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Innovación biomédica para la sociedad del futuro

La mayor comprensión de las enfermedades a través de los fenómenos bioquímicos y fisiológicos subyacente y la identificación de dianas terapéuticas más específicas han dado lugar, en las dos últimas décadas, a un desarrollo sin precedentes de la biotecnología que está haciendo realidad la denominada medicina de precisión o personalizada.

23 DE octubre DE 2019. 12:18H Dirigentes

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La innovación en biomedicina supone una oportunidad histórica para países que, como España, son referentes en el ámbito sanitario y de la investigación clínica, y que tienen la posibilidad de formar parte del grupo de cabeza de una nueva forma de entender la medicina y el cuidado de la salud que caracterizará en el futuro a las sociedades más avanzadas.

En este contexto, es clave que todos los agentes implicados (administraciones, profesionales sanitarios, industria farmacéutica, pacientes…) sean capaces de llegar a acuerdos para fortalecer el sistema sanitario y la investigación biomédica y garantizar un acceso adecuado y rápido a las innovaciones. 

El primer paso es considerar el medicamento innovador como una inversión, y no como un gasto, en la medida en que genera importantes ahorros sanitarios (entre dos y ocho veces su coste inicial), mejora la eficiencia y tiene beneficios en el ámbito económico (aumento de la productividad y las inversiones en I+D), sin olvidar su principal efecto: la mejora de la salud y la calidad de vida de los pacientes.

El siguiente paso pasa por ganar en eficiencia por la vía de la medición de los resultados en salud y sus costes asociados, para determinar cuál es el valor real que aporta la innovación, algo que afecta a los medicamentos y al resto de tecnologías e intervenciones sanitarias. También dentro de esta mejora de la eficiencia es necesario modernizar la gestión financiera y presupuestaria, haciéndola más flexible para poder acoger con rapidez la innovación.

El acceso a la innovación, un derecho de los pacientes

Recientemente, el presidente de Farmaindustria, Martín Sellés, recordó que en “España invertimos en la sanidad pública el 6% del PIB, cuando la media europea está en el 7%, y que en nuestro país en 2010 dedicábamos a sanidad pública el 6,5% del PIB, cinco décimas más que ahora”. El número de personas mayores de 65 años en nuestro país ha crecido en lo que llevamos de década un 12%, que el gasto en pensiones es un 34% mayor que en 2010 y que en ese periodo el PIB ha aumentado un 12%, el gasto sanitario sólo se ha incrementado en ese periodo en un 3%, y el gasto farmacéutico público en un 2%, “porcentajes que se antojan muy escasos si además tenemos en cuenta que en ese periodo el número de personas que en España siguen tratamiento farmacológico diario ha aumentado más del 30%; hay ya 25 millones de crónicos”.

En el último cuarto de siglo, las muertes por cáncer se han reducido un 20%; en lo que va de siglo los fallecimientos por patologías cardiovasculares han caído casi un 40%; las terapias biológicas han cambiado el curso de las enfermedades reumáticas y autoinmunes; patologías como el sida han dejado de ser mortales, y otras incurables, como la hepatitis C, tienen ya cura. “Y esto es sólo el principio del gran cambio que estamos viviendo –indicó Sellés–, ya que de la mano de la genómica y de la proteogenómica funcional, e incorporando los avances en la digitalización y el uso del big data, nos hallamos ante un gigantesco paso adelante, con tratamientos específicos para pacientes concretos”.

La oportunidad histórica de la I+D

La investigación clínica es cada vez más abierta, colaborativa e internacional, y numerosos países compiten por captar las inversiones de la industria farmacéutica en I+D, que a escala global ascienden a más de 130.000 millones anuales. 

Sellés destaca que “estamos convencidos de que España está en condiciones de ser uno de los líderes mundiales en investigación clínica, y ello puede suponer un salto adelante en otros ámbitos de la investigación biomédica. Es fundamental que esta oportunidad esté presente en la agenda del Gobierno, y desde Farmaindustria colaboraremos al máximo para ayudar a que nuestro país la aproveche como el que más”.

España cuenta con uno de los sistemas sanitarios más sólidos y con mayor calidad del mundo. Junto con la alta cualificación de sus profesionales, la existencia de centros sanitarios del máximo nivel y otros factores, como un marco legal garantista y cada vez más orientado al paciente, el modelo español tiene otra gran virtud: una prestación farmacéutica de gran calidad que es, además, de las más completas a escala internacional.

Los datos disponibles hasta el momento revelan que, gracias al trabajo conjunto de todos los agentes implicados (administraciones, gestores sanitarios, industria farmacéutica, profesionales, etcétera), España ha logrado consolidar el “círculo virtuoso” que permite compatibilizar la llegada de las innovaciones con la sostenibilidad futura del sistema sanitario.

En España, la cuota de medicamentos con menos de diez años de comercialización no llega a representar el 30% de las ventas totales de fármacos, y esta proporción se ha mantenido estable en los últimos años –incluso con una leve tendencia a la baja entre 2013 y 2018– a pesar de que no han dejado de incorporarse innovaciones en todo este período.

El acceso de los pacientes a los medicamentos no sólo es perfectamente compatible con la sostenibilidad del sistema sanitario, sino que los fármacos son uno de los elementos clave para asegurar, de cara al futuro, la solidez y calidad asistencial de una sanidad que, en el caso de España, constituye uno de los patrimonios más importantes de la sociedad.

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