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El mito de Finlandia: no es un buen modelo para España

Su sistema de educación es ejemplar pero la estructura social y el clima hacen la vida difícil. La nueva primera ministra finlandesa tiene muchos retos por delante.

20 DE diciembre DE 2019. 08:14H Stefanie Claudia Müller

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Si España tiene ya problemas para formar una coalición de dos partidos, Finlandia demuestra que es posible gobernar con cinco, a pesar de cierta inestabilidad. Y mientras en Europa todavía cada mujer en una posición de poder es un hito, en Finlandia los partidos del gobierno están todos liderados por ellas, además muy jóvenes. Considerando que alrededor del 90 por ciento de los jefes de estado y de gobierno del mundo son hombres el país nórdico se mantiene a la vanguardia. Sanna Marin, la nueva jefa del Gobierno, es socialdemócrata y fue ministra de Transportes y Comunicaciones entre el 6 de junio y el 3 de diciembre de 2019. La mujer de 34 años fue elegida después de una crisis de Gobierno que llevaba solamente medio año en funciones y que sigue a pesar de los conflictos entre los cinco partidos de coalición. Desde su pico en 2016 (crecimiento real del 2,8 por ciento), la economía se ha debilitado. El pronóstico del PIB para 2019 publicado recientemente por el OP-Bank es del 1,6 por ciento. Finlandia, que en muchos aspectos ha servido como campo de pruebas y país de cohesión, está perdiendo su buena reputación económica y social: los gobiernos ya son inestables como en el resto del mundo y la sociedad lucha contra el abuso del alcohol, a pesar de precios e impuestos muy altos, con la resultante violencia en las familias. Por todo ello Marin, cuando pase la Presidencia del Consejo de la UE a Croacia el 1 de enero de 2020, tiene que enfrentar varios retos en su propio país que sufre también un paro creciente que se ubica ahora en el 7%. Es mucho para un país tan grande con solo 5,5 millones de habitantes. La densidad de población está en 16 habitantes por km2.

Sanna Marin puede ser un modelo para mujeres dirigentes

Ubicada en el ala más izquierdista y verde de su partido, muchas empresas temen las políticas que pueda impulsar Marin. Dirige un país, donde se hacen negocios en la sauna y se habla muy poco a primera vista, además de que en ninguna parte de Europa la población envejece tan rápido. Las previsiones oficiales suponen que la disminución de la tasa de natalidad de Finlandia socavará la economía que hemos admirado durante las últimas décadas. Ahí donde el aprendizaje del sueco por cuestiones históricas es una obligación, y el inglés es casi el segundo idioma, la vida para los jóvenes ya no es tan optimista como hace años y las guerras comerciales preocupan a las empresas finlandesas. Cualquier carga sobre el comercio exterior afecta al pequeño país nórdico muy orientado a la exportación. Por ello la confianza entre las empresas industriales y de servicios ha disminuido constantemente desde principios de 2018, como lo demuestran las encuestas de la Asociación Central de Empresas Finlandesas EK.

En este contexto económico algunos destacan positivamente el pasado difícil de Marin y cómo podría motivar a muchos en una situación similar. Su madre fue criada en un orfanato y la tuvo a los 23 años. El padre era alcohólico y las abandonó. Su madre consiguió sacarla adelante, aunque a veces tuvo que pedir ayuda a la asistencia social que funciona muy bien en Finlandia. Sanna Marin que empezó ya como muchos jóvenes de su país a trabajar a los 15 años, ha sido capaz de crear para si misma una situación estable. Conoce a su marido desde los 17 años y es él quien cuidará a partir de ahora de su hija a tiempo completo. Dice que su catecismo político cabe en tres palabras: libertad, igualdad y solidaridad. Pero claramente ella misma es la prueba de que Finlandia no es tan feliz como reflejan las encuestas y tan avanzada como muchos creemos: “No somos un país mejor que otros como a veces se pinta desde fuera, tenemos problemas sociales como todas las sociedades modernas y multiculturales”, dice Antti Kapanen que es el responsable de un programa de máster para ingenieros en la universidad de HTW en Berlín y se sorprende desde hace años de la admiración hacia su país de origen. El ingeniero finlandés ha vivido el derrumbe de Nokia, un coloso que llegó a producir cuatro de cada diez móviles que se vendían en el mundo y aportó entre 1998 y 2007 un 25% del crecimiento del PIB del país durante casi una década. Después de Nokia no ha venido nada similar, también por ello él cree que Marin quizás no es la solución adecuada para Finlandia: “Necesitamos más políticas liberales en lugar de prestaciones sociales.”

Finlandia es muy diferente a España

Finlandia sufrió para recuperarse de la crisis financiera global y se vio penalizada por las sanciones rusas contra países de la UE. También por todo ello el informático de 40 años no tiene por el momento intención de volver a su país y quiere terminar su doctorado en Alemania, que va justamente sobre modelos de integración de trabajadores extranjeros como él: “A pesar de los problemas que existen sin duda en Alemania, hay más oportunidades aquí para mí que en Finlandia”. Aunque es uno de los países más prósperos de la UE, es pequeño y con una vida dura en algunas zonas del país por el clima y la poca infraestructura. Finlandia apenas tiene materias primas aparte de los bosques y a pesar de una agricultura sólida la vida urbana está dominada por el “fast food”. Altos impuestos como un IVA de 24% hacen que muchos quieran ya vivir fuera y les encanta viajar para ver otras cosas y poder vivir con más lujos. La base de la prosperidad finlandesa es sobre todo el capital humano por su sistema educativo que sin duda es menos rígido que en otros países y adaptado al mundo tecnológico en el que vivimos. Las ayudas estatales para estudiantes, hacen más fácil para los jóvenes independizarse, invertir en su educación y ser autónomos.

Sin embargo, su número disminuirá en las próximas décadas. Las estadísticas oficiales esperan que la proporción de ciudadanos en edad laboral entre los 15 y los 64 años se reduzca del 62 por ciento actual de la población al 60 por ciento en 2030. En 2050, se espera que su participación sea solo del 58 por ciento; entonces habrá 200,000 trabajadores menos en Finlandia que hoy. En un país tan pequeño esto es mucho. Y la renta básica universal tampoco parece una solución: Finlandia fue el primer país europeo en comenzar un estudio sobre la renta básica universal, en el que casi 2.000 desempleados recibían un salario mensual regular. El resultado del estudio: muchos de los beneficiarios permanecieron desempleados. Sin embargo, dijeron que fueron más felices.

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