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Coronavirus en China, una larga batalla todavía

Otros países, como España e Italia, han recibido asesoramiento chino con el objetivo de poner fin a esta pandemia. Sin embargo, el mal solamente se erradicará con una vacuna. Mientras, el daño económico podría acabar siendo peor, según los expertos consultados por DIRIGENTES.

18 DE mayo DE 2020. 08:24H Alberto Lebrón (China)

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China ha hecho todo lo posible, tras una detección tardía del virus, por “estirar” la curva de los contagios. Es decir, aún asumiendo un número terriblemente alto de infectados, mientras los científicos desarrollan una vacuna, su primer objetivo ha sido contener el desbordamiento del sistema sanitario. Otros países, como España o Italia, también se han visto forzados a tomar medidas extremas para conseguirlo. Pero el coste, tanto en vidas humanas como económico-social, va a ser elevado. Las exportaciones chinas de enero-febrero se hundieron un 18%. Las ventas minoristas lo han hecho todavía más: un 20,5%. El paro ha repuntado más de dos puntos porcentuales en estas semanas (6,2%). Y el PIB del primer trimestre, a falta de los datos definitivos, podría desacelerarse hasta niveles mínimos históricos. Muchos analistas, incluso, sitúan esta cifra alrededor del 2%.

Las cadenas globales de valor, desde donde se mueven dos terceras partes del comercio mundial, están sufriendo bastantes dificultades en China. En 1995, la aportación del valor añadido estadounidense al sector exportador internacional era once veces el chino. Veinte años después, en 2019, suma un escaso 16%. Este hecho refleja la enorme relevancia del sector manufacturero chino en el sistema económico internacional. El gigante asiático ha entrado a competir en la fabricación de bienes intermedios, directamente, con EEUU. Pero este nuevo coronavirus, como señaló hace semanas el secretario de comercio estadounidense, Wilbur Ross, introducirá distorsiones. Muchas firmas multinacionales, con proveedores chinos, están comenzando a buscar suministradores alternativos. Ross, además, hizo público su deseo de que fuera en EEUU.

Pérdidas inevitables

Los efectos secundarios de esta pandemia, sobre sectores clave como turismo, consumo u ocio, amenazan con un efecto similar al de la crisis financiera internacional desatada en 2008. Según la canciller alemana, Angela Merkel, el COVID-19 “afectará al 70% de la población”. Reino Unido, por su parte, ha elevado dicha cifra hasta el 80%. Para los científicos, el virus estará entre nosotros durante varios meses más, también en China. La noticia menos mala, atendiendo a todas estas estimaciones, es: cuatro de cada cinco casos podrían acabar siendo leves o asintomáticos. Pero, solamente en China, se esperan novecientos millones de contagios durante los próximos meses. Y los fallecidos, aún extremando todas las medidas orientadas a minimizar el contacto social, también serán millones. Otras alternativas, como el cierre indefinido de la actividad económica durante meses, han sido descartadas en muchas naciones debido a su inviabilidad.

“El crecimiento chino de 2020, si se levantaran las cuarentenas extraordinarias en abril, será del 4,8%”, señalan desde UBS a DIRIGENTES. La desaceleración económica, debido a sus efectos sociales, es otra dificultad añadida al COVID-19. Muchas pymes no están resistiendo las medidas extraordinarias contra el virus. La mano de obra informal, desde conductores hasta asistentes domésticos, lleva meses sin cobrar. El crecimiento del consumo se va a reducir hasta casi la mitad este año (+3,4%). Y solamente una inversión masiva en infraestructuras, unos 250 mil millones de dólares este año, va a liderar la contribución al PIB. La inversión en activos fijos, entre los meses de enero-febrero, ha retrocedido un 24,5%. 

