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Cielo Único Europeo, ¿una alternativa a la tasa verde?

Numerosos agentes del sector aéreo piden la puesta en marcha del denominado Cielo Único Europeo en lugar de una tasa verde. Además de reducir las emisiones contaminantes, esta medida permitiría acortar el tiempo de trayecto y abarataría el precio de los billetes de avión

04 DE febrero DE 2020. 08:29H Carmen Muñoz

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El sector aéreo es uno de los más vapuleados ante la emergencia climática que sacude el planeta. Movimientos como el Flygskam (vergüenza de volar), que tiene su origen en Suecia, se han convertido en un fenómeno viral a nivel mundial. Todo un guiño al activismo ecológico europeo que ha tomado su máxima expresión en figuras como Greta Thunberg y las maniobras que realizó para llegar en barco y tren a la Cumbre del Clima celebrada en Madrid desde América Latina.

La oleada en contra no es casual. Según recoge la página web FlightRadar24, solamente el pasado viernes 31 de enero, se llevaron a cabo casi 185.000 vuelos a nivel mundial, cifra que extrapolada al mensual se traduce en unos cinco millones de vuelos durante enero.

Fuente: FlightRadar24

La Agencia Europea de Medio Ambiente calcula que viajando en avión un pasajero emite 285 gramos de dióxido de carbono (CO2), frente a los 14 gramos que emitiría si lo hiciera en tren. Para hacerse una idea, un vuelo entre Londres y Nueva York provoca el mismo nivel de emisiones que calentar un hogar durante un año entero, según la Comisión Europea.

En este contexto, se encuentra la industria aérea con una reputación que no deja de caer en picado, a pesar de los esfuerzos por atenuar su impacto medioambiental y aunque solamente sea responsable del 2% de las emisiones globales, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). "La aviación no es el problema, son las emisiones", señaló el director general para España y Portugal de la aerolínea easyJet, Javier Gándara, durante una ponencia sobre turismo sostenible en el marco de la 40ª edición de Fitur. El dirigente se mostró crítico con una situación que, a su juicio, "debe atajarse desde la raíz".

Si bien valoró las medidas puestas en marcha por parte de algunas compañías del sector -incluida la que él encabeza- de neutralizar el carbono derivado de la propia actividad de la empresa, Gándara puso sobre la mesa el proyecto del Cielo Único Europeo. Se trata de una iniciativa que persigue optimizar la gestión del espacio aéreo a nivel continental y cuya implantación se estudia desde hace más de dos décadas. La propuesta se hizo incluso antes de que términos como cambio climático o sostenibilidad medioambiental se popularizaran. Sin embargo, esta medida ha alcanzado la veintena de edad y su ejecución aún está en el aire.

En concreto, el Single European Sky (SES) o Cielo Único Europeo, fue impulsado en 1999 por la Comisión Europea y aprobado en 2004 para reestructurar la gestión del tránsito aéreo (ATM, por sus siglas en inglés), con el objetivo de diseñar un sistema de transporte aéreo "más eficaz" para todo el conjunto de países europeos -incluidos los que no forman parte de la Unión Europea-.

Este planteamiento del proceso de unificación aéreo llegaba después del diseño de un espacio común que permitiera la libre circulación transfronteriza. Para ello se fundó SESAR (Single European Sky ATM Research) "como un instrumento tecnológico". La idea pasaba por tener diseñado para 2020 una infraestructura de control de tránsito aéreo que posibilitara un desarrollo "seguro y ecológico" de este tipo de medio de transporte, tal y como recoge la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). Por el momento, está previsto que SESAR finalice su fase de desarrollo y validación en 2024.

Además de reducir la fragmentación del espacio aéreo y mejorar su efectividad dentro del continente, el Cielo Único Europeo presenta otras ventajas nada desdeñables. Entre ellas la mejora de la seguridad, la integración del ámbito militar en los cielos europeos y la bajada del coste de los billetes.

Con un límite para su puesta en marcha fijado en 2035, se estima que la bajada media del precio del ticket podría ser de 69 euros para primera clase y de 36 euros para la categoría de turista, respecto a los precios de 2014. Rebaja que incluso podría alcanzar los 74 euros en el primer caso y los 48 euros en el segundo, en un vuelo de alrededor de dos horas de duración y una ocupación del avión de 140 pasajeros. Pero sobre todo, el trazado de rutas más directas haría posible una disminución de los tiempos de vuelo de más de once minutos de media, lo que redundaría en un menor consumo de combustible y, por tanto, en una reducción de las emisiones contaminantes de hasta el 10%.

Dicho análisis fue realizado en 2017 por IATA. En él se estima que unificar los 28 espacios aéreos (tiene en cuenta Reino Unido), incrementaría el PIB europeo en 245.000 millones en una proyección a 2035. En España sería de 15.000 millones.

Numerosos agentes del sector ya se han manifestado a favor de esta medida en detrimento de la denominada tasa verde, con la que la Comisión Europea pretende gravar, así como desincentivar determinadas prácticas nocivas para el medio ambiente. Queda por ver si este proyecto se convierte en una realidad o queda en papel mojado.

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