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“En Iberoamérica no se reconoce a los mecenas”

Entrevista a la Presidenta de la Fundación Callia, Carmen Reviriego

22 DE octubre DE 2019. 09:13H Alexandra Gheorghiu

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Desde la Roma clásica hasta la actualidad, el mecenazgo ha permitido dar de manera altruista sostenibilidad a las obras de muchos artistas. Las motivaciones para ser coleccionista de arte y apoyarlo son muy diversas, desde la creación de un legado patrimonial, el prestigio social, hasta el hecho de trascender o por las emociones que evoca.

En el marco del Consejo Empresarial Alianza por Iberoamérica (CEAPI), DIRIGENTES ha hablado con la Presidenta de la Fundación Callia, Carmen Reviriego, para conocer la situación actual del mecenazgo en España y en Latinoamérica, así como su rentabilidad.

¿Qué le llevó a crear la Fundación Callia?

La Fundación Callia nace de la compañía que yo presido en la que asesoramos a coleccionistas que tienen interés en el arte, no solo desde el punto de vista artístico y de otros atributos que tiene el arte como es la creación de un legado patrimonial, educación, sino que además tienen interés social, quieren trascender. Creo que todas las personas tienen que tener una razón de ser filantrópica y yo elegí el arte y creé la Fundación Callia porque en Iberoamerica, los iberoamericanos tenemos en común algo que nos diferencia de los grandes referentes en el ámbito de la filantropía, los grandes referentes anglosajones, y es que no tenemos mecenas. No tenemos mecenas por muchas razones. Muchas veces se habla del tema fiscal -es importante- pero hay algo mucho más profundo y es un tema cultural. En Iberoamérica no se reconoce a los mecenas, no se reconoce a las personas que se comprometen socialmente con los demás. Esto lo tenemos que cambiar, tenemos que reconocer al mecenas, aplaudirles, para que haya más porque son personas que comparten su riqueza con los demás, fruto de su esfuerzo. 

¿Cómo definiría la situación actual del patrocinio cultural y artístico y cuáles son las diferencias entre el mecenazgo en España e Iberoamérica? 

Estamos por debajo de los grandes referentes anglosajones. Se habla mucho de las leyes de mecenazgo, pero estas leyes no van a ser determinantes si no hay un cambio cultural. Sin embargo, aunque sea solo en campaña política, que los políticos siempre hablan de la ley de mecenazgo, lo que se transmite a la sociedad es que es algo que importa, y eso es bueno. Estamos avanzando en España, en lo que yo más conozco, en el ámbito artístico y museístico. Es verdad que muchos de los museos de España, sobre todo los más grandes, son sostenibles o lo son en un 75%, eso es muy grande porque en América Latina podemos llegar a unos porcentajes de un 10-15% en las instituciones públicas. En EE.UU un museo como el Metropolitan es sostenible en el 93%. Solo hay un 8% que pone el Ayuntamiento de Nueva York. 

Desde su experiencia, ¿cómo es la figura actual del mecenas?

Son empresarios importantes que disfrutan del arte. El arte les sirve como refugio, como break en su actividad empresarial. El mecenas de hoy en día es un mecenas que es “muy empresario”. Un empresario que es exitoso normalmente es un empresario estupendo, un empresario que busca la excepcionalidad en todas las cosas que hace. En el ámbito del mecenazgo lo hace también. Son personas que realmente tienen un poder transformador increíble. En el ámbito iberoamericano, hemos hablado con Álvaro Saieh, pero también tenemos a Patricia Phelps de Cisneros, es la Peggy Guggenheim del siglo XXI. Ahora el MOMA va a abrir sus puertas y va a haber mucha más obra colgada en las paredes de artistas latinoamericanos. España necesita mecenas, porque al final el mercado del arte es muy pequeño. Comparado con el mercado mundial es solamente un 1% y el mecenas es el puente entre el artista y el museo. Cuando un artista está en un museo, es un artista que se consagra y cuando se consagra hay demanda, hay interés por parte de los coleccionistas y al final es un círculo virtuoso porque si hay demanda hay galeristas. Así el mercado funciona y los artistas tienen más oportunidades. Ese círculo virtuoso no se ve en España, por eso tenemos un mercado de un 1%.