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Los motivos por los que la Cumbre del Clima se celebra en Madrid

La ministra de Medio Ambiente chilena reconoce la falta de preparación de su país para acoger el evento

28 DE noviembre DE 2019. 07:35H Mario Talavera

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Justo a la salida de un desayuno informativo en el Hotel Palace de Madrid, con la participación de Carolina Schmidt, ministra chilena de Medio Ambiente, una decena de sus compatriotas la esperan con una pancarta para gritarle: "Mientras tú desayunas, Carolina, en Chile se asesina".

Para saber el motivo de estos cánticos, hay que remontarse un año en el calendario. Jair Bolsonaro, representante de lo que algunos conocen como ultraconservadurismo, asciende al poder en Brasil. Este país preveía acoger la Cumbre del Clima en 2019. No obstante, el escepticismo del recién nombrado presidente con respecto al cambio climático le llevan a rechazar la organización del evento.

Así fue como Chile entró en escena. Desde comienzos del milenio, la tasa de pobreza en el país andino descendió desde el 31% hasta el 6,4% actual, mientras que los ingresos per cápita crecieron al mayor ritmo de todo el subcontinente latinoamericano. Esto lleva a Chile a representar un "modelo de éxito internacional", en palabras de Schmidt.

Así, dada la afectación del país por las consecuencias del cambio climático, la cumbre representa una oportunidad de liderar la transición ecológica para Chile, además de mostrar la renovada capacidad del país andino. No obstante, las luces del desarrollo de la sociedad chilena no logran ocultar todas las sombras.

"El modelo de éxito no llegó por igual a todos los chilenos", avanza Schmidt: "No fue suficientemente compartido ni distribuido". Por ello, una situación social convulsa acabó convirtiéndose en ingobernable cuando se anunció una subida del precio de los billetes de transporte: "La gota que colmó el vaso", reconoce la ministra chilena.

Por ello fue que el pasado 18 de octubre se iniciaron unas protestas que en su mayoría fueron pacíficas, aunque también daban cabida a "una minoría violenta con mucha visibilidad". La respuesta del estado chileno fue tal que Schmidt ha pedido disculpas y ha reconocido que se han "cometido errores".

"No estábamos preparados" para afrontar los disturbios, dice la ministra. Las cifras oficiales hablan de 22 muertos durante las protestas, que también dejan un saldo de destrucción considerable. De las 136 estaciones de metro de Santiago de Chile, 118 "fueron violentadas", aclaró Schmidt, lo que en el conjunto de la economía se traduce en pérdidas para los negocios del país de 300 mil empleos.

En todo caso, tanto las protestas como la reacción reclamaron la atención de los organismos internacionales. Las Naciones Unidas han reprendido al gobierno chileno por su respuesta que, según la ministra de Medio Ambiente, será investigada y castigada con todo el peso de la ley. Reconoció "situaciones de excesos" que, por otra parte, han hecho aprender la lección al ejecutivo chileno.

Así, como reconoce Schmidt, "la credibilidad de las fuerzas de seguridad se ha dañado", lo que tratará de resolverse con un pacto amplio que cubre el 95% de las fuerzas políticas. El objetivo es el de redactar "una constitución del siglo XXI". Mientras tanto, España ha salido al paso de la situación para proponer una alternativa en medio de las dificultades que se suceden en Chile. "Convertiremos el problema en una oportunidad, como hemos hecho siempre los chilenos", concluyó Schmidt en un emocionado discurso.

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