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Sábado, 22 de junio de 2024
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Directivos

El modelo EFQM y los ODS

Como cada mes, DIRIGENTES se reúne con el Club Excelencia en Gestión para tratar las distintas líneas que perfilan el tejido empresarial.

CEO y CIO

Dirigentes Digital

02 ene 2024

En este número, Gonzalo Arboleda, presidente de Colombia Excelente; Paula Arboleda, directora general de Colombia Excelente; Tatiana Arboleda, miembro de Colombia Excelente; e Ignacio Babé, Director General del Club Excelencia en Gestión; debaten en Madrid sobre el modelo EFQM y los Objetivos de Desarrollo Sostenible y su penetración en el país latinoamericano. Colombia Excelente es el 3º partner más importante de la EFQM, y la primera organización de Iberoamérica, algo que ha conseguido en 10 años.

Cómo se está consiguiendo implantar este modelo de gestión, de origen europeo, en las organizaciones iberoamericanas? ¿Funciona de la misma manera que en España?

Gonzalo Arboleda (G.A.) Yo era el presidente del grupo Santillana en Colombia y un día Jesús Polanco, del Grupo Prisa, me pidió que viniera a Madrid. Al llegar, me habló del modelo de excelencia, que yo ya conocía porque lo ensayé en Colombia como profesor de universidad. Además, me introdujo a la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE) y me pidió que fuera a hablar con Mariano del Castillo. A raíz de ahí, llevamos a través del Grupo Santillana el modelo, y no solo a Colombia, sino a todo Latinoamérica, aunque funcionó especialmente bien en nuestro país. Empezamos en una asociación con la CECE, pero fuimos tan exitosos que llegamos a tener 50 colegios y la CECE no tenía la capacidad para atendernos a nosotros, no tenían infraestructura para atender a España y a Colombia. Ahí decidimos hacer el convenio con la EFQM de Bruselas. Así se llevó el modelo a Colombia.

También fue complementado con las relaciones que teníamos en el instituto educativo, sobre todo con la ministra de Educación de la época, Cecilia María Vélez, a la que convencimos en un congreso pedagógico de los colegios de La Salle en Medellín de que todos los colegios públicos y privados, especialmente estos últimos, debían certificarse con algún modelo. En ese momento se aceptaron cinco modelos, entre los que estaba el modelo europeo de excelencia, y de esa manera arrancamos. Hoy estamos teniendo alrededor de 50 o 60 sellos al año. Esa fue la manera que usamos para extenderlo.

En cuanto a las diferencias con España, Latinoamérica está pegada filosóficamente a Europa, que es la mezcla de muchas culturas: griegas, romanas, del norte, y hubo una melting pot que configuró una cultura y una filosofía europeísta. Latinoamérica ha estado siempre muy pegada vía la revolución francesa, la colona española… ha habido muchos vasos comunicantes entre las culturas latinoamericanas y la española/europea. Sí hay diferencias, incluso en el idioma: no hablamos el mismo español. Por ejemplo, en la parte financiera, al tratar temas con España, teníamos que traducir porque tratamos con conceptos diferentes, pero E pluribus unum (de muchos, uno), es lo que ha existido entre Latinoamérica y España. Es decir, pese a haber diferencias culturales, a través de la riqueza culturas de ambas regiones se hace la unidad.

Las empresas en Colombia son más pequeñas que en España. ¿Cómo se consigue que presten atención y pongan interés en el Modelo EFQM? ¿Es imperativo adoptar este Modelo para seguir operando a largo plazo?

G.A. A mí me parece que los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son una gran idea, pero con la pandemia quedaron suspendidos en el tiempo. Para 2030, no se van a cumplir la mitad de los objetivos. En los campos educativo y sanitario, se ha progresado un poco más desde la individualidad de cada empresa, no desde la prédica y los discursos oficiales. Si no fuera por la empresa privada, los ODS no pasarían del discurso oficial.

Paula Arboleda (P.A.) Pero es cierto que es un tema muy nuevo para las organizaciones. Los diferentes sectores están empezando a trabajar ahora en los ODS y, en concreto, Colombia, donde somos muy fuertes en el sector educativo y en el de la salud se ha empezado a trabajar, especialmente en los colegios. Se trata de un tema que es de tendencia mundial, pero hay mucho trabajo por recorrer, es un tema todavía muy conceptual.