Escenarios alternativos

Evidentemente, si se comercializa una vacuna cuanto antes, todas las estimaciones escritas anteriormente se invalidarían. Y si los ciudadanos extremamos las medidas de distanciamiento social e higiene personal, también nos ahorraremos muchos contagios. “El riesgo es afectar en exceso al crecimiento económico, con motivo de esta crisis sanitaria, lo cual haría un daño añadido a toda la sociedad”, señala Huo Deming, del China Center for Economic Research, a DIRIGENTES. Ahora se han flexibilizado los contratos. Los créditos, sobre todo a las pymes, también han sido refinanciados. Se han simplificado los trámites en aduanas al único efecto de revitalizar el comercio exterior. Y los últimos recortes de la ratio sobre reservas bancarias tienen como objetivo principal garantizar una liquidez adecuada. Las inversiones en activos fijos, consecuentemente, van a contrarrestar el descenso inevitable del PIB. Pero dada la elevada deuda china, casi un 300% del PIB, los mercados van a demandar contención. “La crisis del COVID-19 tensionará las debilidades económicas de cada nación hasta límites extremos”, señalan desde UBS a DIRIGENTES.

Ahora bien, según estas mismas fuentes, si la situación se normaliza en las próximas semanas, el PIB chino del primer trimestre de 2021 volvería a crecer un 9,4%. Mientras tanto, el peor pronóstico lo ha hecho Macquire, adelantando una contracción económica en China, este primer trimestre del 6%.

Resto de Asia

Filipinas mantiene las fronteras selladas sobre una isla, Luzón, con sesenta millones de habitantes. Luzón produce, en estos momentos, el 69% del PIB filipino. Y tanto las bolsas, como la divisa, han perdido una buena parte de su valor durante estas últimas semanas. Tailandia, por otra parte, está siendo el país más castigado debido a la crisis del COVID-19. El turismo, un 20% de toda la economía tailandesa, se ha derrumbado.

La recesión, por tanto, será inevitable. Hong Kong, debido a las revueltas sociales, entró en recesión durante 2019. Y, con la crisis del coronavirus, el escenario económico allí sólo puede empeorar. En febrero, la industria turística hongkonesa ha visto desplomarse el número de visitantes un 96%. Japón, por último, ha decidido retrasar la celebración de los Juegos Olímpicos a 2021. Su economía entrará en recesión a lo largo del primer trimestre de 2020. Muchas automovilísticas niponas, radicadas o con suministradores en China, han frenado su producción drásticamente. Y el turismo procedente de China, clave para Japón, también ha descendido súbitamente. Rebajas fiscales, junto con subsidios públicos, son ahora las medidas más recurrentes en Tokio. Pero, según ING, su PIB se va a contraer al menos un 1% en 2020.

El milagro de Corea del Sur

Mientras los casos confirmados fuera de China se disparan, Corea del Sur ha conseguido revertir la tendencia, pese a estar entre las naciones con más infectados del mundo. Sin embargo, desde el pico de casi mil infectados en un solo día, la nación asiática ha conseguido reducir dicha cifra a cien. Lo ha hecho, además, sin saturar el sistema de salud (practicando unas doscientas mil pruebas, ocho veces más en comparación con España). Y esto ha sido posible gracias a las nuevas tecnologías de la información. Los ciudadanos con síntomas, primero, deben facilitar sus datos en una aplicación móvil desarrollada por la administración.

Seguidamente, son citados fuera de los centros hospitalarios para hacer una primera prueba, a la cual deben acudir en sus vehículos. Y, solamente los positivos más urgentes, acababan en el hospital. Esto, en primer lugar, ha evitado las aglomeraciones en los hospitales (foco de transmisión del virus). Y, segundo, ha permitido actuar directamente sobre un enorme porcentaje de enfermos en base a una información precisa. Los resultados, pese al creciente número de pacientes registrados en un primer momento, avalan esta estrategia. La experiencia positiva de Corea del Sur, dicho todo lo anterior, tampoco es casual.

Primero, debido a la amenaza militar desde Corea del Norte, sus reservas de material médico son mucho más abundantes. En segundo lugar, las nuevas tecnologías de la información surcoreanas suman el 10,7% del PIB. En materia de gobierno electrónico, o e-government, Corea del Sur también es líder mundial destacado. Y, además, está entre los cinco primeros países del mundo en inversión relacionada con el I+D+i. Sin duda, todas estas variables han demostrado ser tremendamente eficaces a la hora de combatir una enfermedad tan virulenta como está siendo el COVID-19.

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