La generación de los "millennials" comienza a querer entrar en el mundo de la inversión. Sin embargo, hablamos de inversores jóvenes, con conocimientos financieros, pero sin la capacidad de afrontar el gasto que supone contratar a un asesor financiero. Ante esta situación, nacieron los llamados "robo-advisors", plataformas automatizadas de asesoramiento y ejecución de inversiones que […]
Dirigentes Digital
| 25 jul 2015
La generación de los "millennials" comienza a querer entrar en el mundo de la inversión. Sin embargo, hablamos de inversores jóvenes, con conocimientos financieros, pero sin la capacidad de afrontar el gasto que supone contratar a un asesor financiero. Ante esta situación, nacieron los llamados "robo-advisors", plataformas automatizadas de asesoramiento y ejecución de inversiones que basan sus decisiones en algoritmos informáticos.
Según un informe del banco suizo Credit Suisse, este tipo de robots comienzan a popularizarse en varias empresas de gestión de patrimonios, sobre todo estadounidenses, aunque últimamente también europeas y asiáticas. Con esta nueva tecnología, son capaces de ofrecer un servicio de asesoramiento de carteras personalizado y a un coste competitivo.
Humano vs máquina
La principal pregunta que surge ante la proliferación de estas máquinas es si su trabajo puede compararse con la labor humana de un asesor financiero. Ante esto, opina Adam Nash, CEO de Wealthfront, una firma que gestiona más de 2.400 millones de dólares en activos: "La tecnología ayuda mucho a la automatización de la inversión privada. "El ordenador nunca duerme. Vigila tu dinero 24 horas al día 7 días a la semana, haciendo todas las pequeñas cosas aburridas que conforman una buena inversión a largo plazo", opina Nash.
Según Wealthfront, gracias a estos robots, un cliente puede abrirse una cuenta "en menos de 10 minutos" y consiguen que los gastos desciendan drásticamente en las firmas que los incorporan.
Desde Credit Suisse opinan que las ventajas de estos robots se demuestran con las altas cifras de crecimiento que están experimentando. Según el banco, los activos bajo gestión con estos robots han pasado de 1.000 millones de dólares a más de 5.000 entre 2012 y 2014. Y algunas proyecciones sugieren que esta cifra podría aumentar hasta los 250.000 millones en los próximos cinco años.
Christine Schmid, directora global de Equidad y Credit Research de Credit Suisse, opina que el crecimiento real de estos robots asesores vendrán de la mano de Asia. Desde Credit Suisse apuestan por que el crecimiento y la distribución de la riqueza privada jugarán un papel importante en el desarrollo de servicios de inversión de riqueza automatizados. Y es que un reciente informe de Boston Consulting Group señala que, de un aumento de 17.500 millones de dólares en la riqueza privada en todo el mundo el año pasado, el 60% provino de Asia-Pacífico.
"El número de clientes que solicitan soluciones bancarias baratas, simples, que se adhieren a las normas más estrictas de seguridad cibernética para alcanzar los objetivos de inversión a largo plazo está aumentando", observa Christine Schmid. Sin embargo, Schmid no cree que esto sea una amenaza para los servicios de inversión ya establecidos. "Los participantes del mercado establecidos pueden proporcionar oportunidades de inversión que las nuevas empresas de tecnología financiera no pueden. Los bancos tienen que invertir en tecnología y soluciones digitales", opina Schmid.
Holger Spielberg, director de Innovación Digital de Credit Suisse, observa que la integración de los avances tecnológicos (en particular en los ámbitos de potencia de los ordenadores), la transferencia de datos y los análisis de datos han hecho que esta evolución en la prestación de servicios sea inevitable. Sin embargo, apunta Spielberg, los aspectos de los servicios tradicionales de gestión de patrimonio siguen siendo relevantes. "El elemento humano es un aspecto crucial de nuestra estrategia", señala. "Lo que está cambiando es la intención en la recepción de valor".
Desde Credit Suisse añaden que los robots asesores "están a punto de cambiar la cara de la inversión de la riqueza. Pero en lugar de crear un autómata sin rostro y sin respuesta, pueden muy bien agregar valor y eficiencia a la gestión de la riqueza privada".