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Von der Leyen y Lagarde: así es la nueva economía de la UE

Cuando a primera hora de la mañana del pasado 16 de julio, Úrsula von der Leyen inicio su discurso ante el pleno del Parlamento Europeo para ser investida la primera presidenta de la Comisión Europea, no sabía si contaba con la mayoría suficiente de escaños. Tras casi dos semanas de intensas reuniones con sus partidarios, los democristianos del PP Europeo, y con el resto de grupos parlamentarios, la alemana abrazó propuestas alejadas de su familia política para así conseguir el respaldo de la Cámara.

27 DE octubre DE 2019. 11:00H Alexandre Mato (Bruselas)

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La ministra de Defensa de la canciller Angela Merkel había sido propuesta in extremis en una cumbre del Consejo Europeo celebrada en dos tandas ante las fuertes discrepancias entre los líderes de la UE. Von der Leyen no estaba entre los candidatos a suceder a Jean Claude Juncker en la Comisión Europea ni tampoco figuraba en las quinielas de posibles alternativas.

Sólo una extraña alianza de gobiernos posibilitó que surgiese su nombre. De un lado, un Macron presto a contentar a Berlín para obtener la Presidencia del BCE; del otro, el bloque de socios del este, conocido como ‘Grupo de Visegrado’, liderados por Hungría y Polonia que veían en la alemana a una política favorable para sus intereses.

Cuando von der Leyen se presentó ante la Eurocámara apenas doce días después de ser nominada, los Verdes reafirmaban su rechazo, descolgándose del frente de fuerzas europeístas publicitado para las elecciones europeas de mayo. La mitad de los socialdemócratas estaba también en contra de ella, capitaneados por las filas alemanas, enemigas de von der Leyen en casa. Los liberales no confirmaban su apoyo e incluso entre los populares europeos, su familia política, había voces en contra.

Por un suspiro, apenas nueve votos por encima de la mayoría absoluta, von der Leyen será a partir del 1 de noviembre la nueva presidenta de la Comisión Europea, la elegida por menos votos desde Jaques Santer en 1994.

Giro socialdemócrata en la política económica

La próxima presidenta de la Comisión Europea habla de “una economía que trabaje para la gente” y encomienda al letón Valdis Dombrovskis que “lidere el trabajo en favor de una economía para la gente” y que ponga “en común lo social con el mercado” desde una de las tres vicepresidencias ejecutivas de su equipo.

Von der Leyen sitúa en el centro de su agenda política medidas que su familia política ha bloqueado en los debates de la UE. En sus primeros cien días, quiere impulsar “un instrumento legal que asegura a cada trabajador de la Unión un salario mínimo justo”. Se ajustarían a las “tradiciones nacionales” de cada Estado Miembro, principalmente mediante acuerdos colectivos con un sueldo por hora acorde al poder adquisitivo nacional.

Es una propuesta que choca con las tradiciones laborales de ciertos países. En Alemania sólo se introdujo en 2015 y sigue sin existir en Dinamarca, Italia, Chipre, Austria, Finlandia y Suecia. En el resto de socios comunitarios, sus importes varían considerablemente, desde los 286 euros de Bulgaria hasta los 2.071 euros de Luxemburgo.

Otra de sus propuestas tomadas del ideario socialdemócrata es un Plan Europeo de Prestaciones de Desempleo, medida que circula en Bruselas desde hace un lustro, coincidiendo con la salida de la crisis, pero que nunca se ha planteado dentro del Ecofin, la reunión de los Ministros de Economía de la UE. Von der Leyen quiere así “proteger a nuestros ciudadanos y reducir la presión sobre las finanzas públicas durante shocks externos”.

Un estudio de la Fundación Bertelsmann calcula que de haber existido entre 2000 y 2016 habría absorbido una cuarta parte de las pérdidas de ingresos de las haciendas de la zona euro provocadas por el desempleo. Sólo en 2009, cuando la crisis suprime mutó en económica en el viejo continente, se habrían ahorrado 14.000 millones de euros.

Los gobiernos de Alemania, Austria, Finlandia o Países Bajos o las repúblicas bálticas rechazan desde hace años este mecanismo por considerarlo “una transferencia de fondos desde el norte al sur europeo”. Una idea que refuta Christian Kastrop, director del programa europeo de la Bertelsmann, ya que “en el periodo 2000-2016 ningún país habría sido contribuyente o receptor neto cada año”.

Financiado con contribuciones anuales en torno al 0,1% de cada PIB nacional, este seguro europeo de desempleo sería un colchón ante futuras crisis, “debería estabilizar la eurozona sin crear falsos incentivos”, aclara Kastrop, como “modelo que ofreciese apoyo sólo en crisis serias y sólo temporalmente promover al mismo tiempo solidaridad y disciplina de mercado en la Eurozona”. Von der Leyen lo plantea precisamente ahora que el continente se desacelera, con Alemania al borde de la recesión y el BCE rebajando sus previsiones de crecimiento al 1,1% este año y al 1,2% para 2020.

Un futuro sin impulso económico

En una de sus últimas comparecencias como presidente del BCE, Mario Draghi reconoció que su previsión sobre la economía es “peor, se está volviendo peor y peor, especialmente en las manufacturas”. “Peor” en los países europeos más industrializados y, “por culpa de las cadenas de valor” continentales, esta incertidumbre “se propaga por toda la eurozona”, según el italiano.

