liderazgo

Fumanal: "La política en España está anclada en debates del siglo pasado"

DIRIGENTES entrevista a la consultora de comunicación Verónica Fumanal, exasesora de dirigentes como Albert Rivera y Pedro Sánchez

08 DE noviembre DE 2019. 15:25H Mario Talavera

59907e1f32f23cb592872486fc91ec3d.jpeg

La comunicación es una de las principales labores de la Unión Europea, porque tiene que ver con transmitir a la ciudadanía su acción y los beneficios que lleva aparejados. Sin embargo, su forma de transmitir mensajes no es efectiva, según la experta en comunicación Verónica Fumanal. La exasesora de comunicación de políticos como Pedro Sánchez o Albert Rivera explica para DIRIGENTES su punto de vista acerca de la comunicación tras su participación en el Seminario de Medios de la Sociedad Civil, organizado por el Comité Económico y Social Europeo en Málaga.

Acerca del tema del evento. ¿Qué puede hacer el ciudadano de a pie para mejorar esa comunicación y estar más integrado dentro de la Unión Europea?

La Unión Europea tiene la dificultad de ser una institución lejana, y que las instituciones se perciben lejos de nosotros. Y además no existe una vocación internacionalista. En la mayoría de los medios de comunicación la sección internacional no es la primera, suele ser de las últimas. Es la Unión Europea la que necesita de una forma más clara decirle a los ciudadanos cómo pueden participar y dónde. No podemos pedirle a los ciudadanos que hagan esfuerzos por sentirse integrados en las instituciones. Es al revés: las instituciones deben estar presentes en la vida de los ciudadanos.

La Unión Europea supuso en los años 1980 y 1990 para España un gran sentido de pertenencia. Nos sacaba de una época muy oscura y nos equiparaba a países y a democracias muy consolidadas. Ahora necesitamos revivir el relato y tenemos muchas oportunidades para hacerlo.

"El relato es como un bisturí, se puede usar para matar a alguien o para salvarle la vida"

¿Qué se podría hacer mejor para que la política europea no se perciba como algo tan lejano?

La Unión Europea tiene una gran oportunidad de evitar las guerras que tenemos a nivel nacional entre los partidos, esas guerras partidistas que copan casi todo el espacio público. La UE puede ser aquella institución que aborde de forma profunda y profunda debates del siglo XXI. En ocasiones vemos cómo la política en España está anclada en debates del siglo pasado. Por ejemplo el cambio climático, el feminismo o cómo se regulan los flujos migratorios son debates que pueden abrirse desde Europa y pueden servir para reconstruir el relato de por qué es necesaria y dotarla de nuevo de significado.

Con tantos canales de información, ¿hay exceso de información? Y por otro lado, ¿cómo llegar al ciudadano sin sobrecargarle y cansarle?

Creo que hay muchas herramientas que se han añadido a los medios de comunicación tradicionales. Y sobre todo están las redes sociales, donde se puede comunicar de una forma directa, y con un lenguaje mucho menos institucionalizado. A veces la Unión Europea se ha pecado de discursos demasiados leguleyos, demasiado institucionales, con lenguaje poco entendible. A la gente le preguntas qué es una ley y lo sabe. Le preguntas qué es una directiva y ya no lo tiene tan claro. Incluso los propios órganos que forman la propia Unión Europea no están claros y puede que haya una falta de pedagogía por parte de la educación.

También hay un hecho de que el presidente no se elija de forma directa, que es un hándicap para las personas que votan. La Unión Europea tiene nuevos canales y nuevas formas de comunicar y además, tiene la obligación de hacerse entender por los ciudadanos.

En un lenguaje más prosaico, a un nivel no tan europeo. Comentábamos que existen muchos más canales, ¿puede suponer una ventaja pero a veces también un obstáculo?

Las redes sociales son solo un canal de comunicación y pueden ser efectivos o no. Es decir, si tú continúas comunicando de una forma unidireccional y con un lenguaje institucionalizado, con narrativas del siglo pasado, obviamente los jóvenes no se van a sentir interpelados. Una de las maneras más eficaces para comunicar son las series de televisión. Por ejemplo en EEUU, tanto el partido republicano como el demócrata utilizan series de televisión para imponer marcos mentales. ¿Por qué no una televisión a nivel europeo, o series que enseñen la historia de la Unión Europea? Que enseñen las instituciones con nuevas narrativas y con nuevas formas de comunicar.

¿Tendrían audiencia?

¿Por qué no? Claro que sí. Si tienen contenidos que son atractivos, los ciudadanos por supuesto que lo verían. Lo que seguramente no verían es un documental de cinco horas de cómo se construyó la Unión Europea con discursos y discursos y discursos. Pero sí que veríamos una serie de televisión. Por ejemplo “Years by years”, en HBO es una serie que tiene mucha popularidad en España y que trata sobre futuribles y cuestiones que pueden ocurrir, como también Black Mirror. Los retos y riesgos que tenemos. Eso a la gente le interesa, pero tiene que hacerse atractivo, claro.

