Las perspectivas negativas de los ratings soberanos superan a las positivas en una proporción aproximada de 4:1, apunta la agencia crediticia Standard & Poor’s (S&P) en su informe sobre tendencias de calificaciones soberanas para 2017. Y es que, a cierre del pasado ejercicio, eran 30 los países en la ‘casilla’ para una posible rebaja, frente […]
Dirigentes Digital
| 13 ene 2017
Las perspectivas negativas de los ratings soberanos superan a las positivas en una proporción aproximada de 4:1, apunta la agencia crediticia Standard & Poor’s (S&P) en su informe sobre tendencias de calificaciones soberanas para 2017. Y es que, a cierre del pasado ejercicio, eran 30 los países en la ‘casilla’ para una posible rebaja, frente a los siete situados en las de una posible ‘mejora’ de ‘nota’. “El saldo de las perspectivas (positivas menos negativas) se ha deteriorado hasta -23, desde el máximo de siete años alcanzado en junio de 2015 en -4, aunque es ligeramente mejor que el -30 de junio de 2016. Esta distribución sugiere que es probable que haya más recortes de ratings en los próximos 12 meses”, apunta la firma. Latinoamérica es la región con mayor sesgo negativo (-10), junto a Oriente Medio y África (-10). Por el contrario, Europa alcanza el primer balance positivo de perspectivas en una década. El Viejo continente, destaca S&P, ha “experimentado la mayor mejora de entre todas las zonas desde 2011, cuando representó casi todo el sesgo negativo a nivel global, debido principalmente a la crisis de la Zona Euro. Tras ‘pasar lo peor’, los países de la ‘moneda única’ tienen perspectivas más estables para sus ratings”. De hecho, Chipre y Eslovenia tiene perspectiva positiva y no hay ninguna negativa, después de que revisarán Finlandia y Francia hasta estable. En lo que respecta a las ‘notas’ en sí mismas, la agencia subraya que algo menos del 52% de los bonos calificados cuentan con el ‘grado de inversión’, esto es, ‘BBB’ o superior. “Proporción que se mantiene en el nivel más bajo de la historia”, matiza. Una tendencia, explica, que se debe no sólo a los nuevos ratings, “sino también a algunos ‘ángeles caídos’, o degradados, como Azerbaiyán, Bahamas o Bahrein, durante 2016”. Los ‘mejores de la clase’, los ‘triple A’, por su parte, se reducen a 12 países, desde el máximo histórico de 19 en diciembre de 2010, debido principalmente a los recortes en la Zona Euro, pero también a las pérdidas de Estados Unidos (agosto 2011) y Reino Unido (junio 2016 tras el Brexit). ‘Populismo’ y calificaciones soberanas Recordemos que, a finales de noviembre, la agencia de calificación Fitch alertaba sobre el posible impacto en los ratings de las recientes tendencias y los éxitos políticos del populismo. Apuntaba que tienden a favorecer un mix de medidas y estructuras de gobernanza con ciertos beneficios de corto plazo, y “consecuencias fiscales y económicas menos positivas a medio”. En concreto, explicaba la firma, un cambio político (o económico) importante “puede tener resultados favorables o desfavorables para la solvencia soberana” de un país. Reconocían estos expertos que mucho depende de la posición inicial del mismo y de la comparativa de las iniciativas tomadas frente a las desplazadas. Siendo lo más importante si éstas “aportan crecimiento a medio plazo sin incurrir en desequilibrios que supongan riesgos para el perfil crediticio”. Por ejemplo, detallaba, “rebajamos la nota de Reino Unido hasta ‘AA’, con perspectiva negativa, desde ‘AA+’, estable, tras el referéndum sobre su pertenencia a la Unión Europea (UE) debido al aumento de la incertidumbre económica, ante unas perspectivas de crecimiento más débiles y el deterioro en las previsiones para las finanzas públicas”. Mientras, en el caso de Estados Unidos, “aunque la agenda de Donald Trump no tiene implicaciones a corto plazo para la ‘triple A’, estable, del país, sí podría resultar en un déficit mayor y en un incremento del endeudamiento si se implemente en su totalidad. Esto tendría implicaciones potencialmente negativas para la solvencia a medio plazo”, advierte. Así las cosas, Fitch prevé más populismo en el futuro, ya que los “aspirantes de estas corrientes se han visto impulsados por los acontecimientos recientes”. De hecho, apuntan a que será “especialmente evidente en las próximas elecciones europeas”.