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A Tesco se le atragantan sus éxitos con una tarjeta de Navidad enviada desde China

Obreros prisioneros nos recuerdan que “Made in China” sigue siendo un estigma y que deberíamos exigir más ética de las empresas en su cadena de suministro.

30 DE diciembre DE 2019. 12:43H Stefanie Claudia Müller

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Tesco es una de las cadenas de supermercados más grandes del mundo. Tiene tiendas en 12 países de Asia y Europa y domina el Reino Unido, dónde tiene una cuota de mercado del 28%. El número de sucursales ha crecido desde 2008 a 2019 de 3.751 a 6.993. Después de unos años de crisis los títulos de la empresa cotizada han ganado en 2019 más de un 31%. Pero acabando el año se les atraganta un asunto que afecta en principio a muchos fabricantes europeos: parece que parte de sus productos navideños se han fabricado utilizando prisioneros extranjeros de Shanghái en condiciones muy cuestionables. Aunque China desmienta los hechos y niegue que haya un trabajo forzado o prisioneros políticos, Tesco ya ha frenado su producción de tarjetas de Navidad en China. Una niña había encontrado un mensaje de algunos trabajadores en una de estas tarjetas. La noticia fue lanzada por el periódico británico “Sunday Times” que dice que los autores del mensaje son prisioneros extranjeros en la cárcel de Qingpu en Shanghái y que denuncian que viven en condiciones inhumanas.

Un portavoz de Tesco insistió que la empresa nunca permitiría en su cadena de distribución este tipo de producción por trabajadores forzados, pero hay testigos que dicen que este vínculo entre Tesco y cárceles chinas existe ya desde hace algunos años. Sin embargo, el grupo británico, pretende dar a entender que no sabían de este asunto, porque ejecutan controles severos a sus proveedores. Sin embargo no es la primera vez que se encuentra un mensaje de ayuda en tarjetas de Navidad “made in China”. En el pasado prisioneros denunciaron ya de la misma manera, como revela el “Sunday Times”, que tenían que trabajar 15 horas al día y que recibieron muy mala comida. La ONG “Amnesty International” escribe sobre este hecho desde hace mucho tiempo, pero parece que ahora con el “caso Tesco” nos refrescan la memoria de que China sigue siendo una dictadura. Esta noticia cae en medio de una guerra comercial con EEUU, pero también con países como Alemania, donde hay cada vez más temor sobre las compras de empresas alemanas por fondos públicos chinos. Debido a una creciente sensibilidad de los consumidores, grupos como Tesco tendrán que controlar a sus proveedores asiáticos todavía más a fondo. Si no, el impacto negativo en las ventas puede ser grave como ha experimentado la empresa española Inditex que tuvo que defenderse por la explotación de niños en su cadena de producción hace años y se ha visto forzado a cambiar proveedores y también destinos de producción.

“Made in China” sigue siendo un estigma

Lo controvertido en este caso con Tesco es que el minorista más grande de Gran Bretaña dona para su buena imagen 300.000 libras cada año, cifra recaudada por la venta de tarjetas de Navidad, a organizaciones benéficas como British Heart Foundation, Cancer Research UK o Diabetes Uk. El escándalo es que ahora parece que el dinero de estas cartas viene de una fabricación en condiciones muy cuestionables y contradice toda la buena voluntad. A una escala más grande cuestiona las acciones de relaciones públicas de las empresas en general porque se ha establecido en muchas multinacionales una cultura de mirar hacia otro lado. No solamente por parte de los directivos, también por parte de los consumidores que quieren sobre todo comprar barato. En Alemania esta doble moral ha creado otra vez un gran debate sobre el “made in China” antes de lo ocurrido con Tesco, porque un periodista había documentado que hay cuatro millones de prisioneros que viven en campamentos de trabajos forzados. Muchos de ellos son oponentes del régimen chino según un documental de la televisión germano-francesa ARTE.

Viéndolo así el asunto ahora revelado es la cara desagradable del gigante chino que nos ha atribuido mucha riqueza en los últimos años gracias a su hambre consumista. Al mismo tiempo ha hecho posible, por su producción barata y falsificaciones varias, que las clases más bajas de la sociedad también puedan obtener un smartphone o un ordenador. Aun así, en el programa de debate alemán “Markus Lanz” el productor de documentales, Hartmut Idzko, describe que la existencia del campo laboral más grande en China, Laogai, es un escándalo para nuestro mundo civilizado. Aquí se ha encarcelado a parte de la población minoritaria musulmana, los uigures. Pero el alemán denuncia que en cada ciudad china existen este tipo de campamentos que pretenden, sobre todo, acallar a la oposición. También hay uno en Tibet, una región destrozada por el cambio climático y también por la represión china. El periodista alerta a los consumidores europeos de ser más conscientes del significado del “Made in China”.

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