Alemania, la principal economía europea, es posiblemente el principal foco de preocupación en la zona euro, asumida la lenta recuperación de la Francia de Macron y el estancamiento de Italia. La confianza empresarial en Alemania está en mínimos de 2013 y su economía mantiene la segunda tasa de crecimiento más baja de toda la UE.

La Comisión von der Leyen deberá lidiar con este nuevo escenario macro y contará en el sillón principal del BCE con una nueva aliada. Christine Lagarde piensa mantener las políticas ultraexpansivas de Draghi. No le quedará más remedio ya que hereda una “incertidumbre que lleva con nosotros muchos meses, realmente más de un año, asociada a las guerras comerciales y a las tensiones geopolíticas”, en palabras de Draghi.

La gala también recibe una tasa de depósitos bancaria recientemente bajada al -0,5%, nuevas subastas de liquidez trimestrales y la recuperación de las compras de activos por 20.000 millones de euros mensuales precisamente el mismo día que asume su cargo. Lagarde tendrá que ser ingeniosa si, ante más curvas en la economía, pretende diseñar nueva munición cuantitativa en un arsenal que parece vacío a su desembarco.

“A la política monetaria no le quedan muchas herramientas monetarias, esa es la cuestión, y su efectividad es baja”, reconoce Guntram Wolff, economista y director de Bruegel. “Para los ministros de Finanzas europeos, la situación supone un nuevo desafío. Cuando ocurrieron las grandes recesiones del pasado, los ministros sabían que el banco central sería la primera línea de defensa. Con los tipos de interés a cero, el margen para nuevos recortes es muy limitado”, alerta Wolff antes el “cada vez peor” que aparece en el horizonte macro.

Aquí es donde se alzan cada vez más voces, dentro del BCE y en la nueva Comisión, y que deberán mantener unidas von der Leyen y Lagarde en favor de un cambio de ciclo en las políticas fiscales. La llamada de atención a los gobiernos con margen presupuestario para que lo utilicen empieza a surtir efecto. Alemania lanzará un nuevo plan de inversiones valorado en hasta 40.000 millones de euros que pivotará “en una misma dirección, reducir el CO2”, ha confirmado Svenja Schulze, su ministra de Medioambiente. “Un programa de múltiples medidas” al tiempo que se reduce al superávit primario, dinamizando la demanda interna.

Otro de los socios comunitarios con margen fiscal, los Países Bajos, abrirá la mano para paliar la desaceleración económica. El gobierno formado por una alianza entre liberales y conservadores ha anunciado recortes fiscales para las familias al tiempo que más inversiones en infraestructuras, especialmente la digital, y en instalaciones energéticas verdes. Holanda frenará su crecimiento del 1,8% este año al 1,5% en 2020 y aun así sus cuentas públicas tendrán un superávit en torno al 1%. Su deuda pública caerá por debajo del 50% del PIB el próximo ejercicio.

Incluso socios como Francia, sin tanto margen fiscal, acaban de anunciar un plan de 5.000 millones de euros en inversiones para impulsar a las start-ups del país. El objetivo es que 25 de ellas superen una capitalización de 1.000 millones en un lustro. El lustro en el que von der Leyen pilotará la UE. El plazo en el que las previsiones del mercado tampoco esperan movimientos de tipos del BCE, dirigido por Lagarde.

El dinero del Green Deal europeo

El llamado European Green Deal también se cimentará en los primeros cien días de la Comisión von der Leyen, como un conjunto de cambios normativos desde la UE hacia los Estados Miembros y de inversiones masivas para acelerar una transición económica que afronte el cambio climático.

La próxima Comisión quiere introducir, por ejemplo, una ley europea que garantice la neutralidad de emisiones contaminantes en 2050. En cuanto a las inversiones, habrá una modificación de los Fondos de Cohesión para financiar la transición ecológica de regiones o del mundo rural y una ampliación del esquema financiero seguido con el fondo EFSI del Plan Juncker para así reunir el billón de euros prometidos por von der Leyen.

En 2015, el EFSI de Juncker apalancó recursos del presupuesto comunitario y del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para movilizar una inversión privada inicial de 315.000 millones de euros. Posteriormente, se engordó a 500.000 millones hasta 2020. El próximo presupuesto en negociaciones de la UE ofrecerá a von der Leyen más munición: el nuevo Programa InvestEU con 650.000 millones para 2021-2027.

Von der Leyen ya ha dejado pistas sobre dónde quiere obtener más financiación para su masivo programa de inversión verde. “Es una cuestión de fijar las prioridades adecuadas en el futuro Marco Financiero plurianual” de la UE, ya ha señalado von der Leyen.

Los presupuestos para esos seis años contemplan partidas de 380.000 millones en la lucha contra el cambio climático y la política medioambiental (incluye también la PAC agrícola). Existe la opción de canalizar miles de millones de euros más desde la partida de inversiones estratégicas o los fondos de cohesión o desarrollo regional. Von der Leyen insiste que “en los próximos meses desarrollaremos un plan de trabajo más detallado” sobre esta canalización de fondos comunitarios.

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