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China mantiene sus previsiones de crecimiento para 2019

La economía china, en plena guerra comercial con EEUU, está creciendo a un ritmo del 6.2%. La producción industrial, sin embargo, ha sufrido una desaceleración del 6%. La inversión en activos fijos también se ha ralentizado un 5.8%. Las ventas minoristas mantienen un crecimiento ligeramente superior al 8%. Pero sectores de la nueva economía, como los vehículos eléctricos, han visto aumentar su producción un 34.6%

23 DE octubre DE 2019. 09:23H Alberto Lebrón (China)

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La desaceleración del crecimiento económico en China, al ritmo actual, no es una mala noticia. Según las previsiones de todos los organismos internacionales, China deberá crecer a tasas más moderadas del 3%-5%, un nivel que podría alcanzarse hacia el año 2030. La contribución del factor tecnológico deberá liderar ese crecimiento, sobre todo, una vez puesto fin al dividendo demográfico. Con una aportación negativa del factor trabajo al crecimiento económico, junto a los rendimientos decrecientes de la inversión realizada en exceso sobre muchos sectores industriales, China debe ahora reinventarse. En primer lugar, favoreciendo la consolidación de una matriz productiva intensiva en consumo interno, servicios e innovación tecnológica, con un menor crecimiento pero de mucha más calidad.

Apuesta por la innovación

Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, China lleva varios años escalando dentro del ranking de países innovadores, situándose actualmente en decimocuarta posición. Regiones como Shenzhen-Hong Kong, o Beijing, están entre los cinco clusters científico-tecnológicos más relevantes del mundo. Y, comparada con los países de renta media, China es líder absoluto en innovación. Las inversiones chinas en ciudades inteligentes o smart cities sumarán casi cuarenta mil millones de dólares en 2023. “China, si bien crece menos, está sofisticando su matriz productiva”, señala Wang Tao, economista del banco UBS, a DIRIGENTES. Las altas tasas de crecimiento industrial no necesariamente traen bienestar, al menos, como el existente en otras economías desarrolladas con un aumento moderado del PIB. El plan “Made in China 2025” seguirá avanzando sobre un modelo económico basado en más tecnología, conocimiento, productividad e I+D. En 2025, la automatización de los procesos productivos mediante big data, cloud business, blockchain e inteligencia artificial deberá haber alcanzado el 85% (frente al actual 58%). Se espera, entre otros objetivos, alcanzar una ratio de 100 robots por cada 10.000 empleos manufactureros (frente a los actuales 36). Y, al mismo tiempo, la contribución de los diferentes avances científico-técnicos sobre el PIB chino deberá haber alcanzado una cuota del 60% en 2025.

Necesidad de reformas

Ahora bien, al objeto de consolidar esa transición del modelo económico, la reforma del sistema financiero es clave para canalizar eficientemente el ahorro hacia los sectores económicos más productivos e innovadores. La deuda corporativa china se estima, actualmente, en torno al 130% del PIB (duplicando la media de otras economías del mundo industrializado). El FMI, sin ir más lejos, ha recomendado solventar estas ineficiencias cuanto antes. Y, en este sentido, China ha anunciado reformas de cierto calado durante el verano. Se han modificado las listas negativas que regulan la inversión extranjera directa. Y, por otra parte, un nuevo mercado al estilo del NASDAQ estadounidense ha sido creado en Shanghai: el índice STAR. Fabricantes de chips, nuevos materiales, inteligencia artificial o biotecnológicas, entre otras industrias innovadoras, todas son parte del índice STAR. En ese sentido, a través de mercados financieros eficientes, China busca financiar su nuevo modelo económico. En primer lugar, permitiendo que muchas start-ups chinas puedan acudir al mercado de capitales para financiar su desarrollo. Y, en segundo término, fomentando la innovación científico-técnica a través del enorme ahorro chino. Debido a la guerra comercial con EEUU, Pekín desea reducir su dependencia tecnológica, lo cual es posible desarrollando sus propias tecnologías financiadas desde los mercados de valores.

Incertidumbre con EEUU

Contrarrestando los efectos adversos del conflicto comercial abierto con EEUU, el comercio exterior chino del primer semestre ha aumentado un 3%. Las exportaciones chinas han crecido un 6.1%. Y su superávit comercial ha aumentado un 41%. Ahora bien, las exportaciones chinas del primer semestre hacia EEUU han retrocedido un 2,6%. Ahora, ambos países han acordado darse una tregua, al menos durante todo 2019. A corto plazo, supone levantar las sanciones sobre Huawei, líder en el desarrollo del 5G. Y, por otra parte, no imponer un arancel del 25% sobre productos chinos valorados en 300 mil millones de dólares. Para que dicha tregua acabe siendo una solución permanente, ambas partes deberán haber alcanzado un acuerdo antes de 2020. “La guerra comercial de EEUU con China tiene muchas derivadas de difícil arreglo”, señala Xue Jin, del think-tank gubernamental Academia China de las Ciencias Sociales (CASS), a DIRIGENTES.

Solamente en 2018, EEUU importó bienes chinos valorados en 539 mil millones de dólares, lo cual fue un nuevo récord. En servicios, sin embargo, EEUU mantiene un superávit cercano a los 40 mil millones de dólares con China. “Todas estas cifras, no cabe duda, son sintomáticas de una relación claramente desequilibrada”, asevera Xue. China, con su mano de obra barata e infravalorada divisa, lleva años endeudando comercialmente a EEUU (lo cual ha reducido el empleo manufacturero americano). Y, con el excedente derivado de dicho ahorro, los chinos no han tenido muchas más alternativas que invertir en activos estadounidenses.

Hasta ahora, el primer tenedor de deuda americana es China. Mediante unos costes de exportación artificialmente bajos China ha estado acumulado mucha liquidez para atraer empleo, conocimiento tecnológico e invertir en activos estadounidenses. Todo esto ha facilitado una cierta convergencia e, incluso, fondos suficientes para liderar desarrollos tecnológicos clave como el 5G. Para Donald Trump, todo esto ha sido a expensas de EEUU. Por ejemplo, mediante una divisa artificialmente devaluada e intervenida por el propio banco central, China ha podido jugar con cierta ventaja. O mediante transferencias tecnológicas, desde empresas deslocalizadas en China sin una protección efectiva de la propiedad intelectual.

Todos estos factores hacen pensar en una tregua más bien corta. A China, líder en tecnologías como el 5G, le tocará compartir ese desarrollo con EEUU (que no desea quedarse rezagado). Las empresas chinas deberán cambiar su modelo de invertir fuera para captar tecnología por otro más orientado a transferir tecnología en los países donde invierten. Y crear empleo. Y permitir un acceso libre de las empresas occidentales al gran mercado chino. Todo esto es lo que está pidiendo Trump. De los chinos va a depender alcanzar un acuerdo antes de 2020. Si esas negociaciones fracasan, la guerra comercial estallará en toda su magnitud, gravando todas las exportaciones chinas hacia EEUU un 25%. Pero, de momento, los datos no revelan un impacto severo sobre indicadores chinos como comercio exterior o IED.

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