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El envejecimiento de España, un crecimiento desigual

15 DE mayo DE 2018. 09:00H Dirigentes

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Europa envejece. España espera un crecimiento negativo durante al menos otros 50 años, según el Instituto Nacional de Estadística. El cambio demográfico supone también un cambio en la forma de estructurar las pensiones. Las aseguradoras españolas apuestan por una renta vitalicia como una vía para abordar el envejecimiento del país y garantizar una pensión adecuada a un modelo en el que los pensionistas son mayoría frente a unos cotizantes que tienen dificultades para acceder al mercado laboral y conseguir un contrato indefinido en los primeros años de empleo. El cambio de tendencia en la estructura poblacional se hizo patente en 2015, primera vez en la que el saldo de nacimientos menos defunciones salía negativo, un descenso de 2.753 personas que ha seguido la tendencia. En 2017 el número de nacimientos se redujo un 6,3% en el primer semestre de 2017, mientras que el de defunciones aumentó un 4,5%, según cifras oficiales. Se espera que para 2020 el resultado sea de 60.000 personas menos y la tendencia de decrecimiento se prolongue al menos medio siglo. EL ENVEJECIMIENTO DISPARA EL RIESGO DE POBREZA Las generaciones más jóvenes tendrán que enfrentarse desigualdades mayores cuando se retiren que los jubilados actuales. Para los nacidos a partir de los 60, la experiencia de la vejez cambiará profundamente. Es más, algunos grupos tendrán que hacer frente a un alto riesgo de pobreza por la caída de familias numerosas, la desigualdad laboral y las reformas que recortan las pensiones, de acuerdo con un nuevo informe de la OCDE. El informe de prevención de la desigualdad durante el envejecimiento revela que en 1980 tan solo había 20 personas mayores de 65 por cada 100 trabajadores de media en los países de la OCDE. En 2015, la cifra subió a 28 y para 2050 se espera que se doble hasta alcanzar los 53. Se prevé que para mitad de siglo haya 75,5 jubilados por cada 100 trabajadores en España, más del doble que en la actualidad y una cifra solo inferior a la de Japón. La mayoría de países, tanto de la OCDE como otros en vías de desarrollo, están envejeciendo de forma mucho más rápida. Al mismo tiempo, las desigualdades no han parado de crecer de una generación a otra. Estas son mucho más acusadas entre las personas que comienzan su vida laboral que entre los que hoy son mayores. VIVIREMOS Y TRABAJAREMOS MÁS TIEMPO Los próximos jubilados se encontrarán con una situación muy distinta: la gente vivirá más, pero muchos habrán estado sin empleo en algún punto de su vida, habrán tenido ingresos bajos, mientras que otros habrán disfrutado de un camino de calidad  más estable. Las desigualdades en educación, salud, empleo e ingresos empiezan a fraguarse a edad temprana, según el informe. Un hombre de 25 años con educación universitaria tiene una esperanza de vida de casi ocho años más que su compañero con una educación más baja, de media entre todos los países; mientras que, para las mujeres, la diferencia es de 4,6 años. Las personas con mala salud trabajan menos y ganan menos. A lo largo de la vida profesional, los malos hábitos de salud reducen las ganancias de las personas con una menor educación en un 33%, mientras que a las personas que estudiaron una carrera les afecta en un 17%. Los trabajadores con ingresos bajos tienden a una esperanza de vida menor que los de altos ingresos y reduce ampliamente su pensión. Elevar la edad de jubilación tiende a aumentar esta brecha, pero el impacto es pequeño. La desigualdad de género en la vejez, no obstante, se mantiene: el pago anual de las pensiones para jubilados es un 27% menor para las mujeres y la pobreza en la vejez es más común entre mujeres que entre hombres. La desigualdad en la vejez es más acusada en economías emergentes y muchas, incluyendo Brasil, China, India se enfrentan a un envejecimiento más rápido en un estado de desarrollo relativamente temprano, tienen una desigualdad de salud mayor con respecto a los países de la OCDE y una red social de seguridad menos efectiva. TRES ENFOQUES DE LA OCDE Para abordar estos asuntos, la OCDE insiste en que los países deberían tener un enfoque vital en tres áreas: Prevenir la desigualdad antes de que se acumulen a lo largo del tiempo. Implementar medidas que incluyan un cuidado de los niños y una educación temprana de buena calidad para ayudar a los desfavorecidos a incorporarse al mercado laboral a la vez que aumentar el gasto sanitario de prevención enfocado a los grupos de riesgo. Mitigar las desigualdades arraigadas. Los servicios de salud deberían desplazarse hacia un enfoque centrado en el paciente con un servicio de empleo que aumente los esfuerzos para encontrar empleo para los parados, así como quitar barreras que impide mantener y emplear trabajadores mayores. Lidiar con las desigualdades en la vejez. Las reformas del sistema de pensiones no pueden eliminar las desigualdades entre los jubilados, pero sí pueden reducirlas. Las pensiones de primer nivel y bien diseñadas pueden limitar el impacto de las diferencias socioeconómicas en la esperanza de vida. Algunos países tienen problemas para adecuar las pensiones a diferentes grupos, especialmente las mujeres. Hacer del cuidado del hogar algo más asequible y proveer de un mejor apoyo para los cuidadores informales también podría ayudar a reducir las desigualdades en el largo plazo.
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