En cuanto a esa adaptación a las tendencias marcadas por los ODS, ¿hay algún aspecto en el que las organizaciones colombianas se estén quedando atrás que sea necesario reforzar? ¿Existe una concienciación real o solo se trata de estrategias de marketing?

G.A. Volvemos al tema de las modas: mucho discurso oficial, poca acción real. Pero especialmente en el mundo industrial es donde más se habla del tema, pero donde menos se cumple la realización de los ODS. En salud y educación empieza a florecer y germinar la idea.

P.A. es un tema de moda. Mi opinión es que las organizaciones empresariales tienen temas más urgentes de los que ocuparse. No estoy diciendo que los ODS no lo sean, pero la pandemia ha dejado otros asuntos (teletrabajo, salud mental…) más importantes. El mundo se ha movido de una forma tan distinta en los últimos años que las organizaciones están apenas empezando a sacar la cabeza. Creo que hay temas, como el talento humano que preocupan más.

Tatiana Arboleda: Las organizaciones durante la pandemia tuvieron que sobrevivir y reinventarse para responder a una situación inesperada. Esto ha hecho que en este momento temas como el bienestar emocional, apelando a que son las personas las que conforman las organizaciones, ganen relevancia. Las organizaciones, además de la sostenibilidad financiera, deberían trabajar alrededor del bienestar emocional.

¿Cuál es el nivel de sensibilización con la innovación y la sostenibilidad como integrantes de un sistema de gestión como el Modelo EFQM en Colombia?

G.A. Es un tema importante. Desde la academia siempre hemos hablado de la investigación. Yo a mis alumnos en Colombia les decía que investigar no es mandar a los niños a copiar en la biblioteca, se trata de ir en busca de las raíces, de las bases de un problema para resolverlo. El mundo se está moviendo en ese campo: la innovación es una de las líneas de desarrollo centrales del desarrollo humano, tecnológico y ecológico. Innovar no solo es ir a la Luna, que también, sino que en tu puesto de trabajo todos los días seas mucho mejor, poco a poco, hasta convertir tu puesto en uno absolutamente eficiente. El que no sea eficiente y no innove está fuera.

P.A. Además, hay que dejar que la innovación consta solo de grandes desarrollos tecnológicos. El éxito de la innovación está relacionado con que el mundo es cada vez más inclusivo. En el ámbito de la educación, por ejemplo, la innovación no se debe centrar solo en traer la inteligencia artificial (IA) al proceso de la prestación de servicios educativos, sino en poder atender de una manera más puntual a niños y niñas que tienen diversos requerimientos.

G.A. Venimos del mundo industrial, donde los procedimientos están muy estructurados paso a paso. Eso encorsetó la mente humana, por eso despectivamente se llaman funcionarios. Los hombres son capaces de lograr metas y objetivos, de ser disciplinados… Ese es el tema central: permitir a cada persona que innove en su puesto de trabajo, que mejore esos procesos, actividades, decisiones y las interrelaciones que tienes que tener con tus compañeros. Ese es el punto central de la innovación hoy. Si somos capaces de empezar por esa base, la innovación florece.

P.A. En términos de innovación, las respuestas que necesita el mundo varían. Todo cambia tanto que, para una organización o equipo, dar respuesta a esas necesidades cambiantes del entorno hace que todo el tiempo haya que ver los problemas desde distintas perspectivas. Además, volviendo a la pandemia, lo que hizo fue abrir el espectro en términos de desarrollo y de cambio, porque nos presentaron un mundo al que no sabíamos responder. Esto hizo que muchas organizaciones tuvieran que repensarse y entender las nuevas expectativas y necesidades y, por lo tanto, ajustar la prestación de sus servicios y productos a ese mundo cambiante.

G.A. Hay una disfunción. Se busca gente muy buena y se la capacita, pero después no les dejan actuar. La empoderas y no la dejas tomar decisiones. Si no se deja que actúen sin que tú intervengas, se cae en error. Esa es una de las herencias del mundo industrial que comentaba, que nos metieron dentro de un molde, cuando uno tiene que tener unos límites y, dentro de estos, dejar que el trabajador tome las decisiones que tenga que tomar. Si no las hace, recurrimos a la accountability, la responsabilidad. Mientras tanto, deja que actúen, que para ello contrataste a gente buena y formada.

En cuanto a sostenibilidad, ¿considera que las empresas han cambiado el chip?

