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La ética cobra importancia en el desarrollo de la inteligencia artificial

La correcta creación de esta tecnología hace necesario un cambio de mentalidad basado en un conjunto de valores

15 DE julio DE 2021. 08:44H Isabel Garrido

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Elaborar diagnósticos médicos en segundos, ofrecer a las empresas la capacidad de contactar con sus clientes de una forma más eficiente o agilizar procesos que antes podían extenderse durante semanas son algunos de los usos que la inteligencia artificial ya está aportando a la sociedad. El gran poder transformador que tiene esta tecnología sobre el progreso humano es una realidad. No obstante, dicho progreso no podrá entenderse nunca si no va acompañado de un conjunto de valores. Este ha sido el tema de debate principal del encuentro digital Inteligencia Artificial. Retos éticos en la era post COVID-19, organizado por Mutualidad de la Abogacía con el apoyo de Europa Press.

En España, el grado de penetración de esta tecnología todavía se encuentra en un estado inicial y, poco a poco, se están comenzando a ver pequeñas incursiones en algunas compañías y en determinados servicios concretos de la administración pública. En este punto, la presidenta de OdiseIA y experta en el Observatorio de Inteligencia Artificial del Parlamento Europeo (EPAIO), Idoia Salazar, comenta que para llevar a cabo su puesta en marcha es necesario realizar un cambio de mentalidad y, unido a esto, también menciona que “no se debe empezar la casa por el tejado”. 

En su opinión, el “mayor error” que se ha producido hasta ahora ha sido querer implantar esta tecnología “para absolutamente todo”. Por esto, propone analizar primero en qué lugares de las empresas puede ser útil el uso de este mecanismo y, a partir de ahí, iniciar el cambio estratégico. Así, el siguiente paso sería estudiar los datos de los que se dispone y analizar si son suficientes “para optimizar esos procesos de una manera eficiente o, por el contrario, debemos usar otras herramientas”. Ante esta idea, también apunta que el gran riesgo es llegar a un mundo completamente artificial, por lo que recomienda que se tenga en cuenta el efecto que tendrá en las personas, viendo si es positivo o si, por el contrario, el puesto en cuestión lo puede seguir desarrollando un trabajador con los beneficios correspondientes.

En este sentido, la experta también anima a observar “cómo está impactando la inteligencia artificial en la sociedad”, con el fin de crear un trasfondo ético y de responsabilidad a la hora de impulsar esta tecnología. Para ella, es imprescindible realizar una labor “clara” de concienciación por parte de instituciones, organismos públicos y privados e, incluso, el Gobierno de España para que no solamente se compre o desarrolle, sino que también se tengan en cuenta aspectos éticos y de responsabilidad al mismo nivel que el propio desarrollo de la misma. 

Dentro de las propias empresas, siguiendo el cambio experimentado por los patrones de comportamiento, los ciudadanos ahora son “mucho más digitales”, explica Fernando Ariza, director general adjunto de Mutualidad de la Abogacía, al tiempo que subraya que los clientes buscan una propuesta de valor mucho más inmediata y personalizada. En el sector asegurador en el que él opera, algunos de los procesos más destacados que integran esta tecnología son la planificación financiera, la evaluación de riesgos, la optimización de la tarifa o la detección del fraude. 

Una responsabilidad de cada empresa

En esta línea, para preservar la seguridad de las personas, el dirigente señala la importancia de que las compañías “adquieran la responsabilidad a título personal”. En su caso, para lograrlo, en junio de 2019 crearon un comité de ética dentro de su organización que se encarga de supervisar que, en la medida en que incorporan inteligencia artificial y procesos robotizados a su actividad, las máquinas integran también sus principios y valores. Así, también detalla que la clave del éxito de esta iniciativa es su composición, gracias a que está formado por buena parte del equipo directivo de diferentes disciplinas y por dos miembros del consejo de administración, de forma que la toma de decisiones se encuentra “al más alto nivel”.

Por su parte, Salazar explica que cada individuo tiene unos sesgos conscientes o inconscientes, por lo que el algoritmo inevitablemente se verá influenciado, teniendo en cuenta que somos las personas las que generamos los datos de los que este se alimenta. Un punto al que también añade la cuestión temporal: “No miramos las cosas de la misma manera ahora que hace 100 años”. Por esto, indica que no se trata de delegar, sino de colaborar, y anima a ver la inteligencia artificial como un complemento de apoyo para mejorar nuestras decisiones.

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