Ha sido asesora de comunicación de algunos de los líderes más importantes de este país, como Pedro Sánchez o Albert Rivera. Quería preguntarle si cree que la política ha cambiado a peor o si se sobreactúa demasiado.

Vivimos en una sociedad muy nostálgica que cree que cualquier tiempo pasado fue mejor. Tú hablas con periodistas de la transición, como por ejemplo el recientemente desaparecido Pepe Oneto, y él decía que en la transición también se criticaba a los políticos. Se decía que no tenían el nivel suficiente, que se escenificaba mucho. Creo que estamos en una nueva era en la que la comunicación tiene un peso mucho mayor que en el pasado. Se han multiplicado los canales, las formas y han cambiado las formas en las que se hace. No se puede hacer una campaña en la que interpeles por igual a gente joven o a gente más adulta. Eso son oportunidades para que los ciudadanos se sientan más cerca.


La comunicación no siempre tiene que ver con la verdad

Se habla mucho del relato. ¿Qué es el relato? ¿Por qué ha adquirido tanta importancia últimamente?

El relato se ha puesto muy de moda por el hecho de que expertos y comunicólogos estemos en los medios de comunicación introduciendo esos conceptos nuevos. El relato es tan antiguo como la primera institución que hizo comunicación política, que fue la Iglesia. Tú miras la Biblia y no te cuentan que hay que ser cristiano por un razonamiento lógico y por los beneficios que puedes tener, etc. Te cuenta historias y ejemplos que llegan a una misma conclusión: que hay que ser bueno y hay que creer en Dios. Eso es el relato.

Por tanto, el cómo se utilice por los partidos es una cuestión que pertenece a cada cual. Es como un bisturí, se puede usar para matar a alguien o para salvarle la vida. El hecho de que ahora esté mucho más focalizado es que las técnicas de comunicación política son mucho más publicitadas por los partidos y por los medios pero, ¿estamos pensando que Ronald Reagan no tenía un relato? El relato simplemente responde al por qué. ¿Por qué tendría que votar a un determinado partido? ¿Por qué tengo que tener confianza en la Unión Europea? ¿Por qué tengo que seguir a un determinado líder? Y en lugar de utilizar la comunicación en términos de beneficio, tienes que contar un relato que, efectivamente son importantes en política.

En muchos países del mundo se ve que los líderes están tratando hacer verdad cualquier mensaje. Que se dice algo y, como queda ahí en Twitter está bien dicho. ¿Se miente más que antes? ¿O están los votantes más dispuestos a creer esos mensajes?

La comunicación no siempre tiene que ver con la verdad. Tiene que ver con las emociones creencias propias y todo eso influye. Se ha mentido toda la vida. La mentira es tan vieja como el habla. La primera persona que habló ya mintió porque es intrínseco al ser humano. Creo que la crisis que están atravesando los medios de comunicación de credibilidad es en parte culpa suya por fomentar y divulgar ciertas mentiras, como fue el caso de la guerra de Iraq. Mark Thomson, en su libro “Sin palabras” lo explica muy bien. Habla de cómo los periodistas no hicieron su trabajo de verificación de esos relatos políticos y eso ha llevado a atravesar una crisis de credibilidad que estamos arrastrando todos. Porque antes teníamos los medios de comunicación tradicionales, que eran la única manera de llegar al electorado y por lo tanto los medios de comunicación tenían que decir si aquello era verdad o mentira. Ahora ya no tienen ese papel editorializante, de contraste. Efectivamente las mentiras ahora tienen mucho más canales pero eso no quiere decir que se mienta más.

¿Qué tiene que hacer la prensa para no caer en esos vicios?

La crisis en el campo de la comunicación está siendo muy acusada en estos momentos. Además el populismo la utiliza como el enemigo a batir. Podemos ver cómo en los rallies de Donald Trump se echa a la prensa, o los ataques que ha recibido en Cataluña: “Prensa española, manipuladora”. Está claro que existe una crisis de credibilidad y tiene que recuperar su credibilidad. ¿Cómo? Haciendo una tarea de fact-checking, editorializante, de saber qué es verdad y qué no. Y hacer contenidos de calidad. Hemos vivido cómo esa crisis de credibilidad está aparejada con la precarización del trabajo también en las redacciones. El periodista no tiene tiempo para contrastar, se le exige que publique en el minuto uno. Y se puede tener calidad y contraste de fuentes, o tener rapidez. Estamos en un cambio de modelo y creo que se asentarán en un modelo más sosegado que prime la calidad sobre la rapidez.

Inversis: "Vemos rentabilidades atractivas en algunos tipos de préstamos privados corporativos"