P.A. Creo que es un tema que está en el top of mind de las organizaciones. Sobre todo en Colombia, que es un país que, hablando en específico de sostenibilidad ambiental, tiene uno de los grandes pulmones del mundo y es especialmente diverso. Aunque también hay un largo camino por recorrer, y estas ideas ya estén en las cabezas de las organizaciones empresariales.

¿Este cambio viene liderado por la sociedad o por las propias organizaciones?

P.A. Yo creo que es una combinación. Por un lado, forma parte de las apuestas que hacen las organizaciones, aunque hay que distinguir entre las grandes corporaciones y las pequeñas y medianas empresas. Además, el mundo está empujando en esa dirección y esto atrae a las organizaciones en términos de trabajo.

G.A. Alrededor de 1970, Milton Friedman escribió un artículo que decía que la gran responsabilidad de un gerente es conseguir utilidades para los socios. Se han cumplido los 50 años de la publicación de ese artículo en el New York Times y sigue siendo válido hoy en día, pero con una diferencia: que las utilidades se repartan entre todos. Es decir, entre la sociedad, los empresarios y los trabajadores. Pero, por lo demás, sigue siendo válido. Si tienes una empresa que no dé excedentes, que no dé utilidades, no puedes pagar a los trabajadores, innovar o tener la última tecnología punta.

¿Cómo se convence a las empresas sobre la importancia de priorizar estos cambios?

G.A. Que miren el mundo que se está destruyendo. Es un tema moral y ético y si seguimos por este camino, no vamos a tener futuro.

P.A. Creo que es un tema generacional, creo que los jóvenes tienen ese tema más en la cabeza. En términos de necesidad, ya hay una semilla sembrada en las nuevas generaciones. Está empezando a darse una presión por parte del consumidor, que tiene más cuidado y mira el etiquetado cuando va a la compra, por ejemplo. Además, no solo hablo en término de compra de productos, también de servicios. Y en la medida en que se produce ese relevo generacional en las empresas, el cambio se hará más fuerte, ya que los adultos contemporáneos no tenemos esa concienciación que tiene los jóvenes.

G.A. Esa semilla se ha sembrado en el sector educativo, que ya está predicando el tema de la sostenibilidad. Esto es positivo, es frenar un recorrido hacia el abismo.

¿Se nota que las nuevas generaciones, además del salario, valoran el propósito de la organización y la aplicación de criterios ESG?

P.A. Creo que en Colombia sí se nota, aunque las distancias en el cubrimiento de necesidades básicas afecta. En los niveles socioculturales más altos, sí. Tiene la posibilidad de escoger. Sin embargo, en los sectores más bajos todavía no pueden, porque tienen que satisfacer las necesidades básicas y no pueden rechazar trabajos. G.A. Nosotros que recorremos colegios en Colombia, vemos una gran conciencia ambiental. En mi generación eso no existía.

¿Se está incorporando la tecnología a la transformación digital al mismo ritmo que en España? ¿Qué diferencias se han detectado?

P.A. Ese es un camino que se ha dado a nivel global. En Colombia no estamos a nivel de España, pero es un camino que ya ha comenzado. Además, hay muchas áreas del Gobierno que ya se han metido en esa área. En las empresas, también es un tema que está en su top of mind. Otra cosa es que se desarrolle de manera más rápida o lenta.

G.A. Estamos en la era del ser. Yo fui profesor de primaria, en una escuela pública en la violencia dura colombiana. Con mi sueldo de maestro compraba libros para que los alumnos pudieran leer. Esto fue en los años 60, aunque parezca mucho tiempo, es un segundo en la historia de la humanidad. Ahora eso ha cambiado: muchas veces tienen los recursos, pero no tienen las ganas de hacer las cosas que sí teníamos nosotros. Hay un desencanto de lo que ha habido, y con mucha razón.

En la Unión Europea hay mucha iniciativa pública para la transformación del tejido empresarial. ¿Sucede igual en Colombia?

P.A. En Colombia se está haciendo un esfuerzo en la conectividad. Hay mucha población que vive lejos de las grandes aglomeraciones urbanas que sufre este problema. En términos de educación, también se impulsa la conectividad y la digitalización. En términos políticos, falta recorrer camino. Es un país subdesarrollado que todavía tiene grandes cambios que hacer.

Ignacio Babé: Hay diferencias en la percepción de la excelencia aquí y allí por las diferencias culturales y sociales. Eso no quita que la esencia de la gestión de la excelencia sea la misma.

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