva: Facebook fomenta y amplifica los discursos de odio por su propio beneficio, pues este tipo de contenidos generan mucha más interacción y, por tanto, más dinero.

Facebook es muy consciente de lo poco que le conviene que esto salga a la luz. De hecho, pocos días antes de que empezasen a publicarse los reportajes de “Facebook Files”, se supo que la compañía había aportado datos falsos y parciales a unos investigadores que estaban examinando el funcionamiento de su algoritmo.

A esto hay que sumarle el apagón mundial de Facebook, Instagram y WhatsApp en la tarde del 4 de octubre. En las seis horas que duró la caída el valor en bolsa de la empresa se desplomó en un 4,89%, acumulando en total una pérdida del 14% en el precio de las acciones en el último mes. La avería, que afectó a cerca de 4.000 millones de usuarios en todo el mundo, ha hecho perder a Facebook unos 6.000 millones de dólares en menos de 24 horas. El mundo ya no le sonríe a Mark Zuckerberg.

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